El país del gozo

ElAvance | 27 abril 2026

Gabriel López.

Una de las cualidades que nos define como cultura en aguas extranjeras es la alegría, caracterizada por nuestra musiquita por dentro, nuestros ritmos contagiosos y nuestro sabor tanto culinario, social y comunicativo.

Pero esta alegría está condicionada. Necesitamos una quincena, alcohol, música, un coro, risas y cercha para entender que a pesar de los problemas que nos envuelven y golpean como las olas del mar junto a las piedras, podemos seguir adelante.

De acuerdo a la RAE, la alegría se define como “un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos externos” que usualmente dependen de una circunstancia externa. Te propongo, querido lector: un cambio de paradigma: que República Dominicana no sea un país alegre.

Permíteme explicarte.

Nuestra alegría nacional esconde dolor, frustración y ataduras sociales que no nos ha permitido crecer de acuerdo al potencial que nuestros recursos tangibles e intangibles nos proyectan. Los abusos de poder, la inmoralidad social y la dejadez colectiva al desorden nos han atrapado en un agujero donde el único escape es perseguir una sensación de alegría; si bien intensa: efímera y demandante de otro “high” mucho mayor una vez termina su efecto.

Esta es la razón por la que dependemos del entretenimiento, las libaciones y el despilfarro para sentirnos felices.

Te propongo que seamos un país impulsado por el gozo.

El gozo se puede confundir con la alegría, porque salvaguardan emociones similares, pero el combustible de este es completamente diferente. El gozo no depende de las circunstancias externas. No depende del ruido. No depende de la música ni del stream de YouTube. No depende de la cantidad de dinero que me entra al mes, ni de cuántas parejas simultáneas puedo tener. El gozo depende del propósito. Depende de nuestra paz interior. El gozo depende de hacia donde estamos colocando nuestra mirada. El gozo no depende de nuestras circunstancias, sino de la fortaleza de nuestro corazón y nuestro espíritu.

El gozo depende de la virtud, de la disciplina, del contentamiento, de la fe. Depende de nuestros valores y de la paciencia que podamos cultivar para alcanzar cada uno de los sueños que tenemos.

Si dependemos del Estado para vivir gozosamente, estaremos esclavizados a cada elección, a cada promesa, a cada jingle de campaña cada cuatro años. Dependeríamos de las decisiones gubernamentales de las cuáles dependen nuestros recursos naturales, nuestra cultura, nuestra economía y nuestra soberanía diplomática al ojo extranjero. Y en realidad nos merecemos más.

Nuestro gozo como nación vendrá al impulsarnos unos a otros a independizarnos del yugo de la cultura política clientelista. Nuestro gozo vendrá al proteger nuestros ríos, lomas y montañas de la depredación que nos amenaza, para así legarlo a nuestros hijos y sus hijos. Nuestro gozo vendrá cuando no dependamos del litro de ron del fin de semana ni de la validación superficial de las redes sociales para obtener identidad. Nuestro gozo vendrá al convertirnos en mejores administradores de nuestros recursos económicos. Nuestro gozo vendrá al cultivar nuestra virtud y trabajar nuestros defectos y faltas.

La dominicanidad nace del propósito. El propósito alimenta el gozo. El gozo nos caracterizará como una cultura que florece en el medio de cualquier adversidad, sabiendo que al final del túnel nos espera la alegría de celebrar el crecimiento, el legado, la sanidad interna y externa que se refleja en nuestra música, jolgorio, sabores y expresiones.

Busquemos el gozo.