ADRIANA

ElAvance | 02 septiembre 2026

Carlos Pérez Tejada

No sé cuántos años tendrás cuando leas esto. Tampoco sé quién serás para entonces, qué cosas te gustarán, qué sueños tendrás o cuánto habrás cambiado de aquella niña que hoy apenas comienza a conocer el mundo.

Dice un viejo dicho popular que para criar a un niño se necesita de todo un pueblo. A ti, Adriana, Dios decidió mandarte algo todavía más grande, una ciudad entera llena de familia, amigos y personas que, con el paso de los años, dejaron de ser simples amistades para convertirse también en familia.

Llegaste rodeada de gente que te esperaba, que preguntaba por ti sin todavía conocerte, que celebró cada noticia antes de que pudieran verte y que, estoy seguro, estarán presentes durante muchas de las etapas de tu vida.

En mi propio camino, Dios me ha enseñado que Él tiene formas particulares de hacer las cosas y que casi nunca coinciden exactamente con nuestras expectativas. Uno imagina un camino, hace planes, organiza tiempos y cree entender cómo deberían ocurrir las cosas. Después llega la vida y cambia todo.

Con los años he aprendido que muchas veces solo comprendemos los planes de Dios cuando los miramos hacia atrás. Contigo aprendí que “hay que dejar a Dios ser Dios”.

Por eso, una de las primeras cosas que quiero pedirte es que confíes. Confía incluso cuando no entiendas. Habrá momentos buenos y otros difíciles. Habrá puertas que se cerrarán cuando estabas convencida de que debían abrirse y aparecerán caminos que nunca imaginaste recorrer.

Cuando eso suceda, no tengas miedo.

Todo puede mejorar, incluso en aquellos momentos en los que parezca imposible creerlo. Algunas de las cosas que inicialmente sentirás como pérdidas terminarán siendo protección; otras serán simplemente lecciones que necesitabas aprender.

Yo, siendo un simple mortal, he tenido algunos aciertos y muchísimos errores. Todos ellos, de una forma u otra, construyeron al hombre que comenzarás a conocer desde hoy. Has sido tú, desde tu primer grito, quien me diera una de las lecciones más importantes de mi vida, la de que tengo que ser mejor.
Ya no solamente porque mis valores me lo exijan o porque crea que es la manera correcta de vivir, sino porque desde hoy me he convertido, quiera o no, en en el estándar y referencia que tendrás sobre lo que significa ser un hombre.

Algún día observarás a otras personas a partir de algunas cosas que viste en mí; de cómo trato a tu mamá, cómo trato a quien no puede ofrecerme nada a cambio, cómo reacciono cuando estoy molesto, cómo trabajo, cómo cumplo mi palabra, cómo enfrento una derrota, cómo reconozco un error y cómo me levanto después de equivocarme. Me has dado mi mayor responsabilidad.

Desde hoy debo intentar ser aquello que espero que algún día encuentres en las personas que decidas tener a tu lado.

No porque quiera escogerlas por ti. Espero que tengas la libertad y confiaré en tu criterio. Pero sí quiero que desde pequeña conozcas el respeto, el cariño, la honestidad y la tranquilidad que mereces.

Y seguramente voy a equivocarme intentando hacerlo bien. Cuando suceda, no quiero sentir vergüenza por haber fallado. Quiero tener la humildad suficiente para admitirlo frente a ti, aprender y hacerlo mejor.
De seguro que algún día te preguntarás por qué llevas ese nombre. Tu nombre viene, en parte, de una persona que marcó profundamente mi vida y la de muchos de quienes tuvimos la suerte de orbitar alrededor de su propia gravedad.

Adriano Miguel Tejada Escoboza fue una persona especial. No solamente por sus muchos logros profesionales, sino por su calidad humana, sus principios, su amor por la familia y sus altos estándares sobre cómo debían hacerse las cosas.

No importaba la circunstancia: siempre defendía hacer lo correcto.
También creía profundamente en las oportunidades.Yo soy uno de los ejemplos de eso.

