Redes, irresponsabilidad y el Metro de Los Alcarrizos

Victor Herasme | 10 febrero 2026

El Metro de Santo Domingo es la principal obra en materia de movilización masiva de pasajeros con la que cuenta la capital de la República Dominicana y su zona metropolitana. Muchos celebramos cuando Leonel Fernández, una vez retornó al poder en el año 2004, tuvo la valentía de dar luz verde a este proyecto, que, según tenemos entendido, fue propuesto en primer término por el entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a su colega Hipólito Mejía, en los primeros años del nuevo siglo.

Los que le hemos dado seguimiento desde el inicio a esta megaobra, vital para dignificar el transporte público y, al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos del Gran Santo Domingo, recordamos muy bien los requerimientos que hizo el periodista Huchi Lora a fin de que se le entregaran los estudios que se realizaron para la construcción de la Primera Línea del Metro, que recorre un trayecto de unos 14 kilómetros, desde el Centro de los Héroes hasta la parada Mamá Tingó, ubicada en la intersección de las avenidas Hermanas Mirabal y Konrad Adenauer, en Santo Domingo Norte.

Es pertinente recordar que fue necesaria una sentencia de la Suprema Corte de Justicia para que la Oficina Para el Reordenamiento del Tránsito (OPRET) entregara a Huchi los documentos que certificaban los estudios que se hicieron previo a la construcción de la importante obra, pues esa entidad oficial negaba su entrega alegando seguridad nacional.

Leonel inauguró la Primera Línea del Metro de Santo Domingo en enero del año 2009, es decir, hace más de 17 años, y desde entonces millones y millones de personas se han movilizado en este eficiente medio de transporte, demostrando que quienes lo defendimos desde el principio teníamos razón.

Huchi Lora no solicitaba los estudios como una forma de “gadejo”; al contrario, le estaba haciendo un gran servicio al país, pues una obra de esa categoría requería que los ciudadanos tuvieran todas las garantías de que se estaba construyendo con la mayor rigurosidad que el caso ameritaba, aunque quienes defendíamos el Metro jamás pensamos que el Gobierno de entonces se arriesgara a que no fuera así.

En ese entonces no había redes sociales y, en tal virtud, era imposible que todo aquel al que se le ocurriera decir cualquier disparate o ridiculez en torno a la obra lo hiciera, casi seguro sin ningún conocimiento de ingeniería y 100 % motivado por cuestiones politiqueras.

Eso es exactamente lo que ocurrió con la Línea 2C del Metro, que va desde el kilómetro 9 de la autopista Duarte hasta la entrada de Los Alcarrizos y que será inaugurada este 24 de febrero.

Desde hace un tiempo, comunicadores, ingenieros y ciudadanos que no tienen la menor idea del tema, se han encargado de denunciar una serie de vicios de construcción que pronostican el desastre una vez la importante obra de infraestructura entre en funcionamiento. Algunos medios de comunicación, que nos merecen el mayor respeto, le han hecho el coro.

Aun así, como lo hicimos desde la Primera Línea, debemos reiterar nuestro mayor respaldo y absoluta confianza a esta obra, que representará un salto cuántico en la calidad de vida de los residentes de Los Alcarrizos y de todos los que utilicen esta nueva ruta de transporte masivo.

Resulta totalmente ridículo siquiera pensar que las empresas involucradas en la construcción de la Línea 2C, tanto nacionales como extranjeras, entre ellas las españolas ASCH Infraestructuras y TRIA, arriesgarán su prestigio local e internacional en un proyecto que estuviera condenado al fracaso.

Lamentablemente, la politiquería ha llevado a algunos comunicadores a desacreditar una obra que debe ser respaldada por toda la sociedad y continuada por los gobiernos subsiguientes hasta lograr que el Gran Santo Domingo cuente con un sistema de transporte masivo eficiente, económico y, sobre todo, seguro.

El Metro de Santo Domingo es una obra país que debe representar un orgullo nacional.