Lo bueno y lo malo de las marcas blancas de los supermercados

Max Herrera | 25 noviembre 2025

A todos nos gusta ahorrarnos los “chelitos”, eso es innegable; no hace falta ser una doñita para entenderlo… En RD economizar se ha convertido casi en un deporte nacional: uno compara, calcula, revisa etiquetas y hasta hace malabares mentales para justificar qué “resuelve” y qué no. Y es justo en ese afán que las marcas blancas se han convertido en protagonistas silenciosas de los anaqueles de los hogares dominicanos, de todos los estratos sociales.

Un supermercado mayoritario de renombre fue el que hizo común esta modalidad, ofertando productos económicos de su fabricación y luego, como dominós cayendo, la fiebre se apoderó de las demás franquicias competidoras nacionales. Con el tiempo, la cantidad y variedad de productos ha aumentado, pero la calidad no siempre ha seguido el mismo ritmo, manteniéndose fluctuante. Lo irónico del asunto es que estas marcas "propias" han logrado hacer sudar a las grandes marcas, esas que durante años cobraban como si vendieran “oro puro”.

Hay que aclarar que las marcas blancas representan un componente saludable del mercado moderno. El verdadero punto de preocupación está en lo que ocurre tras bambalinas. En los últimos tiempos, muchos consumidores y observadores internacionales han señalado un patrón alarmante en el país: productos sin registro sanitario, con el eterno “en proceso” o sin una información nutricional exacta. Hablamos de alimentos, bebidas, embutidos y otros insumos que deberían someterse a controles estrictos antes de llegar a las góndolas y que nos llevan a preguntarnos ¿qué rayos estamos llevando a nuestras mesas?

El registro sanitario no es un capricho "extra"; representa la garantía mínima de que lo que ingerimos cumple estándares razonables de calidad y salubridad. Prescindir de él, o postergarlo indefinidamente, es pedirle al consumidor que cierre los ojos y confíe ciegamente. Y aunque algunos supermercados puedan tener buenas intenciones, confiar no es un mecanismo de protección. La responsabilidad de verificar, certificar y plasmar según especifica la ley, la inocuidad de los productos recae sobre quienes los fabrican, importan y comercializan, no sobre quienes los compran.

De repente, pasamos de tener tres presentaciones del mismo producto, a tener hasta diez: cinco de marcas reconocidas y cinco con el apellido del supermercado. Y claro, uno se emociona, porque mientras más opciones, más oportunidad de ahorrar. Pero a veces lo que llega al carrito es una ruleta rusa disfrazada de etiqueta económica: hoy te sale bueno, mañana… quién sabe, sin agregar que estos productos eventualmente se encarecen hasta igualar los productos "originales".