Envejecer en RD: una vejez marcada por la soledad, la precariedad y el abandono

Ruth Encarnacion | 01 octubre 2026

Santo Domingo.- Envejecer durante más años no necesariamente significa vivir mejor. En República Dominicana, el aumento de la esperanza de vida convive con una realidad menos visible: adultos mayores que pasan sus días solos, enfrentan enfermedades crónicas, pierden autonomía, viven con limitaciones económicas o atraviesan duelos sin una red de apoyo suficiente.

En algunos casos, esa acumulación de pérdidas termina afectando profundamente la salud mental y puede desembocar en una de las expresiones más dolorosas de esta realidad: el suicidio.

Las estadísticas de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran la dimensión del problema. El organismo dispone de registros de suicidios desagregados por edad y sexo y de series que permiten observar su comportamiento durante los últimos años.

De acuerdo con las cifras suministradas para este reportaje, 628 adultos mayores se suicidaron entre 2021 y 2025, de los cuales 439 tenían 65 años o más. Solo en 2025 se registraron 104 suicidios de personas mayores, 70 de ellas con 65 años o más.

Detrás de esos números hay una realidad que especialistas consultados vinculan principalmente con los trastornos del estado de ánimo, pero que también está marcada por las condiciones sociales en las que muchas personas llegan a la vejez.

La soledad que no siempre se ve

De acuerdo a la conclusión de algunos especialistas de la salud, la pérdida de familiares, el retiro laboral, el deterioro físico, las enfermedades crónicas, la disminución de la autonomía y el aislamiento pueden ir reduciendo, poco a poco, los vínculos que durante décadas dieron sentido a la vida cotidiana.

Cuando una persona deja de trabajar también puede perder rutinas, relaciones y una parte importante de su identidad. Si esa etapa no es sustituida por nuevas actividades o redes sociales, el retiro puede convertirse en un período de aislamiento.

A esto se suma el duelo. La muerte de una pareja, un hermano, amigos o personas cercanas puede dejar al adulto mayor con una red de apoyo cada vez más pequeña.

La soledad tampoco siempre significa vivir completamente solo. Puede existir dentro de una vivienda donde hay familiares, pero donde faltan conversación, acompañamiento, atención y participación.

La Fundación Manos Arrugadas ha puesto el tema sobre la mesa precisamente desde esa perspectiva. Su presidenta, Gianni Paulino, ha advertido sobre los cambios en las familias dominicanas, la migración de los hijos, las largas jornadas laborales y el aumento de hogares unipersonales, factores que pueden dejar a personas mayores sin compañía y, en algunos casos, sin quien las ayude incluso a alimentarse o tomar sus medicamentos.

En septiembre, más de 200 adultos mayores participaron en una caminata en la Zona Colonial para reclamar un espacio permanente donde puedan mantenerse activos, recibir formación, hacer ejercicios, compartir y obtener asistencia cuando la necesiten.

El pedido no es solamente por un lugar físico. Es, en esencia, una demanda de compañía y pertenencia.

Cuando la pobreza también pesa sobre la salud mental

La vejez también puede llegar acompañada de una pregunta difícil: ¿con qué recursos voy a vivir?

Los ingresos limitados pueden restringir la alimentación, el acceso a medicamentos, el transporte y hasta la posibilidad de participar en actividades sociales.

El propio CONAPE contempla dentro de sus servicios la gestión de pensiones para adultos mayores que califican, incluyendo personas en situación de pobreza extrema y abandono.

La institución también recibe denuncias de abuso, maltrato y abandono y cuenta con programas para intervenir en estos casos. Su programa AMA, por ejemplo, está dirigido a personas mayores en situación de abandono, indigencia o deambulación, con el objetivo de localizar a sus familiares y procurar su protección.

Esto muestra que la vulnerabilidad económica y el abandono no son situaciones ajenas a las políticas públicas dirigidas a esta población.

Y el problema puede agravarse cuando la persona necesita medicamentos, cuidados permanentes o asistencia para realizar actividades básicas.

El lugar donde vive también determina la posibilidad de recibir ayuda

La atención existe, pero llegar hasta ella es otra parte del desafío.

CONAPE ofrece atención psicológica y psiquiátrica para adultos mayores y dispone de modalidades presenciales y virtuales. También desarrolla visitas domiciliarias y programas de atención en hogares de día.

En su memoria institucional de 2024, CONAPE reportó 4,247 visitas domiciliarias durante ese año, dirigidas a 556 adultos mayores, como parte del seguimiento de condiciones físicas, cognitivas y emocionales.

