Al mercado dominicano de salud parece que está por darle fiebre

ElAvance | 15 septiembre 2026

Dos controversias sobre la distribución de recursos entre las ARS y la concentración de las compras hospitalarias advierten sobre posibles desequilibrios cuyos mayores costos podrían terminar pagando los pobres y la clase media.

Por el periodista, Carlos Del Pozo

Hay síntomas que conviene atender antes de que aparezca la fiebre. Dos reclamos surgidos casi simultáneamente obligan a observar con cuidado lo que está ocurriendo en el sistema dominicano de salud.

Por un lado, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos cuestiona el nuevo método de distribución de recursos entre las Administradoras de Riesgos de Salud y, por otro, organizaciones farmacéuticas advierten sobre las consecuencias de concentrar al menos el 80 por ciento de determinadas compras de medicamentos e insumos de los hospitales públicos en PROMESE/CAL y LABOQUIDOM.

Parecen controversias diferentes, pero ambas inciden sobre dos pilares del sistema: financiamiento y abastecimiento.

La Resolución 624-02 del Consejo Nacional de Seguridad Social establece un per cápita diferenciado para distribuir recursos entre las ARS tomando en consideración variables como edad y sexo de los afiliados.

La lógica procura ajustar el financiamiento al riesgo, debido a que no todos los grupos demandan la misma cantidad de servicios, sin embargo, la Comisión sostiene que la medida podría afectar la protección de cerca de un millón de dominicanos y acudió ante el Tribunal Constitucional.

Más allá de la controversia jurídica, la pregunta verdaderamente importante es qué consecuencias podría tener la redistribución sobre los afiliados.

Si una ARS recibe recursos que considera insuficientes para cubrir el riesgo de su cartera, podría intentar compensarlo reduciendo costos, ajustando redes de prestadores o encareciendo planes complementarios.

No significa que necesariamente ocurrirá, pero constituye un riesgo que las autoridades deberían despejar con información actuarial suficiente y mecanismos efectivos de compensación y supervisión.

La clase media asalariada sería particularmente vulnerable porque cotiza todos los meses, aunque una enfermedad grave puede superar rápidamente su capacidad económica.

El segundo síntoma aparece precisamente donde se atiende buena parte de la población con menores ingresos.

La Asociación de Representantes, Agentes y Productores Farmacéuticos y la Asociación de Industrias Farmacéuticas Dominicanas han expresado preocupación por la concentración de las adquisiciones hospitalarias.

Centralizar compras no es necesariamente perjudicial, pues el volumen puede permitir mejores precios, controles y planificación, pero una concentración elevada también aumenta la dependencia de pocos canales de suministro.

El peligro está en perder capacidad de reacción. Si el proveedor principal enfrenta retrasos, inventarios insuficientes o indisponibilidad de un medicamento, el problema podría reproducirse simultáneamente en numerosos hospitales.

Por eso, una política de compras centralizadas necesita mecanismos ágiles de excepción que permitan acudir inmediatamente a otros suplidores cuando exista desabastecimiento o esté comprometida la continuidad de un tratamiento.

Ahorrar recursos públicos es importante, pero garantizar medicamentos al paciente lo es todavía más.

La fiebre podría aparecer si ambos síntomas terminan coincidiendo. De un lado, aseguradoras sometidas a nuevas presiones financieras y, del otro, hospitales públicos con menor flexibilidad para abastecerse.

El resultado podría traducirse en mayores restricciones, tiempos de espera y gastos directos para las familias.

Cuando eso ocurre, quienes primero sienten el impacto son precisamente quienes menos capacidad tienen para pagarlo.

República Dominicana necesita continuar corrigiendo las distorsiones de su sistema sanitario, pero cada decisión debe evaluarse también por sus efectos sobre las demás piezas.

El CNSS, el Servicio Nacional de Salud y los actores privados tienen una oportunidad para transparentar los estudios, escuchar las advertencias y establecer salvaguardas antes de que aparezcan problemas mayores.

En salud, atender los síntomas a tiempo siempre será menos costoso que esperar a que suba la fiebre.