¿La esclavitud desapareció o se adaptó?

Max Herrera | 10 junio 2026

El dominicano promedio está en un círculo vicioso. Se levanta temprano, trabaja ocho, diez o hasta más horas, paga la luz, el internet, el préstamo, la tarjeta y, cuando por fin cobra, descubre que el dinero ya tenía dueño antes de llegar a su cuenta. Nos gusta pensar que somos libres, pero es complicado cuando la quincena "anda en rebeldía" y se vive escapando de la casa.

El ciudadano de a pie trabaja para pagar cuentas, toma préstamos para cubrir sus necesidades básicas, se da un vejigazo los fines de semana para "botar el golpe" y vuelve a trabajar para saldar las deudas nuevas… Tiene más libertades que un esclavo de siglos atrás, pero cada vez menos tiempo para disfrutar de ellas, pero esto no es un caso aislado de nuestra media isla, en toda honestidad, es una incómoda realidad global.

Luego están los millones de trabajadores que enfrentan su propio “Niágara en bicicleta” cada día. Desde empleados de call centers sometidos a metas asfixiantes y horarios agotadores, hasta obreros en fábricas asiáticas que producen para las marcas más famosas del mundo por salarios que apenas alcanzan para subsistir, muchas veces siendo menores de edad; desde el que está en la torre más lujos de Nueva York hasta el que "echa pa´lante" en el barrio más marginal, donde trabajan dos y hasta tres empleos mientras cohabitan con otras familias bajo un mismo techo y una misma cama, para poder llegar a fin de mes.

En República Dominicana tampoco vivimos en una burbuja. Existen miles de personas que aceptan jornadas agotadoras porque la alternativa es peor: no tener empleo. En algunos sectores, desde zonas francas hasta lujosas cadenas hoteleras, la meta del día parece ser convencer al empleado de que el café sustituye el descanso y que el estrés es parte del paquete de beneficios.