De él quisiera que aprendieras algunas cosas. Coloca siempre a la familia en el centro. Con el paso de los años descubrirás que son quienes celebrarán tus triunfos sin competir contigo y quienes probablemente permanecerán cuando todo lo demás desaparezca.
Haz lo correcto, incluso cuando hacerlo no te genere ningún beneficio inmediato.

La vida tendrá momentos en los que hacer lo correcto será precisamente la opción más difícil. Hazlo de todas formas. Hay decisiones que inicialmente parecen costosas, pero el tiempo suele encargarse de revelar su verdadero valor.

Y dale oportunidades a las personas. Algunas te decepcionarán, naturalmente. Pero otras podrán sorprenderte si les permites demostrar quiénes son.

Tu nombre también tiene un peso histórico. A papá le gusta mucho la historia romana.

El emperador romano Adriano fue uno de los llamados cinco buenos emperadores. Es recordado menos por su visión, por entender que la paz se construye cada día, por viajar y conocer, y por tener una curiosidad por el arte y otras culturas. Ojalá te llame la curiosidad y leas “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, a mi me lo regaló un gran amigo, y esas páginas son mágicas.

Espero que la vida te bendiga con sabiduría para tomar buenas decisiones. Y cuando no las tomes —porque inevitablemente te vas a equivocar—, espero que tengas la templanza para asumir las consecuencias y la fortaleza para levantarte.

Espero también que puedas viajar. Mucho.

Que conozcas ciudades que todavía no sabes que existen. Que escuches idiomas que hoy serían solamente sonidos extraños para ti. Que pruebes comidas que inicialmente no quieras probar. Que conozcas personas completamente distintas a ti y culturas que contradigan algunas de las ideas con las que creciste.

Viajar te enseñará algo importante: que nuestro pequeño mundo nunca es todo el mundo.

Déjate sorprender y siempre atrévete. Eso es algo que le diría a mi yo de hace 13 o 15 años atrás.

Pero mientras persigues cosas grandes, nunca pierdas la capacidad de disfrutar las pequeñas. Algún día descubrirás que los recuerdos más importantes de tu vida comenzaron como momentos que parecían insignificantes.

Cuentas también con una mamá que te soñó mucho antes de conocerte. Te esperó, te añoró y te amó desde mucho antes de poder cargarte entre sus brazos. Es excesivamente protectora —ya lo descubrirás— y probablemente será quien más te añoñe y trate de complacerte en todo lo que pueda.

De ella aprenderás muchísimo sobre el amor y el cariño. Aprenderás sobre sensibilidad, arte y creatividad. También aprenderás a cuestionarte las cosas, a preguntar por qué y a querer descubrir cómo funciona aquello que tienes frente a ti.

Y entre los dos intentaremos hacer lo mejor que podamos. Habrá momentos en los que creeremos estar haciendo lo correcto y quizás años después descubramos que pudimos hacerlo mejor. Cuando ese tiempo llegue, no seas tan dura con nosotros.

Puede que dentro de muchos años leas esta carta y descubras que me equivoqué en muchas de las cosas que imaginé sobre ti. Quizás seas completamente diferente a lo que hoy pienso. Y eso estaría perfectamente bien.

Porque hay algo que quiero que entiendas sobre tu nombre. Adriana viene cargado de historias que para mí tienen un enorme significado. Viene de personas, principios, recuerdos y valores que quisiera compartir contigo. Pero nunca quiero que sientas que debes vivir intentando estar a la altura de ellos.
Tu nombre no es una carga. Es solamente el lugar desde donde comienzas.

No tienes que convertirte en Adriano Miguel Tejada. Tampoco tienes que demostrar ser digna de un emperador romano ni vivir siguiendo exactamente las expectativas de tu papá. Tu tarea será mucho más importante: convertirte en Adriana. Construir tu propia historia.

Pero entre todo lo que vayas a descubrir, siempre ten seguro algo:
Papá te ama con locura.