Papa León XIV:  “El mundo no se salva afilando espadas sino con perdón”

Martin Severino | 01 enero 2026

El Vaticano.– En la primera misa del año 2026, celebrada en la basílica de San Pedro y en el contexto de la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el papa León XIV exhortó a la comunidad internacional a abandonar los caminos de la confrontación y la violencia, afirmando que el mundo no se salva mediante el uso de la fuerza, sino a través del perdón, el diálogo y la acogida de todos.

El pontífice subrayó que la paz verdadera nace de la capacidad humana de comprender y liberar al otro, sin miedo ni cálculos de poder.

Durante su homilía, el líder de la Iglesia católica hizo referencia a San Agustín para resaltar que uno de los rasgos esenciales de Dios es la gratuidad de su amor, manifestada en la humildad de un niño recién nacido. En ese sentido, León XIV señaló que el inicio del nuevo año debe asumirse como una oportunidad para renovar la vida personal y social, marcada por el perdón y la reconciliación.

“El 2026 puede ser un camino nuevo, abierto a la gracia, donde cada persona sea portadora de libertad y dispensadora de perdón”, expresó ante los miles de fieles presentes en el templo vaticano.

El papa, elegido en mayo pasado, vive su primer Año Nuevo al frente del Vaticano y aprovechó la celebración de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios para reiterar su llamado a una paz “desarmada y desarmante”, especialmente en favor de los más pobres y vulnerables. Este mensaje cobra especial relevancia en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y conflictos armados, donde, según advirtió el pontífice, el gasto militar continúa en aumento y se justifica en nombre de la seguridad y la defensa.

León XIV recordó además que en su primer mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz alertó sobre la expansión de discursos carentes de esperanza y sobre el incremento del gasto militar mundial, que en 2024 aumentó significativamente. A su juicio, tratar la paz como un ideal lejano o inalcanzable conduce a normalizar la guerra y a aceptar la violencia como una herramienta legítima.

Frente a este panorama, instó a líderes políticos y a la sociedad en general a comprometerse con una paz auténtica, construida desde la fe, la justicia y la solidaridad, como propósito no solo para el año que inicia, sino para toda la vida cristiana.