Navidad triste en Argentina: Recordando “El Corralito” 24 años después

Max Herrera | 22 diciembre 2025

Argentina.- El diciembre de 2001 quedó grabado como uno de los episodios más traumáticos de la historia argentina. Justo en época de Navidad, el país se sumergió en una crisis económica, política y social sin precedentes, cuyo símbolo fue el llamado corralito, una medida que restringió el acceso de los ciudadanos a su propio dinero y detonó una cadena de hechos que aún hoy condicionan la vida económica y la relación de los argentinos con el sistema financiero.

El 1 de diciembre de 2001, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunció la limitación de los retiros bancarios a 250 pesos semanales. La decisión buscaba frenar la fuga masiva de capitales y evitar el colapso del sistema bancario, en un contexto de recesión prolongada, alto endeudamiento externo y un régimen de convertibilidad que ataba el peso al dólar uno a uno. Sin embargo, la medida generó un efecto inmediato: millones de personas quedaron virtualmente privadas de sus ahorros.

La reacción social fue rápida y contundente. Comerciantes sin efectivo para operar, jubilados sin acceso a sus pensiones y familias imposibilitadas de cubrir gastos básicos desataron un clima de desesperación. Las protestas comenzaron a multiplicarse en todo el país, con cacerolazos, cortes de calles y concentraciones masivas frente a bancos y edificios públicos.

Protestas masivas

El punto de quiebre llegó los días 19 y 20 de diciembre de 2001. Ante la escalada de protestas y saqueos, el presidente Fernando de la Rúa decretó el estado de sitio. Lejos de calmar la situación, la medida profundizó el rechazo popular. Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad dejaron un saldo trágico de 39 personas muertas. Horas después, De la Rúa presentó su renuncia y abandonó la Casa Rosada en helicóptero, una imagen que se convirtió en emblema del colapso institucional. Se recuerda que El 6 de octubre de 2000, el vicepresidente de De la Rúa, Carlos “Chacho” Álvarez, renunció a su cargo, agravando aún más la situación de inestabilidad. 

Tras la caída del gobierno, Argentina atravesó una inédita inestabilidad política, con cinco presidentes en menos de dos semanas. En enero de 2002 se abandonó la convertibilidad, el peso se devaluó bruscamente y el país declaró el default de su deuda externa, el mayor de la historia hasta ese momento. La pobreza superó el 50 % de la población y el desempleo alcanzó niveles críticos.

Impacto duradero en la economía y la sociedad

Aunque el corralito fue desmantelado gradualmente, sus consecuencias se extendieron por años. La pérdida de ahorros, la pesificación forzada de depósitos y la devaluación destruyeron el patrimonio de amplios sectores de la clase media. Muchas pequeñas y medianas empresas quebraron, mientras miles de argentinos emigraron en busca de estabilidad económica.

Pero el impacto más profundo fue la ruptura de la confianza. Desde 2001, una parte significativa de la población mantiene una relación distante y desconfiada con los bancos. El ahorro en dólares fuera del sistema financiero, la preferencia por el efectivo y el temor recurrente a nuevas restricciones son comportamientos que se consolidaron tras aquella crisis.

En el plano político, el colapso de 2001 marcó un antes y un después. La consigna “que se vayan todos” reflejó el rechazo generalizado a la dirigencia tradicional y abrió paso a un ciclo de reconfiguración del poder, con cambios en los modelos económicos y en el rol del Estado. Muchas de las discusiones actuales sobre gasto público, deuda, inflación y control cambiario tienen su raíz en las lecciones —y heridas— de aquella crisis.

5 presidentes en menos de 2 semanas y llegada del "kirchnerismo"

Fernando de la Rúa (1999–2001)

El gobierno de Fernando de la Rúa enfrentó el tramo final de una recesión que se extendía desde 1998, agravada por el alto endeudamiento, el déficit fiscal y la rigidez del régimen de convertibilidad que equiparaba el peso al dólar. En un intento por evitar el colapso del sistema financiero, su administración —a través del ministro Domingo Cavallo— impuso el “corralito”. La medida desató un profundo malestar social que derivó en protestas masivas, cacerolazos, saqueos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El 19 y 20 de diciembre de 2001, tras declarar el estado de sitio y en medio de una represión que dejó decenas de muertos, De la Rúa renunció y abandonó la Casa Rosada en helicóptero, simbolizando el derrumbe político y económico del país.

