Incertidumbre global

ElAvance | 25 marzo 2026

Por Orlando Jorge Villegas

La guerra en Irán ha devuelto al petróleo al centro de la escena económica mundial, y ha abierto un abanico de escenarios que van desde una desaceleración moderada hasta un profundo shock inflacionario a escala global.

Para economías pequeñas, abiertas e importadoras netas de energía, como la República Dominicana, este conflicto no es un suceso lejano, sino un factor capaz de redefinir nuestra estabilidad macroeconómica en los próximos meses.

En el plano global, el cierre del estrecho de Ormuz y la reducción de la oferta de crudo han disparado la volatilidad de los precios, con saltos que llevaron el costo del barril desde menos de 70 dólares a niveles cercanos a los 120, antes de estabilizarse por debajo de los 100.

Cada aumento sostenido del petróleo se traduce en más inflación y menor crecimiento: organismos internacionales indican que un alza de 10% en el precio del crudo puede sumar alrededor de 0.4 puntos a la inflación mundial y restar hasta 0.2 puntos al PIB global. En un escenario de guerra prolongada, los bancos centrales enfrentarían el dilema de subir tasas para contener precios, a costa de ralentizar aún más la actividad y el empleo.

Para República Dominicana, el impacto llega por varios canales: combustibles, costo de la electricidad, transporte, alimentos, turismo, remesas y las cuentas fiscales. El país importa prácticamente todos los combustibles que consume, por lo que cualquier encarecimiento internacional se refleja en la factura petrolera, en los subsidios del Gobierno y, tarde o temprano, en el bolsillo de los hogares. Además, un enfriamiento de la economía de Estados Unidos –principal origen de turistas y remesas– supondría menos divisas y menor dinamismo interno.

El pasado domingo, el presidente Luis Abinader advirtió con claridad que la situación internacional provocada por la guerra en Irán tendrá efectos inevitables en la economía dominicana. Señaló que habrá presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y, en alguna medida, en los precios de los alimentos, como resultado de un “choque externo de gran magnitud” sobre los mercados energéticos.

Al mismo tiempo, aseguró que el Gobierno mantendrá subsidios significativos a los combustibles, preservará sin variación el precio del GLP y reasignará recursos desde partidas menos prioritarias para proteger a los hogares más vulnerables, y sostener la estabilidad macroeconómica, fiscal y social.

Abinader insistió en que el país llega a esta crisis con una posición financiera relativamente sólida, con reservas internacionales elevadas y acceso al financiamiento externo, lo que brinda cierto margen de maniobra. Pero fue enfático al plantear que será necesario asumir “sacrificios inevitables” y una responsabilidad compartida entre Estado, sector privado y ciudadanía para atravesar un contexto internacional que el propio mandatario reconoce como incierto.