Irán prepara el cierre del estrecho de Ormuz ante bombardeo de este sábado por EE.UU. e Israel

Julissa Reyes | 28 febrero 2026

Tras el ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, el estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, vuelve a estar en el punto de mira de la economía de todo el planeta, pues por él pasa en torno al 20% del petróleo que se consume mundialmente. Según la EIA (la Administración de Información Energética de Estados Unidos, por sus siglas en inglés), a lo largo del primer trimestre de 2025 -últimos datos disponibles- de media cada día pasaron por el estrecho 20,1 millones de barriles de petróleo.

En junio del año pasado, el Parlamento de Irán aprobó el cierre del estrecho de Ormuz tras el ataque de EEUU a tres de sus instalaciones nucleares, aunque finalmente no se produjo este bloqueo. Es una carta geopolítica que Irán ha utilizado en múltiples ocasiones, aunque, en realidad, pocas veces ha lanzado el órdago. El pasado 18 de febrero, en plenas negociaciones con Estados Unidos, el envite llegó a suponer un cierre parcial y temporal del paso. "Existen muy pocas opciones alternativas para sacar el petróleo del estrecho si es cerrado", advertía entonces la EIA, que detallaba que una interrupción de la ruta, aunque fuese temporal, "puede crear retrasos sustanciales de suministro y subir los costes de transporte, lo que potencialmente puede incrementar el precio de la energía".

De momento, según Reuters, que cita a un responsable de la misión naval Aspides de la Unión Europea, varios buques han recibido transmisiones VHF de la Guardia Revolucionaria iraní en las que se prohíbe el paso de buques por el estrecho de Ormuz. Irán nunca ha cerrado el estrecho y hay un motivo de peso: ninguna economía se vería más afectada por este bloqueo que la suya. Es más, el golpe afectaría más a países aliados o con cierta cercanía geopolítica que a sus enemigos más directos. El ejemplo más claro es el del petróleo; por muy importante que sea el mordisco que supondría perder un 20% del crudo global -y este sería el peor de los casos-, el 80% restante sigue disponible. Los precios podrían subir, pero no peligraría la demanda.

Además, actualmente el barril de brent está muy lejos de sus máximos históricos (el 27 de febrero cerró a 73 dólares). El sector sí parece haber notado las tensiones en la región y en lo que va de año el precio acumula una subida del 21,18% que, en de todos modos, debe ser contextualizada: entre finales de diciembre y principios de enero el barril estaba en mínimos de los últimos cinco años. La subida respecto a febrero de 2025 es de tan solo un 1%. Coincidiendo con esto, desde la última semana de diciembre el litro de gasolina ha subido 3 céntimos, de 1,44 euros a 1,47 euros, mientras que el diésel ha pasado de 1,38 euros el litro a 1,42, según el boletín petrolero de la Comisión Europea.

Lo que sí habría que tener en cuenta es que en un escenario bélico no es necesario que Irán cierre Ormuz para que el embudo se vuelva aún más -apropiadamente- estrecho. El paso tiene apenas 50 kilómetros de ancho y relativa profundidad -no supera los 60 metros-, por lo que un conflicto en la zona supondría un peligro para cualquier embarcación, por muy libre que fuese el paso.

El principal perjudicado desde el punto de vista económico del cierre del estrecho sería Arabia Saudí, ya que es el país que más crudo mueve por Ormuz, en torno al 40% del total. Entre 2020 y 2025 (en este caso, datos al cierre del primer trimestre), cada día movió de media 6,05 millones de barriles, casi el doble que los 3,1 millones de Irak, el segundo país que más petróleo transportó por el enclave. Irán tan solo envía 1,1 millones de barriles al día, por detrás también de Emiratos Árabes Unidos (1,9 millones) y Kuwait (1,6 millones). Qatar, por su parte, se queda en 600.000 barriles diarios.

También cabe destacar que el crudo que pasa por Ormaz no se distribuye de forma equitativa por todo el mundo, sino que llega principalmente a China, que desde 2020 ha recibido de media el 31,45% del total (4,65 millones de barriles al día). Mientras, Estados Unidos tan solo se queda con 530.000 barriles (el 3,6%) y el conjunto de Europa, 700.000 (4,7%). India, destino de casi el 15%, o Japón (11,6%) también se verían algo más afectadas si hubiese que buscar rutas alternativas.

Por hacerse una idea, el tiempo de tránsito estimado entre el golfo Pérsico y Estados Unidos es de entre 32 y 36 días a través del canal de Suez (en este caso llega a la costa este del país norteamericano), mientras que si tiene que evitarlo y rodear África el tiempo estimado se va hasta los 47 días en el cálculo más optimista de la EIA (51 días en el peor de los casos). La tercera vía es cruzar el Pacífico, lo que lleva entre 39 y 43 días. En todos los casos el punto de partida está en el este de Arabia Saudí, lo que requiere pasar por el estrecho de Ormuz.