Ramón Puerta (diciembre de 2001)

Tras la renuncia de De la Rúa, el entonces presidente provisional del Senado, Ramón Puerta, asumió la presidencia de manera interina durante apenas 48 horas. Su gestión se desarrolló en un contexto de absoluto vacío de poder, con el país paralizado. Puerta no tomó decisiones estructurales, limitándose a garantizar la continuidad institucional mínima y a convocar al Congreso para definir una salida política urgente.

Adolfo Rodríguez Saá (diciembre de 2001)

Designado por la Asamblea Legislativa, Adolfo Rodríguez Saá asumió la presidencia con la misión de estabilizar el país y devolver gobernabilidad. Durante su breve mandato anunció el default de la deuda externa, una decisión histórica que fue celebrada en el Congreso, pero que generó incertidumbre en los mercados y tensiones políticas internas. Su gobierno no logró implementar un plan económico integral. A solo siete días de asumir, Rodríguez Saá renunció en medio del aislamiento político.

Eduardo Camaño (enero de 2002)

Tras la renuncia de Rodríguez Saá, Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados, asumió de forma transitoria la presidencia. En un país aún convulsionado, Camaño se concentró en facilitar el diálogo político y garantizar el funcionamiento del Congreso, que debía elegir a un nuevo presidente con mayor respaldo. Su rol fue esencial para evitar un quiebre democrático y preparar el terreno para una transición más estable.

Eduardo Duhalde (2002–2003): el presidente que cerró el corralito

Eduardo Duhalde asumió la presidencia el 2 de enero de 2002, designado por la Asamblea Legislativa en medio del colapso económico e institucional. Su gobierno puso fin a la convertibilidad que ataba el peso al dólar y desmanteló gradualmente el corralito, restableciendo el acceso al dinero de los ahorristas. Duhalde decidió adelantar las elecciones presidenciales tras varias crisis, dejando el poder el 25 de mayo de 2003, entregando el mando de manera constitucional.

Néstor Kirchner (2003–2007): la reconstrucción tras la crisis de 2001

Néstor Kirchner llegó a la presidencia como resultado directo del llamado electoral anticipado de Eduardo Duhalde, en un país aún atravesado por las consecuencias del corralito y el colapso político de 2001. En las elecciones de abril de 2003, con el peronismo fragmentado y una ciudadanía desconfiada de la dirigencia tradicional, Kirchner obtuvo apenas 22 % de los votos, quedando segundo detrás de Carlos Menem. Sin embargo, la renuncia de Menem a competir en el balotaje lo convirtió en presidente electo y asumió el 25 de mayo de 2003 con una legitimidad inicial limitada, marcada por el rechazo social a los viejos liderazgos surgidos tras la crisis.

Ya en el poder, Kirchner capitalizó el escenario heredado del corralito para reconstruir la autoridad del Estado y diferenciarse del sistema que había colapsado. Se apoyó en la recuperación económica posterior a la devaluación de 2002, impulsó una fuerte intervención estatal y avanzó en la renegociación de la deuda externa en 2005, con una quita significativa. Su gobierno logró transformar una presidencia nacida con bajo respaldo electoral en un liderazgo central, cerrando el ciclo de inestabilidad abierto en 2001 y marcando el inicio de una nueva etapa política en Argentina.

Efectos hasta la actualidad

Más de dos décadas después, el recuerdo del corralito sigue presente en el debate público de ese país. Cada vez que Argentina enfrenta tensiones financieras, inflación elevada o presión sobre el tipo de cambio, el fantasma de 2001 reaparece en la conversación social y mediática, especialmente ahora, en plena época navideña.