Cristianismo Pop

ElAvance | 31 mayo 2026

Gabriel López.

Ser cristiano está de moda y es cultura pop.

Nuestra pasión y búsqueda de significado justifica esa vieja verdad de que nuestras almas siempre anhelan un objeto de adoración.

Lo vemos en las redes sociales, en nuestra expresión coloquial, en nuestra manera de tentar la suerte y cargar a Dios con los resultados de nuestras decisiones. Lo vemos en las supersticiones familiares, en los clamores de justicia, y en las postalitas de las voladoras. Lo vemos en el colmado que inicia todas sus jornadas con el eterno playlist de Jesús Adrián Romero, Marcela Gándara y Lilly Goodman, a pesar y a sabiendas de la corrupción y desenfreno que se vivió en el mismo establecimiento unas pocas horas antes.

El dominicano se enorgullece de tener la Biblia en su escudo. Apela a su mística frente a huracanes y tragedias como un amuleto. Se “santígua” y depende de sus santos y vírgenes, mantiene el Salmo 23 siempre a la mano, manda los versos junto a los buenos días por los grupos de WhatsApp, y comparte todos los reels del pastor (o pastora) de moda…

Hasta que le toca brindar el beneficio de la duda y ofrecer gracia.

Esto lo vemos cuando una celebridad muestra su humanidad al reconocer que busca algo mucho más allá que la fama y el dinero. Para el dominicano: “es una pantalla”.

Lo vemos en la figura pública femenina con historial público de desenfreno, hipersexualización y relaciones abusivas al pasar la página. Para el dominicano (especialmente el hombre mediocre y machista): “ella sigue siendo un cuero”.

Lo vemos en el penitente recurrente que intenta una vez más limpiar su camino y aceptar el perdón que silenciará la voz de la culpa en su corazón. Para el dominicano, “todos los cristianos tapan algo”.

Es fascinante ver que: tenemos la Biblia en el escudo. Existen aproximadamente 16,500 congregaciones protestantes legalmente establecidas en República Dominicana (sin contar las comunidades católicas). Los evangélicos forman el 30% de la población nacional…

Y aún no entendemos nada.

No entendemos de redención. No entendemos de segundas y milésimas oportunidades. No entendemos al Jesús que no condenó a la adúltera, sino que la llamó a no pecar más. Pero parece que el cristiano no ayuda a que este mensaje llegue porque su propia vida hace que pierda credibilidad y reputación. Parece ser que el cristiano no impacta con su vida; lo que valida la base de mi tesis: el dominicano ha estado tan permeado de cultura “cristiana” que incluso sin serlo, pretende saber cómo ser “mejor cristiano” que aquel que si intenta serlo, al punto de esperar verlo caer.

El evangelio es mucho más directo y escandaloso como para permanecer como mera “cultura pop” dominicana. Entra y rompe las intenciones del corazón y transforma de adentro hacia afuera. En cierto sentido, qué bueno que esté llegando a ser tendencia y moda y que celebridades sean los primeros abanderados de exponer el mensaje y sus testimonios personales para que otros puedan escuchar. Pero esperemos ver la esencia: vidas transformadas, verdadero impacto social, justicia y gracia para todos; cosas que no se ven en un post aesthetic de Instagram.

Porque vivir como cristiano no tiene nada de aesthetic: es valentía, es muerte al ego y a los deseos impulsivos. Es elevarse por encima de la desesperación y vivir por fe, creyendo en Aquél que vino, murió, resucitó al tercer día y volverá; prometiendo vidas nuevas, sal y luz en un mundo que se dirige a la oscuridad.

Para el dominicano, el “yo no he robado ni matado” es nuestro cheque en blanco ante el Banco de la Redención en el Último Día. Veremos a cuántos les rebotará.