El valor no caduca con la edad

ElAvance | 13 febrero 2026

Por Arelis García López

En los últimos días, algunos espacios de la farándula en la República Dominicana han generado un debate preocupante: el supuesto “valor” de la mujer según su edad. Más alarmante aún, se han emitido comentarios que descalifican a mujeres entre los 50 y 60 años, reduciendo su dignidad a estereotipos superficiales.

Como profesional de la conducta humana y educadora sexual, considero imprescindible elevar esta conversación al nivel que merece: el científico, el social y el humano.

La biología no define el valor de una persona.

Entre los 50 y 60 años, tanto mujeres como hombres atraviesan procesos fisiológicos naturales.

En la mujer ocurre el climaterio, etapa que culmina con la Menopausia, caracterizada por el cese de la menstruación y la disminución de estrógenos.

Este proceso puede implicar cambios como sofocos, alteraciones del sueño, variaciones emocionales o modificaciones en la respuesta sexual.

Sin embargo, es importante subrayar:

La menopausia marca el final de la etapa reproductiva, no el final de la feminidad, ni del deseo, ni del disfrute, ni mucho menos del valor humano.

En los hombres, aunque menos visibilizado socialmente, ocurre un descenso progresivo de testosterona, fenómeno conocido como Andropausia.

Puede presentarse disminución de energía, cambios en la libido o dificultades en la función eréctil. A diferencia de la mujer, no es un proceso abrupto, pero sí es real y médicamente reconocido.

La ciencia es clara: ambos sexos experimentan transformaciones hormonales propias del envejecimiento. Lo que cambia es la biología; lo que no cambia es la dignidad.

El fenómeno del “divorcio gris” y las nuevas oportunidades afectivas.

En las últimas décadas ha aumentado significativamente el divorcio en personas mayores de 50 años, fenómeno conocido internacionalmente como “divorcio gris”.

En Estados Unidos, la tasa de divorcio en mayores de 50 se ha duplicado desde los años 90. En Europa, países como Francia y España también registran incrementos importantes en separaciones después de los 60.

¿Significa esto fracaso? No.

Significa transformación social.

Muchas mujeres que hoy tienen 50 o 60 años pertenecen a la primera generación con mayor independencia económica, acceso a educación superior y autonomía emocional. No están obligadas a permanecer en relaciones insatisfactorias.

Y los datos muestran algo más importante aún: una parte significativa de las personas divorciadas en estas edades vuelve a formar pareja o establece nuevas relaciones afectivas. La vida emocional no termina a los 50; en muchos casos, comienza con mayor conciencia.

Sexualidad en la madurez: menos mitos, más realidad

Existe un prejuicio cultural que asocia la sexualidad únicamente con juventud. Sin embargo, múltiples estudios demuestran que hombres y mujeres mayores mantienen vida íntima activa, aunque con características distintas a la juventud: más comunicación, más autoconocimiento y menos presión social.

La sexualidad madura no compite; evoluciona.

La raíz del problema: edadismo y cosificación.

Cuando se mide el valor de una mujer por su edad, estamos frente a dos fenómenos sociales:

Edadismo: discriminación basada en la edad.

Cosificación: reducir a la mujer a su utilidad reproductiva o a su apariencia física.

Una sociedad que desacredita a sus mujeres maduras es una sociedad que desprecia la experiencia, la sabiduría y la resiliencia.

Reflexión final:

El valor humano no se deprecia como un objeto.

No se reduce con las arrugas.

No desaparece con la menopausia.

A los 50 y 60 años, muchas mujeres han construido familias, carreras, comunidades y proyectos. Han enfrentado duelos, crisis y reinvenciones. Han sostenido generaciones enteras.

Y si hablamos de atractivo, la madurez emocional, la seguridad personal y la autonomía son cualidades profundamente valiosas en cualquier etapa de la vida.

La conversación pública debe elevarse.

El respeto no tiene fecha de vencimiento.

Porque el verdadero valor no se mide en años, sino en humanidad.