Etiquetado Frontal: El derecho a saber para evitar males como la obesidad o la diabetes

Ruth Encarnacion | 19 marzo 2026

Santo Domingo, RD.-En cada colmado, supermercado o cafetería escolar del país, millones de dominicanos toman decisiones alimentarias en cuestión de segundos. Un refresco, una galleta, un embutido, un cereal azucarado. Lo que parece una elección cotidiana e inofensiva podría estar vinculada, silenciosamente, al aumento sostenido de la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas que hoy golpean con fuerza a la población.

Las cifras son contundentes y preocupantes. De acuerdo con el World Obesity Atlas 2025, el 68 % de los adultos dominicanos presenta un índice de masa corporal elevado, es decir, sobrepeso u obesidad. De ese porcentaje, un 32 % ya padece obesidad. La situación no es menos alarmante en la niñez y la adolescencia: entre los escolares de 6 a 18 años, se estima que el 16.2 % tiene sobrepeso y el 13.1 % obesidad.

La obesidad no es solo un asunto estético. Está estrechamente relacionada con enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y los problemas cardiovasculares. La República Dominicana enfrenta una de las tasas más altas de diabetes en la región. Según datos del Instituto Nacional de Diabetes, Endocrinología y Nutrición (INDEN), el 13.45 % de la población está afectada. Estimaciones recientes elevan la cifra a alrededor de un 14 % diagnosticado con diabetes, mientras que un 9.3 % se encuentra en condición de prediabetes.

Más preocupante aún es que un 2.35 % de los dominicanos desconoce que vive con la enfermedad, lo que incrementa el riesgo de complicaciones graves al no recibir diagnóstico ni tratamiento oportuno. La República Dominicana figura entre los países de América Latina con una de las tasas más altas de diabetes, configurando un escenario de salud pública que exige respuestas estructurales.

Ante este panorama, surge con fuerza el debate sobre el etiquetado frontal de advertencia en los alimentos procesados y ultraprocesados.

¿Qué es el etiquetado frontal?

El etiquetado frontal de advertencia es una herramienta de información que coloca avisos claros y visibles en la parte delantera de los envases de alimentos y bebidas procesadas. Su objetivo es que el consumidor identifique de manera rápida y sencilla cuando un producto contiene niveles elevados de nutrientes que, en exceso, representan un riesgo para la salud.

A diferencia de la tabla nutricional tradicional, ubicada generalmente en la parte posterior del empaque y que requiere tiempo y conocimientos para interpretarse, el etiquetado frontal utiliza símbolos llamativos, como sellos negros en forma de octágono, acompañados de frases como “Exceso de azúcar”, “Exceso de sodio”, “Exceso de grasas saturadas” o “Exceso de calorías”.

Estos sellos permiten que cualquier persona, sin necesidad de conocimientos técnicos, pueda tomar decisiones informadas en cuestión de segundos.

El proyecto de ley

En el Congreso Nacional cursa un proyecto de ley que busca establecer de manera obligatoria este sistema de advertencias en el país. La diputada Soraya Suárez ha impulsado activamente la iniciativa como parte de una agenda más amplia de seguridad alimentaria y salud pública.

Soraya Suarez

La legisladora explicó a El Avance Media que el proyecto plantea que los productos ultraprocesados que superen los límites establecidos de azúcares, sodio, grasas saturadas o calorías deban incluir sellos visibles en la parte superior frontal del envase. Estos parámetros se determinarían por cada 100 gramos o 100 mililitros, tomando como referencia estándares internacionales.

La ley exigiría que los sellos tengan un tamaño proporcional al envase para garantizar su visibilidad y que no estén acompañados de elementos gráficos que dificulten su lectura. Además, contempla restricciones a la publicidad dirigida a niños cuando los productos contengan advertencias, evitando el uso de personajes infantiles o estrategias de mercadeo que puedan incentivar su consumo en menores.

El proyecto también establece un período de adaptación para que las empresas puedan reformular productos o rediseñar sus empaques antes de la entrada en vigencia de la normativa.

Productos que incluiría

La propuesta abarcaría alimentos y bebidas procesadas y ultraprocesadas envasadas, como refrescos, jugos artificiales, snacks, embutidos, galletas, cereales azucarados y otros productos industrializados. No incluiría alimentos frescos o naturales sin procesamiento.

El enfoque principal está en los productos que forman parte del consumo diario y que, muchas veces, contienen altos niveles de azúcar, sal y grasas sin que el consumidor lo perciba claramente.

