De las mesas de valores a la ética pública: el camino de Dominicana se transforma

Lesly Mota | 23 julio 2026

Por Lesly Mota

Hay algo particularmente cómodo en hablar de los problemas de una sociedad en plural. Cuando se dice que los jóvenes han perdido los valores, que las familias ya no educan como antes o que las instituciones no funcionan. Son diagnósticos colectivos que, aunque muchas veces parten de preocupaciones legítimas, pueden hacer olvidar un detalle elemental: detrás de cada familia, comunidad e institución hay personas tomando decisiones.

Es más fácil hablar de “la sociedad” que detenerse a pensar en la parte de ella que cada individuo reproduce diariamente con su propia conducta. Por eso resulta tan interesante la lógica detrás de Dominicana se Transforma. No porque pretenda cambiar el país mediante una fórmula inmediata, sino porque ha decidido comenzar una meta tan ambiciosa desde su unidad más pequeña: la persona.

En una época en la que señalar se ha vuelto casi un ejercicio cotidiano y las redes sociales han perfeccionado la capacidad para identificar la equivocación ajena, la iniciativa propone un movimiento distinto: mirar primero hacia dentro.

El yo” como punto de partida

En 2021, República Dominicana se incorporó a Transformación País, iniciativa impulsada por la Maxwell Leadership Foundation, fundada por el reconocido especialista en liderazgo John C. Maxwell. El país se convirtió en el cuarto en abrazar esta visión, bajo la convicción de que la transformación colectiva puede comenzar con el crecimiento individual.

En territorio dominicano, esa filosofía tomó forma a través de Dominicana se Transforma y una ruta de programas que, con los años, ha alcanzado jóvenes, familias, escuelas y espacios vinculados a la ética y el liderazgo.

La aspiración es enorme. La estrategia, curiosamente, comienza en pequeño.

Las Mesas de Transformación reúnen semanalmente a grupos reducidos para trabajar valores como el compromiso, la autoconfianza, la responsabilidad, el perdón, la iniciativa, la escucha y la integridad. El facilitador no ocupa el lugar de una autoridad encargada de corregir a los demás; conduce la conversación y participa desde su propia experiencia. Cada sesión termina con un paso de acción concreto.

La transformación deja de plantearse como una lección que alguien recibe y comienza a entenderse como una responsabilidad que cada persona decide asumir.

 Decidir antes de liderar

En 2022, el proyecto amplió su mirada hacia la juventud con YoLidero, estructurado en tres etapas: YoDecido, YoHago y YoLidero. La primera conecta los valores con el liderazgo; la segunda lleva esos principios hacia la acción y la tercera trabaja la influencia sobre otros.

El orden resulta particularmente coherente: primero decidir, después hacer y solo entonces liderar.

Mucho antes de dirigir un equipo, asumir una función pública o tener personas bajo su responsabilidad, un individuo ya construye, mediante pequeñas decisiones, la forma en que ejercerá influencia sobre los demás. Desde esa perspectiva, el liderazgo no comienza con un cargo, sino con el criterio personal.

La iniciativa también cuenta con YoLidero Junior, dirigido a niños y preadolescentes, con recursos narrativos como Las aventuras de Jacinto, el guacamayo azul.

Cuando la transformación necesita un entorno

Ninguna persona se desarrolla completamente aislada de aquello que la rodea. Los valores se trabajan de manera individual, pero encuentran en la convivencia diaria una de sus formas más poderosas de fortalecerse.

Por eso, en 2023, Dominicana se Transforma amplió su alcance con La Familia se Transforma, un programa que posteriormente llegó al sistema educativo como La Familia se Transforma desde la Escuela. Padres, madres, docentes y equipos de gestión fueron integrados a procesos enfocados en liderazgo y habilidades socioemocionales.

Una de las ideas del material dirigido a las familias resume con sencillez el enfoque: “Vivo lo que quiero ver en mi hijo”.

La frase reconoce la fuerza del ejemplo. La transformación de un joven adquiere mayor sentido cuando el entorno que lo acompaña también está dispuesto a revisarse, aprender y crecer.

En marzo de 2024, el Ministerio de Educación y Dominicana se Transforma formalizaron una alianza para impulsar el programa desde centros educativos públicos, con el auspicio de la Maxwell Leadership Foundation. Según la memoria institucional del Minerd, 9,944 padres y madres participaron ese año en las sesiones formativas.

Una metodología que comenzó alrededor de pequeñas mesas había logrado entrar en contacto con miles de familias. La persona seguía siendo el punto de partida, pero su espacio de influencia comenzaba a ampliarse.

Marie Rodríguez y el valor de construir puentes

Ningún proyecto se multiplica solo. Una buena metodología puede tener valor y, aun así, permanecer durante años entre las mismas personas que ya creen en ella. Para crecer hay que construir puentes.

