La alerta de tsunami generó preocupación el sábado en el país

Ruth Encarnacion | 10 febrero 2025

El sábado por la noche, un fuerte sismo de 7.6 grados en la escala de Richter se registró a unos 209 kilómetros de la costa de las Islas Caimán, lo que generó rápidamente una alerta de tsunami para la región del Caribe, incluida la República Dominicana.

El temblor, que se detectó poco después de las 10 de la noche, hizo que el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) activara de inmediato su protocolo para este tipo de situaciones, considerando el riesgo de un maremoto que pudiera impactar las zonas costeras del país.

El director del COE, mayor general Juan Manuel Méndez, ofreció una rueda de prensa en la que detalló las acciones tomadas, incluyendo la emisión de una alerta amarilla para toda la costa dominicana. Se instó a la población cercana a la costa a alejarse de las playas y dirigirse a lugares elevados, además de que las embarcaciones debían permanecer en puerto para evitar riesgos por las posibles fuertes corrientes oceánicas generadas por el tsunami.

El Instituto de Meteorología (Indomet) recomendó que los residentes de las zonas costeras se alejaran de la orilla y se desplazaran a áreas elevadas, a más de 20 metros de altura o al menos dos kilómetros tierra adentro. Aunque la alerta de tsunami fue desactivada menos de una hora después del sismo, la población experimentó momentos de tensión ante la posibilidad de un maremoto.

A pesar de estar ubicada en una región de alta actividad sísmica debido a la interacción de las placas tectónicas del Caribe y América del Norte, la República Dominicana solo ha experimentado un tsunami de gran magnitud en su historia. Según el Centro Nacional de Sismología (CNS) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), este evento ocurrió el 4 de agosto de 1946, cuando un terremoto de 8.1 grados de magnitud causó un tsunami devastador en la zona de Matancitas, en lo que hoy es la provincia María Trinidad Sánchez.

El desastre dejó olas de más de 9 metros de altura que avanzaron hasta dos kilómetros tierra adentro, destruyendo casi completamente la comunidad. De unas 300 viviendas de madera, solo ocho quedaron en pie. Además, los puentes fueron destruidos, dejando incomunicadas a las localidades de Cabrera, Nagua y Sánchez. Este fue el sismo más fuerte registrado en la historia sísmica instrumental de la isla Hispaniola.