El Algoritmo del Miedo: Por qué el Chantaje Digital es la Nueva Pandemia Dominicana

Ruth Encarnacion | 10 enero 2026

Por: [Ariel lara ]

La soberanía de una nación ya no se defiende solo en sus fronteras físicas; hoy, la primera línea de batalla está en el ciberespacio. La República Dominicana se encuentra en una encrucijada peligrosa tras cerrar el 2024 liderando las estadísticas de fraude digital en el continente. Esta realidad no es una coincidencia, es el síntoma de una industria del chantaje que ha encontrado en la impunidad su mayor aliada.

Como bien ha señalado en diversas ocasiones el presidente Donald Trump, bajo una premisa de seguridad nacional: “Si no tienes fronteras y no tienes ley, no tienes un país”. Esta máxima cobra hoy una relevancia brutal en el mundo digital. Si no establecemos fronteras legales claras contra el cibercrimen, estamos entregando nuestra paz ciudadana a los delincuentes. Pero hay un obstáculo mayor: el cinismo de los extorsionadores que pretenden ampararse en la libertad de expresión para camuflar sus delitos.

Es imperativo trazar una línea ética y legal innegociable: el chantaje no es información y la extorsión no es opinión. La libertad de expresión es un derecho sagrado para el debate de ideas, no una licencia para el sicariato moral. Cuando se utiliza la manipulación de imágenes o la amenaza de difusión de datos privados para doblegar la voluntad de una persona o institución, se está cometiendo un crimen de coacción, no un ejercicio de prensa. Confundir ambos conceptos es un insulto a la democracia.

En este contexto, la nueva estrategia nacional de Indotel para el 2026 es un movimiento de ajedrez necesario y urgente. El órgano regulador ha sido tajante al definir la gravedad del problema:

«El Indotel ha subrayado la necesidad de enfrentar con rigor el ‘negocio de la extorsión’, señalando que la ciberdelincuencia recurre a mecanismos sofisticados como el uso de imágenes manipuladas mediante inteligencia artificial y la difusión de noticias falsas.»

Esta postura oficial debe ser el inicio de una era de «Tolerancia Cero». No basta con campañas de educación si no van acompañadas de una persecución implacable que no acepte el escudo de la «libertad de expresión» como excusa para el delito. El «negocio de la extorsión» prospera allí donde el criminal se siente anónimo e intocable. Por ello, la alianza entre Indotel, el DICAT y el Ministerio Público debe funcionar como una maquinaria de precisión que desmantele la infraestructura financiera que sostiene este terrorismo digital.

Necesitamos un marco legal que evolucione a la velocidad del algoritmo. El mensaje debe ser letal: el anonimato ha muerto y el chantaje será castigado con todo el peso del Estado. La República Dominicana tiene la oportunidad de convertirse en el muro de contención digital que el continente necesita. El miedo no puede ser el motor de nuestra red; es hora de restaurar la ley y el orden en el ecosistema digital.