El PRM necesita un candidato inmune al desgaste del gobierno

ElAvance | 22 abril 2026

A los políticos dominicanos, sencillamente, “no les gusta mirar hacia la historia”. Y sin embargo, es precisamente ahí donde suelen estar las respuestas. Basta recordar las elecciones de 2012, cuando Danilo Medina, siendo candidato presidencial, optó por tomar distancia del desgaste y los señalamientos de corrupción que arrastraba la gestión encabezada por su entonces compañero Leonel Fernández.

Danilo Medina no improvisó: construyó un discurso diferenciador, resumido en aquella frase que marcó la campaña: “corregir lo que está mal y hacer lo que nunca se ha hecho”. Una narrativa que, vista en perspectiva, no solo le permitió ganar, sino también redefinir momentáneamente la percepción del oficialismo. Y es justamente esa lógica —sostiene— la que hoy debería observar el Partido Revolucionario Moderno (PRM) si realmente aspira a renovarse y sostenerse en el poder.

En este escenario, David Collado sería el único dirigente con condiciones para asumir ese rol, aun cuando no esté exento de críticas. Su principal fortaleza radica en estar menos vinculado a los aspectos negativos acumulados durante los últimos seis años de gestión, lo que le permitiría proyectar una imagen de renovación dentro del propio oficialismo.

Ahora bien, el punto crítico está en si el llamado “sector palaciego” es capaz de entender esta realidad sin reservas. De hacerlo, el PRM podría mantener vivas sus aspiraciones de continuidad. De lo contrario, el costo político podría ser alto, sobre todo si se toma en cuenta que para muchos funcionarios actuales salir del poder no es una opción atractiva, en un contexto donde el Estado ha sido asumido por algunos como un botín.

Finalmente, más allá de los movimientos de la oposición, que sin duda jugarán su papel, la clave parece estar dentro del propio oficialismo: preservar la cohesión interna. Y en ese equilibrio, el sector liderado por Hipólito Mejía se convierte en una pieza determinante que el PRM no puede darse el lujo de ignorar.