La ruta dominicana hacia Hambre Cero

ElAvance | 21 julio 2026

Por Gloria Reyes

Hay noticias que celebramos por un día. Y hay otras que nos invitan a mirar hacia atrás para comprender el camino recorrido.

El anuncio de que la República Dominicana ha salido del mapa mundial del hambre pertenece a esta segunda categoría. No es solo una buena noticia para las estadísticas. Es una conquista nacional construida durante años y consolidada bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader, quien colocó la reducción del hambre y la pobreza entre las prioridades de su Gobierno.

Detrás de este resultado hay una decisión de país: comprender que combatir el hambre exige articular crecimiento económico, producción agropecuaria, protección social, nutrición, educación, empleo y desarrollo territorial.

También exige reconocer que las mujeres han sido protagonistas de esta historia. En los hogares, el campo, los mercados y las comunidades, sostienen buena parte de la alimentación familiar, lideran emprendimientos, trabajan la tierra y organizan redes comunitarias, aun frente a desigualdades que limitan sus oportunidades.

Tuve el privilegio de formar parte de ese recorrido desde la Dirección General de Supérate. Esa experiencia me dejó una convicción: el hambre no se combate únicamente distribuyendo alimentos. Se combate ampliando capacidades, protegiendo a las familias en los momentos más difíciles y creando oportunidades para que construyan su propio desarrollo.

El gran desafío de la protección social era dejar de limitarse a aliviar necesidades y convertirse en una plataforma para el desarrollo. Eso significó fortalecer las transferencias monetarias para garantizar la seguridad alimentaria, pero también impulsar la inclusión económica, el empleo, el emprendimiento, la educación financiera, la agricultura familiar y la respuesta frente a las emergencias.

Significó, además, reconocer que las mujeres más de la mitad de las personas beneficiarias y sostén de buena parte de los hogares participantes no podían ser vistas únicamente como receptoras de ayuda. Debían ser reconocidas como productoras, emprendedoras, cuidadoras, lideresas comunitarias y actoras fundamentales del desarrollo.

La reducción de la subalimentación es el resultado de un recorrido que comenzó a consolidarse desde 2012 y permitió articular políticas de protección social, producción agropecuaria, alimentación escolar y seguridad alimentaria. En 2016, la Ley núm. 589-16 fortaleció ese camino mediante la creación del Sistema Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Desde agosto de 2020, bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader, ese proceso recibió un impulso decisivo. Hambre Cero fue asumida como una meta prioritaria y se fortalecieron simultáneamente la producción nacional de alimentos, los ingresos familiares y la red de protección social.

En estos seis años se duplicaron la cobertura y el monto de Aliméntate, que hoy alcanza cerca de un millón y medio de hogares; se fortaleció el Programa de Alimentación Escolar, que beneficia diariamente a más de dos millones de estudiantes; y se amplió la red de Comedores Económicos de 35 a 134 centros.

También aumentó el financiamiento agropecuario a tasa cero; se invirtió en infraestructura, mecanización y tecnificación del riego; y se entregaron 167,000 títulos de propiedad, principalmente en zonas rurales. A ello se sumaron las compras públicas a productores locales, mujeres y mipymes, además de mercados de productores y bodegas móviles para acercar alimentos frescos a las comunidades.

La actualización de la Hoja de Balance de Alimentos, elaborada por la Oficina Nacional de Estadística con acompañamiento de la FAO después de más de cinco décadas, fortaleció la capacidad del país para orientar y evaluar sus políticas. No fueron acciones aisladas, sino una estrategia que vinculó producción, ingresos, protección social y acceso a una alimentación suficiente y de calidad.

Ese conjunto de decisiones permitió que la República Dominicana alcanzara una prevalencia de subalimentación inferior al 2.5 % y saliera del mapa mundial del hambre.

Pero las cifras no cuentan toda la historia. Este resultado expresa la decisión de proteger a quienes más lo necesitaban y demuestra que los logros sostenibles se alcanzan cuando las políticas públicas responden a las necesidades reales de las personas.

Uno de los principales aprendizajes fue comprender que la política social también debía producir oportunidades. Por eso impulsamos la agricultura familiar para garantizar alimentos, generar ingresos, fortalecer las economías rurales y reconocer a productores y productoras como protagonistas del desarrollo.

Las mujeres rurales ocuparon un lugar central. Su conocimiento, organización y vínculo con el territorio demostraron que no puede hablarse de seguridad alimentaria sin hablar también de autonomía económica, acceso a recursos, mercados, formación y oportunidades.

También aprendimos que los avances pueden perderse cuando una emergencia golpea a las familias y que, en esos momentos, las mujeres suelen asumir la mayor carga de cuidados y sostenimiento del hogar. Por eso fortalecimos una protección social adaptativa, capaz de responder con rapidez y evitar que una crisis empujara nuevamente a los hogares hacia la pobreza y el hambre.

Compartimos esta experiencia en Brasil y en el Foro Mundial de la Alimentación de la FAO, en Roma. Allí confirmé que el interés por el modelo dominicano no radicaba solo en sus resultados, sino en la integración de protección social, inclusión económica, agricultura familiar y resiliencia dentro de una misma estrategia.

A comienzos de este siglo, Brasil se convirtió en el gran referente internacional de Hambre Cero. Hoy, la República Dominicana ocupa un lugar propio en esa conversación global. Ya no se puede hablar de Hambre Cero sin mirar lo que nuestro país ha construido: una experiencia basada en la continuidad de las políticas públicas, la articulación institucional, la protección de los ingresos y el reconocimiento de las familias como protagonistas de su desarrollo.

Ese logro debe llenarnos de orgullo, pero también de responsabilidad.

Salir del mapa mundial del hambre no significa que la tarea haya concluido. Debemos garantizar alimentos nutritivos y saludables, fortalecer la agricultura familiar, ampliar los sistemas de cuidados, impulsar la autonomía económica de las mujeres, aumentar la resiliencia climática y continuar construyendo un sistema de protección social que acompañe a las personas durante todo su ciclo de vida.

La CEPAL ha reconocido la evolución de la República Dominicana hacia un sistema de protección social más integral e intersectorial, capaz de articular la protección de los ingresos con la inclusión económica, el desarrollo humano y la respuesta frente a las crisis. Ese reconocimiento confirma el camino recorrido y recuerda que los avances más importantes son aquellos que logran sostenerse y convertirse en políticas de Estado.

Celebrar esta conquista implica reconocer el liderazgo del presidente Luis Abinader y la decisión de su Gobierno de convertir Hambre Cero en una prioridad nacional; el compromiso de las instituciones públicas; el acompañamiento de la FAO y otros organismos internacionales; el trabajo de nuestros productores y productoras; y, sobre todo, el esfuerzo de millones de familias dominicanas.

Porque la política social alcanza su verdadero propósito cuando deja de limitarse a aliviar necesidades y comienza a ampliar las capacidades de las personas para construir su propio futuro.

En los años 2000, Brasil mostró al mundo que Hambre Cero era posible. Hoy, la República Dominicana demuestra que esa aspiración puede convertirse en una realidad caribeña, sostenible y profundamente humana.

Que ese sea uno de los mayores legados de esta generación: haber demostrado que, cuando un país coloca a las personas en el centro, el hambre deja de ser un destino para convertirse en un desafío que puede superarse. Que ninguna familia tenga que elegir entre alimentarse y salir adelante; que ninguna mujer vea limitado su futuro por la pobreza; y que las oportunidades que hoy construimos sean un legado de dignidad y esperanza para las generaciones que vendrán.