Al Horford, mucho más que un atleta de élite 

ElAvance | 23 marzo 2026

Rafael Faneyte

El año 1986 sería un año histórico para Puerto Plata y República Dominicana. Nacía un niño, hijo de un estelar baloncestista y una destacada periodista apasionada por el deporte. Uno que luego se convertiría en un joven lleno de sueños y más tarde en un hombre repleto de éxitos.

Se convertiría en bicampeón del baloncesto universitario de Estados Unidos, iniciando un recorrido que lo llevó a ser, en su momento, el latino mejor seleccionado en el draft de la NBA.No conforme con eso, como jugador profesional, llevó su liderazgo a niveles pocas veces vistos y se ganó el respeto y admiración de sus iguales en la mejor liga del mundo.

Los que dirigen el juego, jefes de oficinas y banquillos, analistas y entendidos, destacaron su alto nivel competitivo, pero sobre todo su ética de trabajo, responsabilidad, compromiso y pasión por el juego.

Pero las cosas no terminan ahí, tras más de cinco lustros jugando al más alto nivel, fue vital para convertir su equipo en la franquicia más ganadora de la historia de la NBA, rompiendo el empate que mantenían en la cima por el puesto.

Pero amén de sus estadísticas, récords, méritos y reconocimientos dentro de la duela, el personaje del que hablamos ha tenido un mucho mejor desempeño, así es, aún mejor, fuera de las canchas. Donde no hay luces, ni cámaras, ni flashes, ni gente viendo de cerca lo que haces bien o mal. En el momento donde aflora la integridad y los valores, ha pasado con A+ como calificación.

Diecinueve años compitiendo con la élite, siendo figura mediática y ganando cientos de millones de dólares, no opacan una vida privada impoluta, pulcra y ejemplar. A pesar de que vivimos en una sociedad que deshumaniza a los atletas, ha sabido formar un hogar de ensueño, sin ruidos, con una familia hermosa, donde su relación de esposo, padre e hijo es un ejemplo para cualquier otro ser humano sobre la faz de la tierra.

Pero, además, y como si fuera poco, es un hombre que está al pendiente de las situaciones y necesidades por las que afrontan sus coterráneos. A pesar de vivir y trabajar a miles de kilómetros de distancia, en medio del lujo, fruto de su talento y esfuerzo tesonero, siempre tiende su mano amiga o simplemente alza su voz para llevar esperanza y solución a quienes lo necesitan.

La extraordinaria reputación ganada, su solidaridad, disciplina, liderazgo, apego familiar y compromiso social, convierten a nuestro Al Horford en muchísimo más que un atleta de élite.