La consulta y el plan que reactivaron la polarización entre el Gobierno de Abinader y Danilo Medina

ElAvance | 20 abril 2026

Carlos Tomas del Pozo.
Comunicador y analista político.

La consulta del Gobierno con la oposición activó una confrontación entre Danilo y sus funcionarios que no se replicó frente a Leonel, dejando al descubierto nuevamente quela polarización entre PRM y PLD sigue intacta.

Lo que se produjo entre el Gobierno de Luis Abinader y Danilo Medina, no fue una discusión cualquiera, hubo intercambios de estrategias, pero también hubo cálculo político. Danilo, movió la conversación hacia el pasado, donde se siente más cómodo, mientras que, desde el Gobierno, se evitó quedar atado a un presente definido por un plan escrito en piedra, una decisión que, más que una omisión, parece responder a un cálculo político.

El debate se ha ido por el lado equivocado, se habló de que, si hay o no plan, pero ese no es el punto; el punto es cómo el Gobierno conseguirá los recursos que necesita, sinprovocar una crispación social que termine complicándole lo que le queda a este período y una probable continuidad en el Poder y, al mismo tiempo no darle a la oposición municiones suficientes que terminen convirtiéndola en argumentos políticos demoledores en su contra.

Porque en política no basta con gobernar, también hay que administrar las consecuencias de cada decisión.

Un plan escrito fija posición, amarra, reduce margen, y en un contexto como este puede volverse en contra, por eso no todo lo que parece indefinición lo es, a veces es lo contrario, una forma de proteger capacidad de maniobra en medio de la incertidumbre, sobre todo cuando el entorno económico internacional introduce variables que no siempre están bajo control.

La consulta y la forma en que se manejó, reactivaron una polarización que muchos daban por anestesiada, pero que en realidad nunca entró al quirófano. Entre el PRM y el PLD hay una energía sísmica acumulada que este episodio volvió a encender, y eso explica por qué el tono subió con tanta rapidez.

La reacción frente a Danilo fue inmediata, el nivel de confrontación escaló, se activaron vocerías, se multiplicaron las respuestas, mientras que, con Leonel Fernández, no ocurrió lo mismo, a pesar de que sus conclusiones no eran sustancialmente distintas, lo que revela que no todos los actores activan las mismas tensiones ni provocan los mismos reflejos dentro del sistema político.

En este caso, aunque el presidente no entró directamente en el intercambio, el nivel de confrontación con funcionarios del Gobierno fue mayor que el observado frente a Leonel, lo que deja ver con claridad dónde están las líneas de fricción más profundas, y cómo ciertos liderazgos siguen teniendo la capacidad de activar respuestas más intensas que otros.

La conversación se desplazó entonces hacia un terreno conocido, la comparación de gestiones, y cuando eso ocurre la perspectiva cambia, la gente no evalúa modelos económicos en abstracto, evalúa lo que vivió, lo que siente hoy y lo que recuerda de ayer, y en ese ejercicio el pasado casi siempre sale mejor parado, no necesariamente porque fue mejor, sino porque se recuerda distinto.

Al final, más que un plan, lo que está en juego es la capacidad de imponer una lectura sobre cómo se manejó la economía antes y cómo se está manejando ahora, y en ese terreno la política no se gana con documentos, se juega dentro del terreno de la percepción.

Aquí el problema no es si hay o no hay plan. El verdadero problema es lo que implica presentarlo en este momento, en el cual ni el Gobierno ni la oposición quieren asumir el costo político que nos traerán los necesarios ajustes.