La academia, el servicio público y el derecho a seguir soñando

ElAvance | 08 julio 2026

Luis Orlando Díaz Vólquez.
GuasábaraEditor.

La investidura de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón como Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo trasciende la dimensión de una distinción personal y se proyecta como un gesto institucional que convoca a repensar la relación entre universidad, Estado, modernización pública y esperanza nacional. Cuando la Primada de América reconoce una trayectoria vinculada a la gestión, la transparencia, la competitividad y el desarrollo productivo, también reafirma que el conocimiento solo alcanza plenitud cuando se pone al servicio del bien común.

La Universidad Autónoma de Santo Domingo no es un escenario cualquiera. En su memoria institucional gravita una parte esencial de la historia dominicana: la formación de profesionales, la democratización del conocimiento, la defensa de la movilidad social y la construcción de ciudadanía. Por eso, cada acto solemne celebrado en su seno adquiere una dimensión que supera el protocolo. Cuando la UASD inviste a una figura pública como Profesor Honorario, no solo entrega un diploma o una dignidad académica; también emite un mensaje sobre los valores que desea preservar, reconocer y proyectar hacia la sociedad.

La ceremonia, celebrada el martes 7 de julio de 2026 en el Salón del Consejo Universitario, colocó en el centro del debate la necesaria convergencia entre academia y servicio público, entre pensamiento y acción, entre formación intelectual y gestión del Estado. La distinción otorgada a Sanz Lovatón, actual ministro de Industria, Comercio y Mipymes, y exdirector general de Aduanas, debe entenderse como parte de una reflexión mayor sobre el papel de la educación superior en el desarrollo nacional.

La UASD, en su condición de universidad pública, tiene una misión que no puede reducirse a la enseñanza formal. Su papel histórico consiste en abrir caminos, forjar igualdad, promover pensamiento crítico y reconocer aquellas trayectorias que, desde distintos ámbitos, contribuyen al bienestar colectivo. En esa lógica, el reconocimiento adquiere sentido cuando se examina su relación con procesos concretos de modernización institucional, eficiencia administrativa, impulso logístico, fortalecimiento del comercio exterior y respaldo a iniciativas universitarias como la Autoferia UASD.

Uno de los momentos más relevantes del acto fue la afirmación del rector de la UASD, Editrudis Beltrán, quien expresó: “Ser amigo de la UASD es convertirse en aliado del progreso, de las oportunidades y del desarrollo de la República Dominicana.”Esa frase encierra una lectura profunda: la universidad pública no puede vivir encerrada en sí misma, ni el Estado puede actuar de espaldas al conocimiento. Entre ambos espacios debe existir una relación dinámica, crítica y constructiva. La academia aporta pensamiento, investigación y memoria; la gestión pública aporta capacidad de ejecución, políticas concretas y responsabilidad frente a las demandas sociales.

La trayectoria de Sanz Lovatón fue presentada como una síntesis de formación jurídica, experiencia política, sensibilidad social, vocación docente y gestión pública. Su paso por la Dirección General de Aduanas quedó asociado a hitos como el programa “Despacho en 24 horas”, los niveles históricos de recaudación y la consolidación de la República Dominicana como plataforma logística regional. Más allá de la valoración personal, esos elementos forman parte de una discusión mayor sobre la necesidad de modernizar el Estado dominicano en áreas estratégicas para la competitividad nacional.

La distinción también invita a reflexionar sobre el sentido ético del servicio público. En tiempos de desconfianza, saturación informativa y vigilancia permanente a través de las redes sociales, ejercer una función pública implica cargar con una presión constante. Pero ahí reside precisamente la prueba del servidor público: no abandonar la tarea ante el ruido, no confundir crítica con derrota, no convertir el poder en privilegio ni la responsabilidad en simple administración de cargos.

Quizás el momento más humano del discurso del nuevo Profesor Honorario fue su apelación al sueño. No al sueño entendido como ilusión vacía, sino como fuerza interior que sostiene proyectos personales y colectivos. En la UASD, esa palabra tiene un peso especial. Cada estudiante que cruza sus aulas carga una aspiración familiar, una esperanza social y una promesa de futuro. La universidad pública dominicana ha sido, durante generaciones, el espacio donde miles de jóvenes han convertido la precariedad en título, la incertidumbre en profesión y el sacrificio en movilidad social.

Al agradecer la distinción, Sanz Lovatón pronunció una frase de notable carga simbólica: “Ustedes, los profesores de esta institución son arquitectos de alma, son forjadores de sueños, son fuentes de inspiración.” Con esas palabras colocó el reconocimiento recibido en una categoría superior. Ser profesor, incluso honorario, no es únicamente portar un título; es asumir una responsabilidad intelectual y moral. La docencia implica orientar, corregir, inspirar y dejar huellas. En una época dominada por la inmediatez, reivindicar la figura del maestro resulta necesario.

El acto también estuvo cargado de símbolos. La entrega del libro Tesoros Artísticos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo conectó el reconocimiento con la memoria cultural de la institución. No fue un obsequio ornamental, sino una forma de recordar que la universidad no solo forma profesionales, sino que custodia patrimonio, sensibilidad, arte, historia y espíritu nacional. El desarrollo no puede limitarse a indicadores económicos: un país también se mide por la calidad de sus símbolos, el respeto a sus instituciones y la capacidad de enlazar eficiencia con humanidad.

Reconocer a un funcionario público desde la academia exige siempre una lectura equilibrada. La universidad no debe convertirse en extensión protocolar del poder, ni el reconocimiento académico debe ser entendido como simple validación política. Su valor reside en la solemnidad, el rigor y la responsabilidad con que se concede. La academia reconoce trayectorias, pero también compromete a quienes distingue a actuar con mayor altura, prudencia y sentido de país.

La República Dominicana atraviesa una etapa en la que necesita conectar mejor sus aspiraciones con sus capacidades. Quiere ser hub logístico, potencia turística, plataforma de inversión, centro regional de comercio y país de oportunidades. Pero ninguna de esas metas será sostenible si no se apoya en educación, institucionalidad, productividad, transparencia y cohesión social. La UASD, por su historia y alcance, tiene un papel decisivo en esa ecuación.

La investidura de Eduardo Sanz Lovatón como Profesor Honorario de la UASD deja una enseñanza que supera el homenaje personal: el país necesita reconciliar el conocimiento con la acción, la esperanza con la disciplina, la gestión con la ética y el sueño con la responsabilidad. Porque, al final, la universidad no distingue únicamente lo que una persona ha hecho; también le recuerda lo que todavía está llamada a hacer. Y en una nación con tantas tareas pendientes, seguir soñando no es ingenuidad: es una forma superior de compromiso.