La confianza y la política

ElAvance | 08 septiembre 2026

Una de las ciencias menos exactas y, al mismo tiempo, más controversiales es la política. En un país como el nuestro, donde pareciera que el quehacer político nos corre por las venas, existe una sensación que puede resultar sumamente peligrosa para cualquier dirigente o candidato: la confianza excesiva.

Uno de los principales enemigos de cualquier aspirante o candidato es de confiarse de la fotografía del momento. Estar arriba hoy no significa necesariamente estar arriba mañana. Como dice aquella conocida expresión popular: “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Para octubre de 2027 están pautados los procesos internos para la escogencia de los candidatos que presentarán los partidos políticos en las elecciones municipales, congresuales y presidenciales de 2028.

Partiendo de esa realidad, todavía falta mucho tiempo y pueden ocurrir muchas cosas. Quien hoy ocupa el primer lugar puede perfectamente mantenerse allí y terminar imponiéndose; pero también puede ocurrir que aquellos que vienen detrás, trabajando arduamente y construyendo sus estructuras, continúen recortando distancia y eventualmente den la sorpresa.

A lo largo de nuestra historia política tenemos ejemplos palpables de candidaturas que parecían sólidas e indetenibles y que, cuando llegó el momento de contar los votos, encontraron una realidad distinta. Por eso sostengo que la confianza puede convertirse en uno de los mayores enemigos de la política.

Podemos recordar lo ocurrido en 1996, cuando Leonel Fernández terminó derrotando al inmenso José Francisco Peña Gómez; en 1999, cuando Danilo Medina le ganó al exvicepresidente Jaime David Fernández Mirabal la candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana; las primarias del PRD de 2011, cuando el fenómeno de “Llegó Papá” llevó a Hipólito Mejía a imponerse frente a Miguel Vargas Maldonado; la victoria de Danilo Medina sobre Hipólito Mejía en 2012, cuando Hipólito llegó a llevarle más de 20 puntos de diferencia; o las primarias del PLD de 2019, cuando Leonel Fernández parecía tener una candidatura sumamente fuerte y terminó siendo derrotado por Gonzalo Castillo.

Son procesos distintos y circunstancias diferentes, pero todos dejan una enseñanza: en política ninguna ventaja debe darse por definitiva antes de contar los votos.

En estos momentos, distintas mediciones colocan candidatos punteros dentro de los principales partidos políticos. Sin embargo, sería un error asumir desde ahora que esa fotografía necesariamente será la misma que veremos cuando llegue octubre de 2027.

En el caso particular del Partido Revolucionario Moderno (PRM), David Collado aparece hoy como el aspirante con mayor posicionamiento en distintas mediciones. Tiene una ventaja importante, una valoración construida durante años y una trayectoria de gestión pública que indiscutiblemente constituye uno de sus principales activos políticos.

Pero cuando miramos hacia la otra acera encontramos una realidad que tampoco puede ser ignorada: Carolina Mejía está trabajando.

Y está trabajando a toda máquina.

La alcaldesa del Distrito Nacional ha venido recorriendo el país, fortaleciendo relaciones, articulando dirigentes y construyendo una estructura política que no parece dispuesta a esperar tranquilamente que otro candidato gane, sino que está trabajando para imponerse.

Su proyecto tiene, además, varios frentes importantes. El primero cuenta con la participación activa de un expresidente de la República como Hipólito Mejía. Y cualquiera que conozca mínimamente la política dominicana sabe lo que representa tener a un dirigente de su experiencia recorriendo el territorio y trabajando directamente en favor de un proyecto presidencial.

Un segundo frente descansa en la coordinación política y territorial de su proyecto, con dirigentes trabajando en diferentes puntos del país, procurando sumar voluntades y fortalecer estructuras.

Y existe un tercer componente que posiblemente sea el más importante: la propia Carolina Mejía. Una aspirante que puede exhibir su gestión al frente del Ayuntamiento del Distrito Nacional y que, además, tendría a su favor un elemento histórico de enorme peso simbólico: la posibilidad de convertirse en la primera mujer electa presidenta de la República Dominicana.

Ese equipo no parece estar esperando el inicio formal de una campaña. Ha comenzado a recorrer su propio camino con trabajo político, contacto directo, construcción de relaciones y presencia territorial. Es el conocido trabajo de hormiguita: tocar puertas, escuchar dirigentes, asumir compromisos políticos y recorrer el país de punta a punta.

Precisamente por eso, quien hoy encabeza las mediciones y que, si las elecciones internas fueran en este momento, partiría como favorito para ganar la candidatura presidencial del oficialismo, tiene de frente a sí el desafío de preservar y consolidar esa ventaja.

No se trata de afirmar que David Collado esté confiado, ni mucho menos de desconocer el trabajo que él y su equipo vienen realizando. Se trata de algo mucho más sencillo: en política, cuando se tiene una ventaja, hay que trabajar todavía más para conservarla.

David Collado tiene números. Tiene posicionamiento. Tiene una buena valoración y posee una importante carta de presentación en las funciones públicas que ha desempeñado. Si finalmente decide ir detrás de la candidatura presidencial, el próximo gran reto de su proyecto será convertir esa simpatía que reflejan las encuestas en organización, estructura y, llegado el momento, votos dentro de su partido.

Y ahí comienza otra política.

La política del contacto directo. La del dirigente de base. La de recorrer los municipios, distritos municipales, provincias y circunscripciones. La de sentarse no solamente con los grandes dirigentes, sino también con aquellos liderazgos locales que muchas veces no aparecen en los medios de comunicación, pero que tienen capacidad real de movilizar votos.

No basta con visitar únicamente a las grandes cabezas o a los llamados “líderes del partido”. En muchas ocasiones, un dirigente con liderazgo territorial puede sumar mucho más de lo que algunos imaginan. La política se construye arriba, en el medio y abajo.

Por eso entiendo que este es el momento para que el equipo político de David Collado intensifique todavía más su presencia en las calles, fortalezca sus estructuras y continúe acercándose a las bases y a los liderazgos locales del PRM en todo el territorio nacional. No porque esté perdiendo terreno ni porque exista razón para alarmarse, sino precisamente porque la mejor manera de conservar una ventaja política es trabajar como si esa ventaja no existiera.

Las encuestas son importantes. Sirven para medir el momento, conocer tendencias y determinar fortalezas y debilidades. Pero una encuesta no deposita un voto en una urna.

El verdadero reto de cualquier candidato que aparece puntero es lograr que esa fotografía del presente se convierta, llegado el momento, en una realidad electoral.

Todavía falta camino. Falta política. Faltan alianzas, acuerdos, recorridos, acontecimientos y decisiones que hoy nadie puede anticipar.

Por eso, de aquí a octubre de 2027 puede que falte mucho.

Pero en política, uno nunca se puede confiar.

Redaccion: Paul Maldonado