El Helicoide, El Rodeo y Tocorón: las tres cárceles que simbolizan años de represión y terror en Venezuela

Lorian Cuevas | 09 enero 2026

El Helicoide, El Rodeo y Tocorón se consolidaron durante años como símbolos del miedo dentro del sistema de detención venezolano. Aunque oficialmente funcionaban como centros de reclusión, organismos de derechos humanos denunciaron que fueron utilizados para castigar, intimidar y quebrar a presos políticos y disidentes, bajo un esquema sistemático de abuso y represión.

En El Helicoide, sede del SEBIN, se documentaron torturas físicas y psicológicas, aislamiento prolongado, interrogatorios bajo presión y privación del sueño. Estudiantes, activistas y periodistas pasaban semanas incomunicados, sin acceso a abogados ni a atención médica, en condiciones que buscaban doblegar su voluntad.

El Rodeo fue señalado como un penal de castigo al que enviaban presos políticos para someterlos a hacinamiento extremo y convivencia con reos altamente peligrosos. Las ONG denunciaron condiciones insalubres, violencia constante y restricciones severas de visitas, utilizadas como mecanismo de presión adicional para desmoralizar a los detenidos y a sus familias.

Tocorón, bajo el dominio del Tren de Aragua durante años, representó el extremo más crudo del colapso carcelario venezolano. Aunque no era un destino frecuente para disidentes, quienes llegaban allí quedaban expuestos a un sistema paralelo controlado por el crimen organizado, donde reinaban la extorsión, las amenazas y la violencia generalizada.

Hoy, tras la reciente liberación de varios presos políticos en Venezuela, la situación de estas instituciones vuelve a estar en el centro del debate público. Pese a las excarcelaciones, organizaciones de derechos humanos insisten en que las estructuras de control y represión siguen vigentes dentro de estos centros, y advierten que los cambios anunciados por el gobierno no se han traducido en transformaciones reales en las condiciones de reclusión ni en el cese de prácticas denunciadas por años.

República Dominicana. – El Helicoide, El Rodeo y Tocorón se consolidaron durante años como símbolos del miedo dentro del sistema de detención venezolano. Aunque oficialmente funcionaban como centros de reclusión, organismos de derechos humanos denunciaron que fueron utilizados para castigar, intimidar y quebrar a presos políticos y disidentes, bajo un esquema sistemático de abuso y represión.

En El Helicoide, sede del SEBIN, se documentaron torturas físicas y psicológicas, aislamiento prolongado, interrogatorios bajo presión y privación del sueño. Estudiantes, activistas y periodistas pasaban semanas incomunicados, sin acceso a abogados ni a atención médica, en condiciones que buscaban doblegar su voluntad.

El Rodeo fue señalado como un penal de castigo al que enviaban presos políticos para someterlos a hacinamiento extremo y convivencia con reos altamente peligrosos. Las ONG denunciaron condiciones insalubres, violencia constante y restricciones severas de visitas, utilizadas como mecanismo de presión adicional para desmoralizar a los detenidos y a sus familias.

Tocorón, bajo el dominio del Tren de Aragua durante años, representó el extremo más crudo del colapso carcelario venezolano. Aunque no era un destino frecuente para disidentes, quienes llegaban allí quedaban expuestos a un sistema paralelo controlado por el crimen organizado, donde reinaban la extorsión, las amenazas y la violencia generalizada.

Hoy, tras la reciente liberación de varios presos políticos en Venezuela, la situación de estas instituciones vuelve a estar en el centro del debate público.

Pese a las excarcelaciones, organizaciones de derechos humanos insisten en que las estructuras de control y represión siguen vigentes dentro de estos centros, y advierten que los cambios anunciados por el gobierno no se han traducido en transformaciones reales en las condiciones de reclusión ni en el cese de prácticas denunciadas por años.