El fracaso del Hombre Dominicano

ElAvance | 20 mayo 2026

Gabriel López

La primera vez que escuché sobre cómo “ser hombre” fue de mi abuelo Pasito, en paz descanse. Yo tenía apenas 7 años. “Un hombre hace lo que quiera”, decía.

La primera vez que tuve “la charla” sobre cómo nacen los bebés con mi padre, tenía 18 años. Fue en la Terminal 1 del AILA, 5 minutos antes de abordar un avión que me llevaría a la aventura que fungiría como mi “rito de paso” personal hacia la adultez.

Sus palabras fueron concisas: “No quiero ser abuelo todavía”.

En medio de estas dos experiencias, tal sándwich, miles de microenseñanzas fueron inculcadas en mí por cada figura masculina alrededor. Estos me enseñaban que el “ser hombre” me permitía disfrutar de una sexualidad sin filtro ni tabúes.

Que el “ser hombre” me permitía absorber, procesar y replicar el lenguaje y las acciones que veía en cada representación cultural que mi cerebro infantil recibía. Que el “ser hombre” me daba carta blanca para aplicar con liberalidad las características antropológicas y sociales innatas del varón: agresividad, competitividad, violencia, autoridad, poder, control y racionalidad sin considerar su efecto en los demás.

Una vez abordé ese avión a mis 18, y me convertí en el responsable de mi vida, vi rápidamente el fracaso, la miseria moral y la flaqueza de este sentido de “hombría” que me inculcaron durante años.

¿Te diste cuenta de que no he mencionado nada sobre el sexo femenino durante ese sándwich temporal? Es evidente. Poniendo a un lado la eterna y reverente enseñanza de honrar a nuestras santas madres por ser las dadoras de la vida, el “ser hombre” en la cultura dominicana se vive a costa de lo femenino.

Se vive a costa de limitar la expresión completa e integral de Eva: lo intuitivo, lo emocional, lo sexual, lo sensible, lo potenciable y lo divino, revelando nuestra incapacidad de sostenerlo y controlarlo. Lo hacemos desde que iniciamos a sexualizar a la mujer a temprana edad: conocemos las historias de nuestros abuelos y bisabuelos intercambiando a niñas por ganado, como en celebradas representaciones de cultura popular tales como ‘Colegiala” de Alex Bueno y “Demasiado Niña” de Eddie Herrera.

Lo hacemos cuando las llamamos “locas” o “demasiado sensibles”, minimizando tanto sus sentimientos como su mundo interior; enmascarando nuestra marcada incapacidad de proteger la psique femenina con seguridad y entendimiento. Se vive desde que intentamos controlarlas a nivel económico o profesional, ya que la independencia femenina deja al descubierto nuestro temor a la irrelevancia, soledad y despropósito.

Una vez el hombre entiende que no puede “ser hombre” por medio de estos mecanismos, se revela su podredumbre interior. Solo queda reaccionar desde el temor, la violencia y la ira de la incertidumbre. Así han reaccionado y siguen reaccionando hombres sin hombría, sin dominio propio, sin un mundo interior ni principios a los cuales responder. Por causa de estos hombres, niños quedan huérfanos, madres sin hijas, mujeres sin hermanas y amigas; la sociedad sin miembros valiosos.

La mal llamada “hombría” dominicana fracasó. Fracasó la incapacidad de expresar nuestros sentimientos. Fracasó la necia competencia de cuantificar nuestra masculinidad por lo alto de nuestra voz o el body count sexual del que podamos regodearnos. Fracasó ese “liderazgo” de papel que oprime y manipula. Fracasó el minimizar los esfuerzos de mujeres que (si valoramos la meritocracia por encima de la humillante burla de la cuota de género) son mejores que muchos de nosotros.

Nos toca reeducar. Nos toca sanar desde la raíz de la familia con padres presentes, que hagan el trabajo interno. Nos toca redimir. Los hombres buenos existen en nuestro país. Simplemente no cumplen las pobres y turbias expectativas culturales de masculinidad tanto de hombres como de mujeres, y por lo tanto (al menos por el momento) no se les da la oportunidad de demostrar su valor.

Nos toca señalar y detectar. El comportamiento machista, abusivo, violento y manipulador ya es obvio. Es digno de vergüenza y de escarmiento. Es digno de burla y de desprecio. Señalemos al abusivo y machista. Señalemos al irrascible. Al manipulador y fatuo entre los hombres. Que sean de advertencia y de cuidado.

Seamos hombres desde el amor, desde la paz y la fortaleza interior. Seamos hombres fieles. transparentes. Capaces de sentir y de habitar en nuestro mundo interior. Capaces de sostener el de otros. Seamos hombres de palabra. Seamos hombres valientes para amar y para pararnos en la brecha por otros.

La culpa no es de las víctimas. Es del hombre dominicano que fracasó.