Menos disparate, más criterio

ElAvance | 23 octubre 2026

Orlando Jorge Villegas

El liderazgo político, económico y social dominicano necesita aprender a separar la señal del ruido. Parece una tarea sencilla, pero en una sociedad consumida por los ruidos mediáticos, de pasillos y del ecosistema digital, distinguir lo importante de lo accesorio se ha convertido en una responsabilidad para quienes toman decisiones.

Nos hemos acostumbrado a concentrarnos en disparates. En quién dijo qué, quién respondió, qué se comentó en un grupo y cuál fue la última controversia fabricada para mantener encendida una conversación que pocas veces conduce a algo útil. Mientras tanto, dejamos de lado la señal: lo que se puede probar y lo que puede servir para tomar decisiones.

Los creadores de ruido son muchas veces los llamados “pokemones”: comunicadores, influencers, “activistas” y pseudocomunicadores que, con estridencia, argumentos banales o falacias ad hominem, consiguen ocupar una parte de nuestra atención. No necesariamente porque tengan razón, sino porque hacen más ruido.

Frente a ellos, hay comunicadores, periodistas y líderes de opinión que, a pesar de cualquier sesgo, hablan con calma y con cierta base. No son infalibles ni están exentos de cuestionamientos. Pero existe una diferencia entre presentar un argumento que puede examinarse y lanzar una descalificación diseñada para provocar una reacción.

El problema empieza cuando el liderazgo confunde esa capacidad de provocar con credibilidad, representatividad o conocimiento. Cuando un empresario modifica sus prioridades por un comentario sin sustento; cuando un dirigente político organiza su agenda alrededor de una polémica digital; cuando una institución responde al rumor antes de verificar los hechos.

Separar la señal del ruido no significa ignorar las críticas ni encerrarse en una burbuja de complacencia. Tampoco significa que quien habla con calma siempre tiene razón o que una denuncia incómoda carece de fundamento. Significa exigir pruebas, contrastar versiones, examinar argumentos y entender qué información resulta pertinente para la decisión que tenemos delante.

La señal no depende del volumen de una voz ni del número de seguidores de una cuenta. Depende de la calidad de la evidencia, de su contexto y de su capacidad para ayudarnos a comprender un problema.

El liderazgo dominicano debe recuperar el control de su atención. Escuchar sin dejarse arrastrar. Responder cuando corresponde, no cada vez que alguien busca protagonismo. Dedicar menos tiempo a las intrigas de pasillo y más a los problemas que afectan a la gente.

Porque gobernar, dirigir una empresa o representar una causa exige algo más que sobrevivir a la conversación del día. Exige criterio para reconocer qué merece atención y qué solo pretende secuestrarla. Mientras sigamos premiando el ruido con nuestras decisiones, seguiremos dejando la señal fuera de la discusión.