En ese proceso, María Denise Rodríguez ocupa una posición relevante como directora de Relaciones Institucionales de Dominicana se Transforma. Su labor se desarrolla precisamente en el punto donde la filosofía del proyecto necesita encontrarse con instituciones capaces de multiplicar su alcance.

Rodríguez ha representado a la organización en procesos junto al Ministerio de la Juventud y en la agenda vinculada a los Embajadores Provinciales de la Ética, jóvenes seleccionados para promover valores e integridad desde sus comunidades. Durante el segundo Congreso Nacional de Ética y Juventud explicó el proceso de selección de estos representantes y, en 2026, participó en las reuniones preparatorias de la tercera edición.

Es un trabajo que rara vez ocupa el centro del escenario. Está en las reuniones y los acuerdos previos que hacen posible que una iniciativa encuentre espacios de mayor alcance. Sin embargo, ayuda a explicar cómo un proyecto construido desde grupos pequeños terminó dialogando con el sistema educativo y con instituciones de alcance nacional.

De los valores a la ética

En 2026, Dominicana se Transforma dio un nuevo paso con el recurso Ética y liderazgo en ocho pasos, basado en contenidos de John C. Maxwell sobre ética y liderazgo y utilizado con autorización de Guatemala Próspera.

Después de observar el recorrido de la organización, el enfoque sobre ética parece una evolución natural. Si primero se trabaja la decisión individual, luego la acción y posteriormente la influencia, llega un momento en que es necesario observar qué ocurre cuando esas decisiones afectan a otras personas.

El manual busca fortalecer la ética, la eficiencia y la vocación de servicio en distintos espacios de responsabilidad pública. Entre sus planteamientos aparece una frase que resume con precisión la filosofía que ha acompañado al proyecto: “cada señalamiento debe ir acompañado de una contribución”.

La idea no pretende restar valor a la crítica. Lo interesante está en lo que exige después: reconocer qué puede aportar cada persona desde el espacio que ocupa.

La contribución puede comenzar en la manera de cumplir una responsabilidad, administrar un recurso, tratar a quienes dependen de una decisión o ejercer influencia. La ética, entonces, deja de ser únicamente un concepto y se acerca al lugar donde realmente adquiere sentido: la conducta.

Una conversación que también ha crecido

La ética ha ganado, paralelamente, mayor espacio dentro de la agenda juvenil dominicana.

En 2023 se celebró el primer Congreso Nacional de Ética y Juventud, organizado por el Ministerio de la Juventud, con la participación de más de 400 jóvenes. De aquella edición surgió la propuesta de crear una red de jóvenes guardianes de la ética, idea que posteriormente avanzó hacia los Embajadores Provinciales de la Ética.

En 2025, el segundo Congreso reunió a más de 500 jóvenes y centró la conversación en la ética y el liderazgo juvenil. Para 2026, la tercera edición amplió la discusión hacia la transparencia, la responsabilidad social y el liderazgo basado en valores.

Dominicana se Transforma ha formado parte de esta agenda y Rodríguez ha participado en procesos de articulación vinculados a los Embajadores de la Ética y a la coordinación del tercer encuentro.

El recorrido de los congresos y la evolución del proyecto parecen encontrarse en un mismo punto: llevar la ética fuera del discurso y acercarla a las decisiones de quienes ejercen influencia.

Comenzar por donde sí se puede actuar

Transformar una cultura es una aspiración inmensa. No ocurre mediante un programa, un manual o tres congresos, ni depende del trabajo de una sola organización. Los cambios culturales requieren tiempo, continuidad y personas capaces de sostenerlos.

Pero hay algo especialmente valioso en la forma en que Dominicana se Transforma ha decidido aproximarse a ese desafío. En lugar de mirar al país como una masa imposible de mover, comienza con la persona.

Después observa al joven y sus decisiones, integra a la familia, reconoce la influencia de la escuela y lleva la conversación hacia la ética y el liderazgo. La ruta tiene sentido porque la transformación individual no se presenta como un acto aislado de crecimiento personal; adquiere valor cuando alguien regresa a sus espacios cotidianos y comienza a influir desde el ejemplo.

Una persona no puede transformar sola a República Dominicana. Pero sí puede cambiar la manera en que ocupa su espacio dentro de ella: decidir mejor, actuar con mayor coherencia e influir positivamente sobre quienes la rodean. Y cuando existen personas dedicadas, como Marie Rodríguez, a construir los puentes para que esa visión encuentre alcance institucional, una idea nacida alrededor de una mesa puede llegar mucho más lejos.

Vista de esa manera, comenzar por el individuo no parece una estrategia demasiado pequeña frente a una meta tan grande. Parece, sencillamente, un lugar bastante lógico para empezar.