A 7 meses de la tragedia del Jet Set: 236 fallecidos, juicio a propietarios y el lamento que persiste

Max Herrera | 08 noviembre 2025

Santo Domingo.- Hoy se cumplen siete meses del colapso del techo de la discoteca Jet Set, ocurrido en la madrugada del 8 de abril, un hecho que transformó una noche de celebración en una de las mayores tragedias registradas en el país. El siniestro dejó 236 personas fallecidas y más de 180 heridas, marcando profundamente a la sociedad dominicana.

Hoy, el dolor persiste. Se recuerda que en los días posteriores al colapso, el país vivió jornadas de luto oficial, mientras familiares, amigos y ciudadanos expresaban su consternación ante la magnitud de la tragedia. El escenario también se trasladó a los tribunales, donde se inició el proceso judicial contra los accionistas de la discoteca.

El Ministerio Público presentó este viernes una acusación formal y requerimiento de apertura a juicio en contra de los propietarios, los hermanos Antonio y Maribel Espaillat. Previo a esto, la jueza Fátima Scarlette Veloz Suárez impuso medidas de coerción a los hermanos Espaillat, incluyendo una garantía económica de RD$50 millones, impedimento de salida y presentación periódica. Sin embargo, el Ministerio Público ha anunciado que apelará buscando sanciones más estrictas.

Paralelamente, más de 40 personas afectadas directa o indirectamente por el colapso firmaron acuerdos de “descargo y desistimiento” con Antonio Espaillat y la empresa Inversiones E & L, S.R.L. Estos acuerdos incluyen pagos en concepto de compensación por gastos médicos y daños sufridos. Entre los firmantes figuró en su momento Zulinka Pérez, hija del fallecido merenguero Rubby Pérez, quien recibió indemnización en calidad de integrante de la orquesta de su padre.

Los familiares y amigos de las víctimas mantienen vivo el recuerdo con visitas constantes al epicentro de los hechos, donde aún se perciben las huellas del siniestro y el lamento humano. Flores, fotografías de los fallecidos y mucho llanto de quienes se detienen a lamentar a familiar o simplemente a curiosear, en silencio, son testimonio de la herida que persiste.