¡Aceite ei’ loco!

Max Herrera | 26 febrero 2026

Existe un ingrediente que no se compra en el colmado, no aparece en la despensa y tampoco necesita fecha de vencimiento. No es exactamente de cocina, pero "sazona" cualquier circunstancia. Es una filosofía de vida comprimida en tres palabras que funcionan como escudo emocional ante la adversidad: “¡Aceite ei’ loco!”.

En un país donde lo imprevisto es casi rutina, donde te prometen algo hoy y mañana te quieren vender espejitos por oro… esta expresión funciona como una especie de lubricante social. Evita discusiones innecesarias, suaviza tensiones y, sobre todo recuerda que, aunque sepas que tienes la razón en un choque de ideas, dejar que los ataques y las falacias te "resbalen", muchas veces alarga tu vida.

9 de cada 10 psicólogos recomiendan esta peculiar "máxima", este "modus vivendi" que no lo enseñan en ninguna universidad, pero sí se aprende en los momentos verdaderamente difíciles.

Porque es aquí, en esta media isla de fantasías que cobran vida a cada rato y donde los imprevistos de la vida nunca avisan, que uno aprende a reflexionar y ver las cosas distintas… cuando el carro se niega a prender cuando te van a dar un ascenso o tienes una cita importante, la lluvia cae justo cuando tendiste la ropa, el gas se acaba cuando haces un café y así por el estilo.

Y es que se vuelve obligatorio asumir esta actitud para el que quiere llegar a viejo en esta eterna selva de asfalto; reduce la presión arterial y te evita "fracasar". Afloja la mandíbula apretada. Desactiva el impulso de tirar el celular contra la pared. Es un “reset” emocional propio de la sabiduría criolla.

Así que si hoy, el día te salió respondón, si el café se derramó sobre la camisa blanca o si el WiFi decidió meditar en silencio justo en plena reunión virtual… ya tú sabes, respira, mira al cielo. Ajusta los lentes y la corbata imaginaria… Yaceite, ei’ loco.