Lo Realmente Chopo

ElAvance | 13 agosto 2026

Nuestro clasismo sistemático es un tema esencial en el desarrollo sociológico, antropológico e incluso psicológico de nuestro país. Nuestra lucha social de superar la brecha económica y por consiguiente, pertenecer a una “clase social” superior nos ha mantenido etiquetándonos, valorizándonos y dividiéndonos los unos de los otros.

Las escenas registradas en la Parada Dominicana en el Bronx, acciones de vandalismo en plenos Juegos Centroamericanos y del Caribe y otras diversas manifestaciones “culturales” y personales del dominicano nos mantienen debatiendo no solamente de la calidad moral de dichas personas sino de su posición en la sociedad.

Y si, cada quién tiene el derecho de asumir posiciones y opiniones. El problema es que tenemos una idea incorrecta sobre qué es lo “fino” o lo “vulgar”; lo “popi” y lo “chopo” en la República Dominicana.

Lo chopo no es el merengue, la bachata y esos ritmos autóctonos separados del glamour y la clase que la internacionalización les ha ofrecido. Lo chopo no es el gagá ni los atabales, tan vituperados por la ciudadanía que no termina de aceptar “al negro detrás de la oreja”.

Lo chopo no son los negocios callejeros, el mercado ni el marchante. Lo chopo no es nuestro histrionismo, chercha y alegría. Lo chopo no es escuchar a Franklin Mirabal cada octubre ni a Cima Sabor Navideño cada diciembre.

Lo chopo no es el transporte público, ni nuestros campos. No son nuestros sabores, empalizadas, colores, sonidos, ecosistemas, sistemas familiares. Nuestra dominicanldad no es chopa.

Lo realmente chopo es nuestra inmoralidad y tigueraje. Lo realmente chopo es nuestra terquedad y rebeldía ante la autoridad. Lo realmente chopo es nuestra dejadez ante la responsabilidad: “eso lo hace otro”. Lo chopo es celebrar anti-valores; los mismos anti-valores cuyas consecuencias exigimos al gobierno que resuelva. Lo realmente chopo es la falta de masculinidad real, este feminismo “empoderado” y transaccional que busca RD$40,000 o más, y la incapacidad de reforzar una crianza responsable, firme y sana para nuestros hijos.

Lo realmente chopo es nuestra política populista, clientelista y corrupta, que espera cada cuatro años para alimentar las ansias y anhelos de justicia del pueblo. Lo chopo es la ligereza de los organismos reguladores de medios con su permisividad con el contenido que producimos y consumimos (doña Zaida siempre tuvo razón, y hoy lo estamos viendo). Lo chopo es el ruido, el desorden, la suciedad y el irrespeto entre prójimos.

Lo realmente chopo es nuestra capacidad de burlarnos de lo bueno, y llamarlo “pariguayo”. Algo verdaderamente chopo es nuestra dependencia del alcohol y comidas altamente procesadas para sentirnos satisfechos. Algo chopo es la desesperanza que nos hace claudicar y abandonar nuestro país antes que luchar con uñas y dientes para triunfar aquí. Lo realmente chopo es llamar chopo lo que te hace parte, lo que te hace cultura, lo que te hace un dominicano de bien.

Si continúo no me detengo. Pero tengo esperanza, porque esta generación ya comenzó a llamar a lo malo, malo y a lo bueno, bueno. Hemos comenzado a detectar lo que nos daña y estamos arrancándonos estas gafas difusas que nos confunden y engañan. Esto nunca se trató de “popi” vs. “chopo” sino de bueno vs. malo.

Busquemos la verdad entre tantas líneas y separemos nuestros complejos narrativos sociales de la esencia que nos hace verdaderamente quienes somos.

Ser Dominicano no es de chopos.