La institución también ha planteado para 2026 fortalecer la red de Hogares de Día, centros de atención permanente y servicios domiciliarios, con la intención de mantener a los adultos mayores dentro de sus entornos familiares y comunitarios.

Estos centros cumplen una función que va más allá de la asistencia médica. En los Hogares de Día se ofrecen alimentación, atención médica y odontológica, asistencia psicológica y actividades deportivas, culturales y recreativas, precisamente con el propósito de mantener activos y vinculados socialmente a los envejecientes.

Pero la disponibilidad territorial sigue siendo determinante. Un adulto mayor que vive solo, tiene dificultades para movilizarse o reside lejos de un centro de atención enfrenta una barrera adicional: necesitar ayuda y no tener cómo llegar hasta ella.

Por eso Manos Arrugadas plantea que en la Zona Colonial exista un espacio donde el adulto mayor pueda acudir durante el día y, cuando sea necesario, recibir apoyo en su propia vivienda.

Una emergencia que comienza mucho antes

El Sistema 9-1-1 constituye la vía nacional para responder a emergencias y funciona las 24 horas. Sus registros públicos muestran que las unidades de salud forman parte de la respuesta a múltiples tipos de emergencias, incluidas situaciones de personas en peligro y condiciones críticas de salud.

Pero una emergencia de salud mental no comienza necesariamente cuando entra una llamada.

Puede comenzar meses antes, cuando una persona deja de salir de casa, pierde el interés por las cosas que disfrutaba, deja de comer adecuadamente, abandona sus medicamentos, pierde contacto con amigos o familiares o comienza a expresar que su vida ya no tiene sentido.

Ahí está uno de los mayores desafíos: detectar el sufrimiento antes de que se convierta en una emergencia.

El Ministerio de Salud Pública anunció para 2026 la habilitación de la línea 811 de salud mental, gratuita y permanente, como sustituta del número 809-200-1400. El objetivo es facilitar el acceso de la población a servicios de apoyo en salud mental.

No todo es “cosas de la edad”

Uno de los obstáculos más peligrosos es normalizar los cambios emocionales.

El psiquiatra Vargas Mena advierte sobre la falsa creencia de que la apatía, el aislamiento, la pérdida de memoria o la lentitud son simplemente consecuencias normales de hacerse viejo.

No necesariamente lo son.

Cuando un adulto mayor deja de hablar, abandona actividades que antes disfrutaba, permanece aislado, presenta cambios importantes en su conducta o expresa desesperanza, puede existir un problema de salud mental que requiere atención profesional.

La depresión en esta etapa puede confundirse con cansancio, enfermedad física o simplemente “vejez”. Esa confusión puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento.

Y ahí se encuentra una oportunidad para prevenir.

Vargas Mena sostiene que detectar y tratar oportunamente la depresión constituye una de las estrategias con mayor impacto para prevenir el suicidio en los adultos mayores.

Una vejez que necesita compañía, no solo cuidados

República Dominicana envejece. Y mientras aumenta el número de personas que llegan a edades avanzadas, también cambia la estructura de las familias que tradicionalmente asumían su cuidado.

CONAPE ha advertido que el país casi duplicará su población adulta mayor en las próximas décadas y ha planteado la necesidad de fortalecer el sistema de cuidados.

La respuesta, por tanto, no puede limitarse a atender una enfermedad cuando ya apareció.

También implica garantizar ingresos dignos, acceso a medicamentos y servicios médicos, espacios comunitarios, acompañamiento psicológico, actividades que den propósito, atención domiciliaria y mecanismos para detectar el abandono.

Porque detrás de una persona mayor que pasa días enteros sola puede haber una depresión no diagnosticada.

Detrás de quien deja de comer puede existir una enfermedad, pobreza o ausencia de quien la cuide.

Detrás de quien ya no quiere salir de casa puede estar el duelo por una persona que murió.

Y detrás de una llamada de emergencia puede existir una historia de meses o años que nadie escuchó a tiempo.

Los más de 200 adultos mayores que salieron recientemente a las calles de la Zona Colonial no solo reclamaban un edificio. Pedían un lugar donde conversar, aprender, ejercitarse, sentirse útiles y estar acompañados.

Raúl Rodríguez, uno de los participantes, lo resumió desde su propia experiencia: necesitan un espacio donde puedan recrearse y compartir.

En una sociedad que ha conseguido que sus ciudadanos vivan más años, el desafío siguiente es conseguir que esos años no estén marcados por el abandono.