El Soberano que habló al país

ElAvance | 23 marzo 2026

Por Emelyn Baldera

Han pasado cinco días desde que el telón de la sala principal del Teatro Nacional se abrió para recibir la edición 41 de los Premios Soberano. Aquella noche el país se paralizó: algunos con indiferencia -porque piensan que es una celebración que no les corresponde- y muchos otros atentos a una fiesta que, más que galardonar, refleja nuestra identidad cultural.

Soberano es una marca país; por eso la gente siente el derecho de opinar: no es solo un reconocimiento de Acroarte, sino un reflejo del sentir dominicano. Y esta edición dejó claro que puede ser también un escenario de denuncia, memoria y esperanza.

Subir al escenario no fue solo recibir un trofeo: fue hablarle al mundo. José Antonio Rodríguez, veterano compositor y artista, nos paralizó pidiendo paz en medio de las tormentas globales. Sus palabras, nacidas desde la memoria y dolor, resonaron sin necesidad de apuntador; fueron un llamado sereno y contundente sobre quienes sufren por la guerra.

La piel se erizó y la reflexión sobre el valor de la familia -ese núcleo que nos sostiene- se hizo presente desde la alfombra, donde muchas figuras llegaron acompañadas por hijos y nietos. Qué mejor lección para las nuevas generaciones que ver que el aplauso viene después del esfuerzo.

También hubo gritos que trajeron la urgencia de realidades ajenas: la veterana actriz Carlota Carretero, al recibir el Soberano a las Artes Escénicas, terminó su agradecimiento con un fuerte “¡Cuba libre!”, y en esas palabras asomó el hambre y la necesidad de dignidad que padecen muchos allí.

La velada fue testigo de actos de resiliencia, sororidad y unidad. Vimos a Elvis Crespo volver al país para compartir un momento especial con la Reina del Merengue; a Pavel Núñez subir por fin, tras más de veinte años, con un segmento íntimo que homenajeó la buena canción y las letras que perduran. Y sobre la alfombra desfilaron decenas de historias de mujeres cargadas de trabajo, sueños y entrega, como la merenguera Miriam Cruz, que viajó desde Europa para estar radiante esa noche.

El homenaje In Memoriam añadió un aire de recogimiento: nos recordó el dolor de tantas familias que aún lloran lo ocurrido el 8 de abril del año pasado y nos hizo recordar a los artistas que nos dijeron adiós en 2025.

No fue, pues, una noche en la que solo importó el vestido. El Soberano trascendió la gala y se convirtió en un micrófono público para causas, memorias y afectos.