Me OPONGO

ElAvance | 25 marzo 2026

Hubo un tiempo en que una frase resonaba constantemente en mi entorno laboral:

“Me opongo”.

La repetía una compañera de trabajo, casi como un reflejo automático, atribuyéndosela incluso a nuestro jefe, como si así adquiriera más peso, más legitimidad.

“Me opongo”.

Recuerdo que, en más de una ocasión, le pregunté con genuina curiosidad:

¿Por qué te opones, si ni siquiera conoces la idea ni cómo se pretende desarrollar el plan?

Con el tiempo comprendí que aquella frase no era una postura crítica ni una defensa de principios. Era, más bien, un mecanismo de protección. Una forma de resguardar su estabilidad laboral y, quizás también, su salud mental. En ese espacio, pensar diferente tenía un costo. Proponer algo nuevo era casi un acto de osadía. La innovación no era bienvenida, porque algunos —herederos invisibles de pequeños tronos de poder— no toleraban que una idea brillante naciera fuera de sus propias mentes.
Pero no escribo para hablar de ellos.
Esa escena solo fue el punto de partida.
Hoy escribo porque yo también digo:

Me opongo.

Pero no desde el miedo… sino desde la conciencia.

Me opongo

Al clientelismo político
Porque no construye líderes: fabrica dependencias.
Porque eleva a quienes dominan el intercambio de favores por encima de quienes tienen vocación de servicio.
Porque distorsiona la democracia y convierte la dignidad en moneda de cambio.

Me opongo

A la educación sin formación
A esa educación que delega en la escuela lo que nace en el hogar.
A la crianza ausente que pretende ser sustituida por sistemas educativos que, en muchos casos, también arrastran sus propias limitaciones.
Educar no es solo instruir.
Formar es sembrar valores, cultivar criterio, desarrollar humanidad.
Sin formación, la educación se convierte en un cascarón vacío.

Me opongo

A la farándula que degrada
A la que confunde visibilidad con valor.
A la que trivializa la dignidad, especialmente la de la mujer, reduciéndola a un objeto de consumo.

Me opongo

también a que los verdaderos profesionales de la comunicación tengan que negociar su integridad para ocupar un espacio.
Porque cuando el talento necesita pedir permiso para existir, algo está profundamente mal.
Me opongo a la injusticia social.
A los rostros marcados por el hambre que son utilizados como estrategia emocional.
A las dádivas que no dignifican, sino que perpetúan la dependencia.

Me opongo a una sociedad que recuerda a sus más vulnerables cada cuatro años, y los olvida el resto del tiempo.

A esa memoria selectiva que se activa con promesas… y se apaga con resultados.
Me opongo al silencio
Porque callar, cuando se tiene conciencia, es una forma de renuncia.

Hace mucho aprendí a quererme.
Y en ese proceso entendí que amarse también implica defender la voz propia, incluso cuando incomoda, incluso cuando no encaja.
Me opongo a quedarme callada.
Me opongo a normalizar lo que duele.

Me opongo a aceptar lo inaceptable.
Y, sobre todo, me opongo a olvidar que somos responsables de la sociedad que construimos… o que permitimos.

Porque decir “me opongo” no debería ser un acto de resistencia silenciosa,
sino un compromiso activo con la transformación.

Arelis García López
Terapeuta Familiar y Educadora
CEO de GARLOP EDUCATION WORLD