Venezuela: Se creó un Estado monstruoso pero no una nación

ElAvance | 07 enero 2026

La situación actual de Venezuela debe servir de ejemplo y reflexión para la República Dominicana. En las décadas de los años 70 y 80, en el país hermano venezolano ya se hablaba de presupuestos superiores a los 20 mil millones de dólares. Durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez se nacionalizó el petróleo y, además, los precios del crudo alcanzaron niveles elevados en el mercado internacional. Sin embargo, la mala distribución de esa riqueza y el festín de los recursos del Estado provocaron el colapso de los partidos tradicionales, como Acción Democrática y COPEI, lo que finalmente permitió la llegada de Hugo Chávez al poder.

Hoy, el debate internacional se centra casi exclusivamente en la captura de Nicolás Maduro, sin mirar más allá de la coyuntura. Ya hemos sido testigos del monopolio y control ejercido por los Estados Unidos, y las actuales intenciones de Donald Trump resultan particularmente peligrosas. Se trata de modelos continuistas que buscan beneficiar intereses imperiales, como ocurrió en la República Dominicana con Joaquín Balaguer, remanente del trujillismo, tras el golpe de Estado contra el gobierno democrático de Juan Bosch.

En el caso venezolano, el respaldo a figuras como María Corina Machado no garantiza por sí solo una transformación real, como parece sugerir la visión de Trump. En la práctica, el poder militar continúa teniendo más peso que la soberanía popular. Como advirtió hace más de dos siglos el Padre de la Patria Grande, Simón Bolívar, y hoy sus palabras siguen vigentes:
“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad.”

La crisis venezolana debe servir de advertencia a los dominicanos. Aquí persiste una clase política carente de compromiso, que cada cuatro años aspira al poder únicamente para resolver sus problemas económicos personales.

Hoy, el señor Donald Trump intenta resucitar la Doctrina Monroe. No quieren soltar la presa que alimentó su prosperidad imperial y, desde hace años, han convertido a la patria de Bolívar en el centro estratégico de su política americanista, con el objetivo de reventar la aspiración del pueblo venezolano de vivir sin tutelas, libre y soberano.

Por ello, los ciudadanos debemos reflexionar. No basta con celebrar la posible caída de un régimen; es necesario mirar más allá de la curva y comprender las consecuencias históricas, políticas y geopolíticas de lo que ocurre hoy en Venezuela.