Respaldo y enfoque institucional

La iniciativa ha contado con respaldo de sectores vinculados a la salud pública, sociedades médicas, nutricionistas y organizaciones de defensa del consumidor. Desde el ámbito gubernamental, autoridades del Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Agricultura y la Comisión de Alimentación del Congreso han mostrado interés en políticas orientadas a reducir la obesidad infantil y mejorar los hábitos alimentarios.

Asimismo, el proyecto se vincula con otras propuestas como la regulación de la alimentación escolar, promoviendo que las cafeterías de los centros educativos no vendan productos ultraprocesados con altos niveles de nutrientes críticos.

Retos y resistencia empresarial

No obstante, el proyecto no ha estado exento de controversias. Sectores empresariales han expresado preocupación por el posible impacto económico de la medida, argumentando que podría afectar la comercialización de productos procesados y ultraprocesados, además de generar costos adicionales por rediseño de empaques.

En la conversación que sostuvo con El Avance, la diputada Soraya Suarez señaló que esta iniciativa no busca perjudicar a la industria, sino garantizar que la población, especialmente los niños, conozca con claridad qué está consumiendo. El etiquetado frontal, sostiene, es una herramienta de orientación que promueve decisiones conscientes desde el conocimiento.

El debate se centra en el equilibrio entre salud pública y actividad económica, un dilema que otros países de la región ya han enfrentado.

Experiencias en América Latina

Varios países latinoamericanos han implementado el etiquetado frontal con resultados significativos.

Chile, pionero en 2016, logró reducciones importantes en la compra de bebidas azucaradas y productos altos en azúcar, además de limitar la publicidad dirigida a niños. México implementó su sistema en 2020 y proyecta la prevención de más de un millón de casos de obesidad en cinco años.

Perú, Uruguay, Argentina, Colombia y Brasil también adoptaron sistemas de advertencia, con estudios que muestran cambios en los hábitos de compra y reformulación de productos por parte de la industria para evitar los sellos.

En Uruguay, por ejemplo, investigaciones indicaron que un 23 % de los consumidores modificó sus decisiones de compra tras la implementación del sistema. En varios países, la industria redujo el contenido de azúcar o sal en sus productos para evitar llevar advertencias.

¿Puede reducir enfermedades?

La evidencia internacional sugiere que el etiquetado frontal puede contribuir a disminuir factores de riesgo asociados a la obesidad y la diabetes, especialmente cuando forma parte de una política integral de salud pública.

Los cambios en hábitos de consumo han sido más notorios en hogares con niños, donde los padres prestan mayor atención a las advertencias visibles. Además, la reformulación de productos representa un impacto indirecto positivo en la oferta alimentaria del mercado.

Sin embargo, expertos coinciden en que esta medida, por sí sola, no resolverá la crisis sanitaria. Debe complementarse con educación alimentaria, promoción de actividad física y políticas que fomenten entornos saludables.

La opinión de una experta

La nutrióloga Eva González señaló que el etiquetado frontal puede ser beneficioso principalmente para personas que ya han recibido orientación nutricional previa, es decir, que tienen conocimientos sobre el tema.

Eva González, nutriologa.

Explicó que sirve para reforzar lo que el paciente ya sabe, por ejemplo, identificar alimentos bajos en sodio o azúcar según sus necesidades individuales.

Sin embargo, advirtió que no todos necesitan dietas bajas en grasa o sodio, y que la población en general suele no saber interpretar correctamente las etiquetas, por lo que su efectividad depende de un conocimiento previo proporcionado por profesionales.

Además, González destacó que el etiquetado debería diferenciar entre tipos de grasa, como la trans o saturada, para no penalizar alimentos saludables como el aceite de oliva.

Finalmente, opinó que, aunque algunos productores se oponen alegando que afectaría ventas, los fabricantes deberían adaptarse a las regulaciones, ya que el objetivo es proteger a la población y fomentar decisiones más conscientes en la alimentación.

Un debate que define el futuro

Mientras los índices de obesidad y diabetes continúan en ascenso, el país enfrenta una decisión trascendental. El etiquetado frontal no es únicamente una discusión técnica sobre empaques; es un debate sobre el derecho a la información, la protección de la infancia y la prevención de enfermedades que ya representan una carga significativa para el sistema de salud.

En una nación donde el consumo de productos ultraprocesados forma parte de la rutina diaria, la pregunta no es si el problema existe las cifras lo confirman sino qué medidas se adoptarán para enfrentarlo.

La nueva legislatura podría reabrir el debate y definir si República Dominicana se suma a la tendencia regional de advertencias claras en los alimentos o si la discusión seguirá pendiente.

Lo cierto es que, detrás de cada etiqueta, hay una decisión. Y detrás de cada decisión, está la salud de millones de dominicanos.