La Dignidad Humana: Un Servicio Premium

ElAvance | 17 abril 2026

Gabriel López.

Los dominicanos hemos navegado las crueles olas del mar de la segregación y discriminación de clases en múltiples balsas: educación, contactos, política, negocios, beisbol, chapeo, música urbana, familia, lotería, drogas, corrupción… con tal de llegar a la orilla de una isla llamada Dignidad. La leyenda cuenta que en esta isla Dignidad se trata a todos de manera igualitaria, se respeta el orden y las prioridades, el servicio es humano, decente y condescendiente a las necesidades de todos y se respeta y honra los estatus sociales con honor y justicia.

Esta Dignidad es mucho más deseada que el famoso One Piece, ya que le asegura a cualquiera que la busque y pueda encontrarla calidad de vida, tiempo, tranquilidad y salud mental en una sociedad que no se detiene ni un segundo a considerar las realidades sociales tanto comunitarias como individuales y que solo ofrece estas comodidades a un grupo privilegiado de personas que es capaz de pagar por ellas.

Todos conocemos un servicio premium: sistemas de citas electrónicos; salas de espera con café, te y agua y una muchacha decente y de buena presencia que nos recibe con una sonrisa; una recepción puntual y atenciones acorde a la calidad del profesional que nos ofrece ese servicio; servicios de transporte personal de lujo; restaurantes con reservaciones, salas de lactancia materna… en fin: espacios donde la dignidad humana se da el lujo de presentarse y exponer calma, serenidad y soluciones en la vida de los usuarios que la demandan.

¿Es acaso la dignidad un servicio premium?

¿Debe ser la regla que el dominicano tenga que desvelarse para ser atendido en un hospital? ¿Es justo recibir un servicio inmoral, inmaduro e ignorante de jovencitas maleducadas y hartas de la miseria a la que se exponen para recibir un sueldo mínimo y vituperios de las mismas personas a las que está llamada a servir (aquí entendemos que si bien ellas no tienen la culpa del sistema quebrado, sí es su responsabilidad crecer éticamente para servir mejor)? ¿Es acaso normalizado ser tratados como ganado cuando utilizamos cualquier servicio de transporte, sea público o sindicalizado? ¿Es nuestro destino estar sometidos bajo las exigencias de los “musicólogos”, bares de hookah, discotecas abiertas a deshoras y cualquier otro generador de ruido?

¿Acaso tendremos que pagar más para vivir dignamente?

La dignidad humana es propiedad privada, y los propietarios saben que sus principales clientes pagarían lo que sea para obtenerla, creando un círculo vicioso de deudas, expectativas irreales, “echavainismo” y arrogancia… náufragos en el mar de la segregación y la discriminación.

¿En cuál balsa estás tu montado, intentando llegar a la orilla?