De Peter Parkers y Peter Pans

ElAvance | 03 agosto 2026

Gabriel López.
Publicista y profesor universitario.

En estas dos semanas, todos amamos a Spider-Man. Sea porque somos fans del MCU, sea porque nos encontramos la película muy buena; sea porque nos identificamos con el personaje y su cimiento ético-moral. Total: tal cuál el meme, cada vez que vemos a Peter Parker solemos decir: “Soy ese”. Como los niños que buscan un héroe en el cuál reflejarse.

Pero en estas semanas en las cuáles nos debatimos si podemos hablar o no con una mujer que está haciendo ejercicio en un parque, nos debatimos la capacidad de que tienen ciertos varones de saquear un edificio en llamas, en vez de asumir su protección, donde vemos a aquellos caballeros en autoridad sentados en la altas y bajas cámaras del Estado ponerse a si mismos por delante del bien común, creo que nos reflejamos más en aquel universo ideado por J.M. Barrie… donde existe ese país donde los niños nunca crecen y donde las niñas son demasiado inteligentes para llegar.

El País de Nunca Jamás es aquel país donde van a caer aquellos niños olvidados por sus padres, que desean permanecer en la rebeldía y libertad de la infancia, donde son liderados por el Niño por excelencia, el Niño que Nunca Creció: Peter Pan.

Estoy convencido que República Dominicana es el País de Nunca Jamás.

El Peter Pan Dominicano es el espíritu de ese padre ausente, aquél que nunca asumió la responsabilidad de sacrificar su paz, su placer y sus sueños, para seguir siendo espolvoreado por ese “polvo de hadas” que es el placer que Campanita, cual etapa de vida a la cuál nos aferramos como aquella que nos define y nos permite vivir en total libertad, no deja de hacernos respirar. Al igual que los Niños Perdidos de la historia de Barrie, el Peter Pan Dominicano coloca sobre su Wendy personal (sea la epsosa, la amante, las conquistas) la necesidad de la aprobación femenina en la figura de la madre, reflejando sus inseguridades y vacíos que los que no ha podido adueñarse hasta hoy.

El Peter Pan Dominicano se engaña a si mismo, ya que cree que es un hombre. Pero creo que estamos ya bastante avanzados en materia de salud mental, espiritualidad y desarrollo personal para saber que el hombre verdadero no es aquel que más tolera el alcohol, ni aquel que colecciona conquistas femeninas. Tampoco lo es aquel que amasa fortuna y es capaz de mostarla con ínfulas de poder, autoridad e influencia. El hombre no es aquel que posee el auto, la casa, la discolai, la empresa, la esposa trofeo…

“Pero Gabriel, el hombre debe de ser proveedor… ¿no ves que nos atacan por ganar 40,000 pesos?”

“Pero Gabriel, el hombre es lo que hace, ya que nunca es amado por lo que es…”

“Pero Gabriel, eso fue lo que vi a mi padre y a mi abuelo hacer, nunca nos faltó nada…”

Claro. Porque hemos aprendido que la hombría se limita a la mera provisión. Y es el sistema que nos ha sostenido económica y socialmente a través de décadas de historia nacional.

A causa de esta imperceptible falacia, estamos rodeados de hombres sin capacidad de asumir nunguna responsabilidad pero exigiendo los privilegios y la autoridad que conlleva el etiquetarse como hombre.

Aristóteles no se equivocaba cuando enunciaba que la virtud es el epítome de la felicidad del hombre: “la virtud es la mejor disposición, modo de ser o facultad de todo lo que tiene un uso o función; siendo la función de cada cosa es su fin”. Y ciertamente parece ser que hemos olvidado la función del hombre como creación y representante de Dios en la tierra; donde su papel no es solo proveer; tarea burda y morbosa a la que la sociedad lo ha denigrado, ya que no se espera que provea como reflejo de su liderazgo y autoridad, sino como una débil persecución de la validación y respeto, no solo de una mujer, sino de la sociedad.

Solo los niños exigen derechos, autoridad, confianza y poder sin asumir la responsabilidad de sus acciones. Y esto se nota. ¿No nos iría mejor si decidimos abrir las manos hacia la responsabilidad, así como un trendy Peter Parker? Si, ese Spider-Man que asumió la responsabilidad que atribuía a su poder; de no hacer nada por ambición egoísta o vanidad, sino con humildad considerando a los demás como superiores a uno mismo; velando no solo por sus intereses sino por el de los demás.

Esta es una verdad oculta por el ruido de las mentiras que hemos escuchado y repetido: pero el hombre obtiene mucho más de lo que asume y decide representar que de aquello que exige y desea disfrutar. Admiramos a Spider-Man: sus poderes , fuerza y capacidad, pero seguimos olvidando la moraleja de la historia una y otra vez: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y hoy más que nunca: ser hombre es un gran poder que hemos desperdiciando y despreciado, porque estamos conscientes de que el serlo de verdad conlleva la mayor responsabilidad de todas: presidir, liderar, proteger y (por supuesto) proveer; poniendo las necesidades y el bien colectivo de nuestra familias y allegados por encima del nuestro propio.

Se Peter Parker. De verdad. No por trend, no por fandom. Sino como ejemplo. No intentes llenar las expectativas de repetidores de eco de redes sociales que proyectan sus inseguridades, carencias y traumas para validarse a ellas mismas. No proveas para ser amado o admirado. No lideres para ser aplaudido. No seas Peter Pan. No te dejes vencer por la presión social, el desprecio ni las expectativas irreales que te lleven a vivir egoístamente sin ofrecerte y derramarte por tu familia, allegados y tu comunidad. No huyas de la responsabilidad como un niño que no quiere crecer, cuando sabes que tu corazón late y arde por retos, metas, oportunidades, crecimiento, desarrollo, gloria y honor.

Peter Pan nunca asumió ninguna responsabilidad, y es eternamente recordado como lo que eres cuando vives para ti; eso que te regodeas que no eres, pero que muy en el fondo: sabes que es tu verdadera identidad.