Juan Manuel Guerrero: Profesor. Amigo

ElAvance | 05 febrero 2026

Por Eduardo Sanz Lovatón

Llegaba yo del extranjero con ínfulas de creerme un gran abogado. Quería comenzar a dar clases en una universidad, pues estaba lleno de emociones con lo que había leído y había vivido allende nuestros mares. No sabía cómo hacerlo.

Recordé a mi asesor de tesis, a mi profesor de varias materias cuando cursaba en la PUCMM la licenciatura que me haría abogado. Les hablo de Juan Manuel Guerrero. Fui a verlo con uno de sus hijos postizos y uno de mis hermanos de otros padres, Ángel Encarnación. Fuimos a sus oficinas del tribunal laboral, en donde impartía justicia en la avenida Independencia.

Esas oficinas me eran familiares, pues allí había ido cientos de veces en nuestras discusiones de mi tesis. Desde entonces me relajaba con que yo creía que me las sabía todas. Esas páginas de mi tesis me las hizo escribir más veces de las que quiero contar. Recuerdo la cuerda todavía, pues aunque entregué una tesis, me hizo hacer cien.

Lo que sí es que con cada visita de aquel mozalbete que se hacía abogado, aprendía en cascada sobre derecho, humor y, más que nada, de honestidad y de saber vivir.

Ya volviendo al hilo de esta historia, cuando ya abogado y retornado del exterior le pedí ayuda para que me llevara donde Don Milton Ray, a la sazón director de la carrera de Derecho en nuestra alma mater, para que me nombraran profesor, él me dijo en su muy particular manera: “Yayo, ¿y qué te hace pensar que puedes ser profesor?”.

La verdad es que no supe cómo contestar y creo que todavía no sé. Ante mis dubitaciones atrevidas y llenas de falsa firmeza me dijo: “Déjate de cuentos y ven de monitor mío y aprenderás”. Así comencé como profesor sustituto de Juan Manuel.

Experiencia que él patentizó y luego, lo que comenzó conmigo, lo expandió para que grandes exponentes de nuestra doctrina jurídica y de nuestra vida empresarial y política pasaran por las aulas a verter sus experiencias. Recuerdo que hizo profesores a Sigmund Freund, Andrés Lugo Risk, César Dargam, así yo pensando rápido. Muchos más también.

Aquel joven que él hizo primero abogado y luego profesor ya ejercía la profesión de la que él era uno de sus maestros por excelencia: un juez de lujo y un doctrinario de fuste.

Yo he combinado la profesión del derecho y la política hace años. Pero como mi primera y última vocación es la de abogado, puedo afirmar que oír a Juan Manuel hablar de derecho era como ver a Messi con un balón en los pies. Leer a Juan Manuel era como cuando un enfermo bebe medicina. Ya estas cosas lo hacían singular.

Pero no quiero hoy solo escribir del abogado que se nos fue recientemente, ni del profesor que enseñó a generaciones, pues que yo sepa a mí me dio clase en 1995 y sé que en el 2024 seguía dándolas. Y sobre ese profesor puedo decir que, de cientos de abogados que conozco formados por Juan Manuel, jamás escuché una queja o un comentario desfavorable.

Del juez que fue, en un medio cuestionado históricamente, nunca jamás escuché en 20 años de ejercicio alguien decirme algo que no fuera positivo. Y tengamos en cuenta que, como era un juez laboral, normalmente los casos no favorecían a los abogados que él había formado, los cuales en su mayoría eran abogados de patronos y no de empleados.

Y ni así recuerdo alguien que no lo haya llamado nada menos que excepcional.