Con los subsidios no

ElAvance | 07 noviembre 2025

Por Gabriel del Gotto.

El debate empezó bien y terminó mal. El reclamo de Omar Fernández sobre la indexación del ISR es legítimo: el Estado ha violado su propia ley congelando el tramo exento mientras la inflación corre. Eso asfixia a la clase media y hay que corregirlo. Hasta ahí, bien. El problema es la “solución”: meter en el paquete los subsidios sociales y sugerir que parte del arreglo fiscal puede salir de ahí. Eso cruza una línea peligrosa.

Omar no es un ciudadano indignado en redes. Es el senador de la capital. Y como senador usó el barrilito para hacerse marketing con dinero público, entregando ayudas como si salieran de su bolsillo y no del presupuesto. No rompió el esquema, lo aprovechó. En su historial legislativo no aparece una sola ley que toque el corazón de los privilegios del sistema. Su papel ha sido más nominal que transformador. Ahora, con el tema de los subsidios, repite la lógica: se coloca del lado correcto en el problema, pero apunta al lugar equivocado cuando toca buscar soluciones .

Los subsidios sociales no son una ocurrencia ni un truco electoral; son ayuda directa para familias que, sin eso, no llegan a fin de mes. Es el compromiso básico del Estado para que ningún dominicano se quede atrás: para que la gente vaya resolviendo mientras se organiza, con el compromiso de soltarlos cuando ya no los necesite. Tampoco son el “agujero negro” del presupuesto: en conjunto representan menos de 1% del PIB. En cambio, las exenciones e incentivos fiscales de arriba, el famoso gasto tributario, se tragan entre un 4% y más de un 6% del PIB cada año, con alrededor de un 2.4% solo en ITBIS, además de regímenes especiales e incentivos a grandes sectores. El desbalance es obvio: abajo se discuten “tarjeticas”; arriba, privilegios que cuestan varios puntos del PIB.

Mientras tanto, la red social ya no es solamente fundita y foto. Gloria Reyes lo mostró al presentar los avances de Supérate y la política de cuidados: miles de personas formadas como cuidadoras, muchas de hogares Supérate; centros para envejecientes; apoyo a personas con discapacidad; subsidio que se convierte en formación, servicios y empleo formal. Eso es sistema, no simple asistencialismo.

¿Hay distorsiones? Sí. ¿Hay gente cobrando lo que no necesita? También. ¿Hay que depurar padrones, cruzar datos y sacar a los vivos? Claro. Pero eso se llama gobernar, no cortar a lo bruto ni vender que ahí está “la gran bolsa” para arreglar el ISR. Cuando desde arriba se habla de “recortar subsidios mal focalizados”, casi nunca se está pensando en tocar privilegios de arriba, sino en apretar más a los que ya vienen apretados.

Por eso la respuesta de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, quien se fue viral la noche de este lunes, tiene sentido cuando le dice: con los subsidios no, Omar. No es una defensa ciega del gobierno. Es una línea de orden: primero se le cobra a la evasión, a la nómina política, a las exenciones sin retorno y a los incentivos que comen varios puntos del PIB. Después se corrigen los programas sociales. Lo que no se hace es convertir la red que sostiene barrios y campos enteros en variable de ajuste elegante para que un discurso suene “serio”.

La tesis es sencilla: el problema no son los subsidios que ayudan a que una familia llegue a fin de mes, sino los privilegios que se tragan el presupuesto sin rendir cuentas. Defender los subsidios no es defender botellas ni vagancia; es defender que, mientras se arregla el lío fiscal, se persigue la evasión y se corrigen los abusos, nadie se quede sin gas, sin comida, sin apoyo mínimo. El orden correcto es claro: sí a la indexación del ISR, sí a recortar privilegios arriba, sí a depurar programas sociales, no a poner la mano en el bolsillo de los que menos tienen para lucir responsable en un artículo de opinión. El ajuste se cobra arriba. Con los subsidios que sostienen a la gente que, sin eso, no llega a fin de mes, no.