Es Posible

ElAvance | 16 diciembre 2025

Gabriel López
Cristiano, creativo, docente, atleta.

La corrupción en República Dominicana no es política. La corrupción en nuestro país es moral y trasciende los estratos sociales porque inicia en lo profundo y simple del corazón humano.

La corrupción en Quisqueya es la del popi que no paga impuestos porque papá tiene un amigo en el Estado. Es el wawawá del callejón más recóndito de nuestro Santo Domingo que no posee el más mínimo escrúpulo porque nunca se lo enseñaron o porque entiende que ser bakano vale más que ser un pariguayo. Es el padre de familia que sube en sus perfiles de redes sociales el gran amor que tiene por su esposa pero tiene una amante en el anonimato. Es la mujer joven que desea un esposo pero posee esa mentalidad materialista de “mujer empoderada” que solo busca su beneficio económico. Es el jovencito que hace “chivo” en la escuela. Es el ciudadano que protestó este pasado domingo por justicia, pero le pasa 200 pesos al agente de la DIGESETT para que lo chancee.

La realidad es que cuando ataquemos la corrupción desde la raíz: aquella que existe en cada uno de nosotros veremos cómo podremos influenciar en cada esfera de la vida en sociedad, veremos políticos que no se doblan ante la presión. Veremos médicos que honran el juramento. Veremos hombres fieles y mujeres honorables. Veremos ciudadanos comprometidos con su comunidad y llenos de dignidad y visión de futuro. Veremos familias que piensan en sus hijos, nietos y futuras generaciones de sus comunidades, ciudades y país.

Y todo esto es posible.

Es posible vivir dignamente. Es posible desarrollar un sistema de consecuencias justo y firme. Es posible cambiar nuestra moral personal para el beneficio de nuestras familias. Es posible hacer morir el “tigueraje” endémico dominicano. Es posible morir a nuestras tendencias básicas de supervivencia en una sociedad donde el sistema nos ha fallado una y otra vez. Es posible, incluso, restaurar ese sistema. Si, ¡es posible! Una vez nos despojemos de la desidia, el cinismo y la desesperanza que nos ahorca y suelta por instantes cada 4 años. Es posible, una vez despertemos a la realidad de que la familia es prioridad, la paternidad sana es la zapata del porvenir de la sociedad, de que las tendencias más radicales de “libertad e individualismo humanista” nos han hecho más mal que bien y que necesitamos a nuestra comunidad cercana más de lo que imaginamos. Es posible, una vez el dominicano renuncie a la pasión envuelta en colores y entienda que la estirpe política a través de la historia de nuestra nación se resume en: mismo árbol, mismos frutos, diferentes canastas; sean blancas, rojas, moradas o verdes. Es posible, cuando entendamos que tanto la educación como la “buena” educación nos compete desde el nacimiento, y que la principal inversión no la debe hacer el Estado sino nosotros mismos, con nuestro esfuerzo, nuestro sudor y nuestra dignidad intacta.

Es posible una República Dominicana incorruptible. Debemos iniciar aceptando que todos somos un solar lleno de corrupción, porque esta inicia en nuestros corazones, el cuál tenemos que desyerbar. Porque tristemente, el eterno Evangelio se cumple al vernos amar el señalar la pajita del ojo ajeno y no fijarnos en la viga que está en el nuestro.

Enfoquémonos en la posibilidad. En el sueño sin cinismo. En la semilla plantada en silencio que puede crecer y dar fruto de justicia, equidad, transformación social y un porvenir real alejado de promesas electorales, estrategias mercadológicas y desesperanza.

República Dominicana es posible.