Las Terrenas: La Capital de la Debacle

ElAvance | 07 abril 2026

Gabriel López.

En la República Dominicana, Semana Santa se ha convertido en un ritual secular que refleja la posición del corazón de los ciudadanos del país “con la Biblia en el escudo”: un comportamiento que demuestra que somos otra nación más que abraza el postcristianismo occidental por encima de dichos valores que construyeron la sociedad moderna de hoy.

Este ritual prioriza la vagancia, el despilfarro, la arrogancia de la apariencia, el egoísmo y el libertinaje disfrazado de descanso, tiempo en familia, quietud y “reflexión”, justificado con que “Dios conoce los corazones”.

El ritual se ha actualizado en los últimos años. De hecho, existe un nuevo lugar de culto: Las Terrenas. Este paraíso costero de nuestro país se ha convertido en el centro focal del esparcimiento de la juventud dominicana, impulsado por conciertos, playas hermosas, villas vacacionales y un espíritu globalizado de Spring Break que impregna el ambiente.

El problema está en sus manifestaciones intrínsecas: música urbana, alcoholización, accidentes, tigueraje, promiscuidad, desorden y falta de educación, valores, moral y sentido común integral. Quizás los habitantes de esta localidad y dueños de negocios solo se enfoquen en el beneficio de ingresos a corto plazo que reciben a causa de la temporada, pero los ojos de la ciudadanía están sobre Las Terrenas negativamente.

El dominicano es clasista. Se regodea de la separación de aquellos círculos que considera inferiores al suyo basados en educación, tranquilidad personal y comunitaria, comodidad, garbo, buenas costumbres y poder adquisitivo. Si somos crudos y francos: el ciudadano clase media tradicional desea, aspira y se enfoca en alejarse del barrio y de todo lo relacionado con expresiones populares que atenten contra su tranquilidad y sentido de identidad. Y todo lo que vimos esta semana que pasó afianza esta mentalidad que sigue creando discriminación y obstáculos de crecimiento tanto económico, social como personal.

Las Terrenas es la nueva capital de la separación de clases de la República Dominicana, y lo demuestra durante toda una semana, convirtiéndose en la confluencia de la debacle de una generación moldeada por lo digital, las tendencias, la música y por su propia sabiduría. La sociedad demanda un regreso radical a valores fundamentales como familia, trabajo, dignidad, honor y pudor, pero la juventud prefiere validar un futuro incierto con sus decisiones. Estas muestran la realidad. Semana Santa sigue desnudando la cruda verdad que arropa el sentimiento nacional: sin raíces no hay fruto del cual podamos beneficiarnos como comunidad. Nuestra “dominicanidad” y cultura están rotas y no podemos culpar al gobierno por lo que está pasando.

Hemos perdido un centro turístico lleno de hermosura y potencial, para darle cabida al deterioro, la obscenidad, el morbo y el hedonismo. Un grupo culpará a Alofoke. Otro grupo enarbolará el 4%. Otros señalarán el impacto de la música urbana, mientras otro grupito culpará a la falta del currículum de Moral y Cívica.

¿Podremos ver en cada uno de nosotros el responsable de esta debacle?