Guterres en Santo Domingo: La bofetada diplomática de una ONU cómplice

Victor Herasme | 19 junio 2026

Por: Licdo. Samuel Ávila

La reciente visita oficial del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, a la República Dominicana no debe ser leída como un triunfo diplomático, sino como una afrenta directa a la soberanía nacional. Que el Palacio Nacional se vista de gala para recibir con alfombra roja al máximo representante de un organismo que ha fungido como verdugo silencioso de la isla es, por decir lo menos, un acto de amnesia histórica y sumisión geopolítica.

Durante décadas, la ONU no solo ha sido incapaz de pacificar o viabilizar a Haití, sino que ha sido cómplice absoluta de su desgracia. Sus misiones fallidas plagadas de escándalos de corrupción, abusos y la introducción de epidemias que diezmaron a la población haitiana solo sirvieron para desmantelar la poca institucionalidad que le quedaba al vecino país. Hoy, ante el colapso absoluto provocado por las bandas armadas que controlan Puerto Príncipe, el organismo internacional pretende lavarse las manos. Y lo peor: busca trasladar el costo humano, económico y social de esa crisis hacia las espaldas del pueblo dominicano.

La narrativa de "agradecimiento" que Guterres trajo en su discurso al elogiar el respaldo dominicano para la estabilización de Haití es una trampa retórica. No nos equivoquemos: la ONU ha actuado históricamente como un enemigo público de la República Dominicana. Es el mismo organismo que, a través de sus agencias y relatores, bombardea constantemente al país con acusaciones infundadas de racismo, presiona para que detengamos las repatriaciones legítimas y exige la creación de campos de refugiados en nuestro suelo, ignorando deliberadamente que ningún país del mundo ha sacrificado tanto por Haití como el nuestro.

Esta preocupante realidad conecta de manera directa con lo planteado recientemente por el licenciado Samuel Ávila en el programa Despertar Político. Ávila ponía el dedo en la llaga al analizar la alarmante carencia de propuestas y la alarmante superficialidad de los actores políticos actuales, señalando que muchas figuras se quedan en la mera fachada o en discursos vacíos sin un verdadero fondo programático. En el ámbito de las relaciones exteriores, esta falta de un discurso firme y con sustancia se traduce en una preocupante docilidad ante la agenda globalista. Nos enfrentamos a una clase política que prefiere el aplauso de la comunidad internacional en Nueva York antes que defender con garras y propuestas concretas el interés supremo de la patria.

Aceptar los elogios de Guterres mientras la ONU sigue eludiendo su responsabilidad histórica es validar el juego de quienes pretenden "dominicanizar" la crisis haitiana. República Dominicana no puede seguir siendo el hospital, la escuela y el refugio de un Estado fallido por la simple negligencia de la comunidad internacional. La visita del secretario general debió ser el escenario para un reclamo enérgico y vertical, no para estrechar manos complacientes. La complicidad de la ONU con el desastre haitiano y su constante hostilidad hacia nuestra soberanía merecen el más enérgico rechazo, recordándonos que la dignidad nacional no se negocia ni se maquilla con diplomacia de salón.