LA CIUDAD DE LA FURIA

ElAvance | 08 diciembre 2025

Gabriel López
Cristiano, creativo, docente, atleta


La República Dominicana tiene mucho que agradecerle a la República Argentina luego de 106 años de relaciones internacionales; tanto por sus aportes políticos pero sobre todo culturales a la región. El hermoso país sudamericano nos dio el vino y los asados, a Gardel y a Evita (Perón), a Maradona y a Messi, a Rebelde Way y a Floricienta; pero sobre todas las cosas, nos regaló a Soda Stereo.

Soda Stereo marcó un antes y un después en el despertar socio-cultural de toda una generación de dominicanos, quienes fueron influenciados por la prosa rebelde, auténtica y mordaz de un Gustavo Cerati genio, el cuál nos brindó canciones tan icónicas que al sol de hoy, siguen sonando en los reproductores y memorias de cientos de dominicanos que tuvimos el privilegio de ser impactados por su arte.

En ese mismo espíritu de agradecimiento, deseo pedir un préstamo intangible a nuestra nación aliada. Un préstamos inusual en su especie y espíritu. Deseo pedir prestado uno de los himnos de la antes mencionada banda y hacerlo parte de nuestra “marca ciudad”, ya que cada día los habitantes de Santo Domingo se vuelven la representación viva de una canción que refleja nuestros altos índices de estrés, indecencia, inmoralidad y desesperación para sobrevivir y ganar cada día con sus retos, limitaciones y obstáculos inherentes:

Santo Domingo es la (nueva) Ciudad de la Furia.

Verás a un capitaleño volar en la Ciudad de la Furia. Donde las autoridades no saben de nosotros y simplemente somos parte del problema. Solo en la Ciudad de la Furia, verás a dos ciudadanos iniciar una mañana con insultos, amenazas y violencia; buscando cada quién apelar al cumplimiento privilegiado de sus derechos, siendo sus egos los principales damnificados. Sólo en la Ciudad de la Furia verás a empleados de servicios maldecir el día en el que llegaron a dicha posición, cansados de lidiar con cada persona que necesita de sus servicios. Sólo en la Ciudad de la Furia, verás los instintos básicos humanos de supervivencia ser tratados como piedra de Rosetta en el trato y convivencia; es la profecía de Cristo cumplida en nuestros días: “el amor de muchos se enfriará”.

Nuestra Ciudad de la Furia crece tridimensionalmente: vertical, horizontal y transversalmente. Pero no gana profundidad. No gana peso. Ese peso que solo viene con un sentido comunitario marcado, congruente y basado en cimientos morales claros, firmes y objetivos. La Ciudad de la Furia se viste de tigueraje, y se decora con las tres leyes universales del dominicano: “dame lo mío”, “deja eso así” y “yo no soy pendejo”.

Ya existen datos estadísticos que muestran la realidad de la crisis de salud mental que arropa al capitaleño y todos conocemos los factores que impulsan a ello: la crisis vehicular, el servicio al cliente, la división cultural interna que nos separa entre “popis y wawawás”, el exceso de información que nos presiona y nos impulsa a vivir un estilo de vida que no podemos pagar, y la desidia que nos embarga al entender que al día siguiente nos toca vivir exactamente lo mismo.

¿Cómo enfrentaremos esta nueva realidad donde la violencia, la inmadurez emocional y la desconsideración son la primera orden del día? ¿Cómo enfrentaremos la realidad de que no somos ciudadanos, sino rivales ante la vida que nos aprovechamos unos de los otros para buscar nuestra comodidad, y no el bien colectivo?

Santo Domingo se ve tan susceptible… un destino de furia que se ha convertido en un caldo de cultivo de caos, ansiedad, ataques de ira y depresión.

El Estado tiene gran responsabilidad. El cumplimiento de los derechos fundamentales del ciudadano son parte de la solución: Aceras para caminar, transporte público digno, eficiente y descentralizado de las mafias que lo controlan, un ornato y sistema pluvial de primer mundo, seguridad ciudadana real y una reorganización urbanista real en nuestro Santo Domingo están ya pasado meridiano en su necesidad de implementación. Pero de nosotros también se demanda mucho más: convertirnos en esos ciudadanos dignos de una ciudad digna: esos que cumplen con recoger la basura, de cumplir las leyes de tránsito,

Así que, pueblo argentino; que tantas glorias culturales nos has regalado, te pido este favor, por un momento, hasta que el dominicano despierte y se sacuda; y vea más allá de su miseria, su frustración y sus carencias, para poder acercarse más al progreso, el crecimiento y la verdadera libertad que solo nace en nuestras almas.

Ojalá nos vean volver.