El empresariado dominicano y el trabajo flexible: un disparo en el pie

ElAvance | 17 febrero 2026

Gabriel López.
Cristiano, creativo, atleta y docente.

En pleno 2026, (en uno de los años en el cual según nuestro gobierno y los mecanismos de fiscalización financiera nacional) se perfila un crecimiento económico y un superávit laboral en nuestro país. Es impresionante ver cómo damos pasos hacia atrás como el cangrejo, al no dar pie con bola respecto al tema del trabajo híbrido.

El trabajo flexible llegó para quedarse luego de la desestabilización social del COVID-19 en el año 2020, revolucionando la manera en que el mundo ve el trabajo y sus rutinas y costumbres. No es de extrañar lo rápido que los millennials y los Gen Z adoptaron las nuevas costumbres y particularidades propias del trabajo flexible, sea híbrido o full remoto.

Está claro que tanto el Estado como la sociedad dominicana en sí presentan retos financieros, comerciales, legales, laborales y culturales en vista de la aprobación del Proyecto de Modificación de la Ley 16-92, correspondiente al Código de Trabajo. Pero tampoco se han preparado ante la realidad de que la generación millennial y la Generación Z cubrirán más del 70% de los puestos laborales en el mundo, ni tampoco de cómo nuestro país se enfrenta a una brecha experiencia-educación-oportunidades con paupérrimas calificaciones. Por eso, también está más que claro que tanto el Estado dominicano como el empresariado se han aprovechado de esta brecha y han decidido no evolucionar con los tiempos.

Hemos conocido de casos de empresas que luego de probar con data dura la capacidad de mejoría de sus operaciones con la implementación de trabajo remoto/híbrido durante el lapso de cuarentena, que aún con justificaciones sobradas que poder eficientizar sus procesos e incluso sus gastos, decidieron hacer regresar a sus empleados a sus oficinas; regresándolos a la desidia y desesperación de un día a día en una ciudad que desgasta, enferma y colapsa ante el caos generado en nuestras calles. Hemos conocido empleados cuya economía mejoró considerablemente gracias a la implementación de jornadas dobles e incluso triples desde sus casas, proveyendo servicios digitales a diversas compañías tanto nacionales como extranjeras, que prefieren una mala temporada económica con tal de no volver a emplearse presencialmente en las oficinas dominicanas.

La pregunta clave es: ¿por qué?

¿Por qué los sectores público y privado de nuestro país no reconocen la obsolescencia del estilo gerencial que nos ha definido durante décadas: en el cual el jefe tiene que “saber” dónde están sus empleados en todo momento y lugar? ¿Por qué los sectores público y privado no asumen las tareas de infraestructura y evolución de los sistemas de trabajo? ¿Por qué los sectores público y privado aún mantienen la filosofía “brick and mortar”, ya casi enterrada en los Estados Unidos?

Quizás por falta de capital o incluso de permisos estatales. Quizás por falta de personal verdaderamente capacitado. Quizás por la impotencia de la economía formal para someter la informalidad y hacerla desaparecer; a causa de los altos impuestos, la corrupción y la falta de institucionalidad empresarial. Quizás porque se dan cuenta de que si implementan estos nuevos procesos, muchos puestos “delicados” y obsoletos, cubiertos por personas cuya vida útil profesional no ha avanzado, deben desaparecer. Quizás porque no creen en el compromiso ético del empleado dominicano al ofrecerle flexibilidad en el lugar de trabajo.

Es una mezcla de posibles factores que deben conversarse. Elevo la voz para que se provean mesas de discusión ciudadana, de la mano de los sectores productivos de nuestra economía. La evolución inicia cediendo. Y estoy convencido de que el sector empresarial y comercial debe ser la vanguardia.