El bilateralismo y multilateralismo se fueron al carajo

ElAvance | 05 noviembre 2025

Orlando Jorge Villegas

La posposición de la Cumbre de las Américas, organizada por el gobierno de Luis Abinader, refleja un clima político regional complejo y tenso. Esa cumbre, llamada a relanzar el diálogo hemisférico terminó revelando que, entre la falta de consensos y las rivalidades en la OEA, la coordinación regional es hoy un espejismo.

La institucionalidad multilateral americana, que antes definía agendas continentales, se diluye entre nacionalismos pragmáticos y liderazgos personalistas. Paralelamente, la COP 30 en Brasil anticipa el mismo patrón: los grandes líderes prefieren priorizar sus agendas domésticas antes que compromisos globales verificables. Es un retroceso del interés común frente a la conveniencia cercana e inmediata.

Tampoco el bilateralismo ofrece refugio. Estados Unidos, China y la Unión Europea ya no logran relaciones de influencia estables con países medianos de América Latina o Asia. En paralelo surgeuna nueva lógica que prioriza lo transaccional, con nuevos polos —India, Turquía, Arabia Saudita— que negocian caso a caso, sin ataduras ideológicas y con plazos cortos.

En nuestra región, el ascenso de políticas exteriores nacionalistas reemplaza la diplomacia estratégica por gestos simbólicos para consumo interno. Casos como Andrés Manuel López Obrador en México o Nayib Bukele en El Salvador muestran preferencia por el aislamiento mediático y la narrativa soberanista por encima del diálogo internacional. La diplomacia del espectáculo sustituye al trabajo silencioso de las cancillerías; hoy se “negocia” por redes sociales.

El quiebre no nació ayer. La pandemia, las guerras en Ucrania y Medio Oriente y el reposicionamiento de potencias emergentes rompieron el equilibrio entre cooperación y competencia. El multilateralismo, pensado para respuestas colectivas, quedó subordinado a agendas energéticas, migratorias y de seguridad que cada Estado maneja con criterio unilateral. De ahí se desprende una crisis de legitimidad: sociedades y élites ya no perciben utilidad en mecanismos que deliberan mucho y resuelven poco.

En ese contexto, Luis Abinader se ha movido como excepción: ha sostenido una diplomacia activa y de cooperación institucional aun con el desgaste del sistema. Pero no alcanza con la buena voluntad de uno. América Latina corre el riesgo de quedar fuera de los nuevos centros de poder si no redefine su estrategia: menos retórica, más proyectos concretos de integración, cadenas de valor, movilidad laboral, seguridad fronteriza y transición energética.

“El bilateralismo y multilateralismo se fueron al carajo” no es una grosería gratuita; es una metáfora que sirve como diagnóstico para una época en la que cada país habla solo mientras todos enfrentamos problemas comunes. Toca reconstruir espacios útiles o aceptar la irrelevancia. Y rápido.