Los Epstein del mundo

ElAvance | 11 febrero 2026

Por Orlando Jorge Villegas.

En el mundo hay muchos Jeffrey Epstein, y son más que que millonarios depravados con gustos inconfesables; son engranajes operativos de redes de inteligencia y crimen organizado que usan el sexo, la corrupción y el chantaje como herramientas de poder.

Jeffrey Epstein fue, sin duda, un degenerado, pedófilo y depredador sexual, pero reducirlo a eso es quedarse en la superficie de un fenómeno mucho más oscuro.

Diversas investigaciones periodísticas y de largo aliento plantean que Epstein operaba en estrecha relación con círculos de inteligencia estadounidenses e israelíes, e incluso de otros países, acumulando información comprometedora sobre élites financieras, políticas y mediáticas.

Su rol, más que el de simple proxeneta de lujo, se asemeja al de un gestor de “kompromat”: administrar pruebas materiales, verbales y visuales para controlar a terceros mediante el miedo a la exposición.

En “One Nation Under Blackmail”, volúmenes I y II, Whitney Webb desarrolla la tesis de que Epstein es la expresión más reciente de una alianza histórica entre agencias de inteligencia y redes criminales, donde el sexo y la extorsión son instrumentos estructurales, no accidentes. Webb describe cómo estos personajes reciben recursos prácticamente ilimitados: bancos amigos, estructuras offshore, negocios opacos y un ecosistema mediático dispuesto a fabricarles la imagen de genios financieros, visionarios tecnológicos o grandes filántropos.

Detrás del glamour, la mecánica es simple: fiestas privadas, consumo de lujo, acceso a menores y un dispositivo de vigilancia permanente que convierte el placer en trampa. Cada “invitado”, “amigo” o “cliente” se convierte, potencialmente, en rehén de lo que hizo cuando pensaba que nadie lo miraba.

Epstein no surge en el vacío; sigue la estela de figuras como Robert Maxwell, Adnan Khashoggi o Roy Cohn, todos asociados a tramas donde se mezclan inteligencia, crimen organizado y sexualidad instrumentalizada. Maxwell, magnate mediático y padre de Ghislaine, ha sido descrito durante décadas como un operador vinculado a servicios de inteligencia, participando en operaciones que combinaron espionaje, tecnología y finanzas turbias.

Khashoggi encarnó el modelo del intermediario global: armas, operaciones encubiertas, corrupción a gran escala y una vida de excesos usada para captar y corromper élites políticas. Cohn, antes que todos ellos, perfeccionó el “banco de favores”: acumular secretos íntimos y legales de sus clientes para transformarlos en influencia y miedo.

Hoy salen los “Epstein files” y el mundo entero se asoma, apenas, a una parte de esa arquitectura de chantaje. La gran pregunta es cuántos Epstein quedan activos, bajo otros nombres, replicando el mismo modelo de captación sexual y extorsión al servicio de redes de inteligencia. Mientras los Estados se nieguen a exponer por completo la dimensión de estos vínculos, el sistema seguirá produciendo nuevos “Epstein del mundo”: operadores desechables que garantizan, en la sombra, la obediencia de quienes se sientan en la luz del poder.