El “padre de familia” ha muerto. Larga vida al “padre de familia”

ElAvance | 04 marzo 2026

Gabriel López.
Cristiano, creativo, atleta y docente.

Sin lugar a dudas, una de las marcas sempiternas del cambio y el progreso es la desaparición de costumbres, tradiciones, culturas y maneras de hacer las cosas que caracterizaban la etapa que está a punto de desaparecer. La República Dominicana ha sufrido procesos de transformación (lentos y tardíos pero necesarios) que nos han obligado a cuestionar, considerar e incluso debatir si un cambio radical en nuestra cultura es necesario en el momento.

Desde la construcción de la Línea 1 del Metro de Santo Domingo en 2009 hasta la fecha, hemos sido testigos de una ciudad más conectada, más rápida, más eficiente y mucho más cerca del estándar de “Nueva York chiquito” que un otrora presidente nos haya achacado como meta y visión.

Mientras tanto, seguimos observando un elemento cultural que se ha quedado estancado en el tiempo: el “padre de familia”. El “padre de familia” es una figura pintoresca del folklore dominicano. Este se caracteriza por su chatarra de más de 30 años de vida útil, bendecido por los santos patronos de sus líderes sindicalistas y santiguado por los subsidios de gasolina y GLP a través de décadas de pugnas estatales y amenazas de paralización del transporte público. El “padre de familia” es franco y directo: de la cantidad de pasajeros en su vehículo depende el pan para su casa y la educación de sus hijos. No teme aplicar “justicia” por su propia mano gracias a una plétora de armas de mano que pudiese tener en su posesión: sea un palo, un arma blanca, un arma de fuego e incluso elementos tan estrafalarios como un palo de golf. El “padre de familia” defiende a una familia por encima de la suya: el gremio de trabajadores del transporte, el cual le provee de una burbuja (o mejor dicho manada) de protección y consignas populistas al punto de atreverse a enfrentarse cara a cara con oficiales de orden público e incluso dejarlos en ridículo; sea con violencia física o con una tergiversación de las leyes de tránsito, las cuáles usa muy bien a su favor.

La influencia que el “padre de familia” ha tenido en la sociedad durante años se debe a la necesidad. Cada aumento de pasaje, cada persona de más en el vehículo y cada pelea con el agente de la DIGESETT se deben al vacío de orden, poder y eficiencia en una ciudad que colapsó más rápido de lo que se ha desarrollado. El “padre de familia” siempre lo supo y se acomodó en el caos de Santo Domingo, como un insecto debajo de las piedras frías. Sin embargo, es bueno recordar que los insectos y plagas se van de las zonas ordenadas y limpias. La inauguración de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo significa precisamente orden y limpieza en una de las zonas más caóticas de la ciudad. La expansión de la Línea 2 permite que el ciudadano del norte del Distrito disminuya el tiempo en tránsito hasta una hora completa, y eso al “padre de familia” no le gusta. De hecho, ya declaró en la prensa que protestará (legal y constitucionalmente), apelando a riesgos y amenazas contra su modo de vida.

La respuesta general del público no se hizo esperar: “¿A quién le importa?”

El “padre de familia” ya se dio cuenta de que cada vez menos personas lo necesitan. El “padre de familia” despertó a la realidad de que le quedan pocas herramientas con las que presionar al brazo gubernamental. El “padre de familia” entendió que el pueblo dominicano simplemente lo toleraba como el mal menor en medio de un desorden vial. El Gobierno (independientemente de partidos, colores y facciones) ha tomado como tarea desestabilizar a los sindicatos transportistas desarrollando obras que mejoran la calidad de vida de millones de capitaleños que desean ver su ciudad crecer, evolucionar y progresar. Cabe también destacar la implementación de nuevas líneas de corredores de autobuses gracias a acuerdos público-privados. Estos brindan una mayor calidad al servicio de transporte urbano y acomodan al dominicano “de a pie”, el gran grueso de la fuerza laboral de nuestra ciudad. Estas nuevas medidas eliminan ese mismo desorden que caracteriza a insectos que no han deseado servir a los usuarios ni proyectar una buena actitud hacia el trabajo.

El “padre de familia” no es una persona específica. Es una filosofía. Es el tigueraje clásico dominicano aplicado a nuestro transporte público, uno de nuestros derechos ciudadanos más abandonados por nuestro gobierno a través de los años. Gracias a Dios (y paso a paso) el “padre de familia” sabe que le queda poco tiempo de vida. El capitaleño ya lo da por muerto y desea enterrarlo. Sin duelos. Sin lágrimas. Simplemente expectante ante el progreso, cambio y transformación de la ciudad (siempre y cuando el gobierno de turno le dé la gana de hacer las cosas bien).

El “padre de familia” ha muerto. Larga vida al “padre de familia”.