La oportunidad de los Juegos Centroamericanos 2026

ElAvance | 18 febrero 2026

Por Orlando Jorge Villegas

La República Dominicana tiene nuevamente ante sí una oportunidad histórica: proyectarse como un verdadero destino deportivo internacional con la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026. Santo Domingo, como ciudad sede, se convertirá en el epicentro regional del deporte, la hospitalidad y la organización de alto nivel, en una cita que pondrá a prueba la capacidad logística y administrativa del país frente al mundo.

No es la primera vez que la nación asume un desafío de esta naturaleza. En 1986, bajo el gobierno de Salvador Jorge Blanco, los Juegos Centroamericanos marcaron un antes y un después en la infraestructura deportiva nacional. Luego, en 2003, con Hipólito Mejía al frente, los Juegos Panamericanos consolidaron a la capital dominicana como anfitriona ejemplar en eventos multidisciplinarios. Ambos momentos —bajo las gestiones del entonces Partido Revolucionario Dominicano, hoy PRM— dejaron legados duraderos en instalaciones, atletas e identidad nacional.

Ahora, cuatro décadas después del primero y más de veinte años del segundo, el reto se repite con mayores expectativas. La diferencia radica en el contexto global: el deporte se ha vuelto una industria comunicacional y turística de enorme impacto. Las transmisiones en tiempo real, la cobertura digital y la exigencia de estándares olímpicos hacen que cada detalle sea observado y valorado.

En esta ocasión, la inversión del Gobierno dominicano no se limita a la organización del evento, sino que se proyecta como una estrategia de desarrollo nacional. Las obras en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, el Parque del Este, el Pabellón de Balonmano, el complejo acuático y el velódromo son una apuesta por la sostenibilidad deportiva. Se trata de modernizar el cuerpo físico del deporte dominicano, pero también de crear condiciones para su mantenimiento a largo plazo.

La cita de 2026 reunirá disciplinas emblemáticas como atletismo, natación, baloncesto, judo, levantamiento de pesas, béisbol y voleibol, en las que el país ha brillado históricamente. Su importancia radica tanto en el estímulo a nuevas generaciones de atletas como en la reactivación económica de sectores vinculados al turismo, la construcción, la tecnología y los servicios.

Santo Domingo tiene, por tanto, la oportunidad de consolidarse como capital deportiva de la región. Si se gestiona con visión de Estado, estos Juegos Centroamericanos pueden trascender más allá del calendario competitivo y convertir su legado en símbolo de progreso, orgullo nacional y proyección internacional.