República Dominicana: Capitalizando el turismo deportivo

ElAvance | 12 agosto 2026

El legado de Santo Domingo 2026 y una apuesta que puede abrir una nueva etapa para el turismo dominicano

Por Patricia Dipre

Durante mucho tiempo, hablar del turismo dominicano era hablar de sol, playa y hoteles. Y con razón: ha sido siempre el modelo que ha promovido una de las grandes historias de éxito de nuestra economía.

Pero República Dominicana ha demostrado que puede hacer mucho más. Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 dejaron una conclusión que trasciende los resultados deportivos: hoy en día, el país tiene condiciones para convertir el deporte en una nueva plataforma de promoción turística, actividad económica y posicionamiento internacional.

Todo esfuerzo que se destaque con los resultados obtenidos demuestra que hay un trabajo de las autoridades que merece ser reconocido.

Los Juegos reunieron a más de 6,000 atletas de 37 delegaciones en 40 disciplinas y pusieron a prueba la capacidad de República Dominicana para organizar un evento deportivo de gran escala.

Pero el verdadero valor de este esfuerzo no estuvo solamente en las competencias que vimos durante esos días.

Está en lo que queda.

La remodelación de más de 40 instalaciones deportivas, la modernización del Centro Olímpico, la transformación del Palacio de los Deportes, el remozamiento del nuevo y moderno Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto, la rehabilitación del Estadio Olímpico Félix Sánchez y la adecuación de escenarios en distintas provincias constituyen una inversión que trasciende los Juegos.

No fue una inversión para quince días. Es infraestructura para las próximas décadas. Y esa es precisamente una de las grandes virtudes de esta apuesta.

Una gestión pública no debe medirse únicamente por su capacidad de organizar un evento y hacerlo exitoso. También debe medirse por lo que deja instalado cuando las luces se apagan.

En este caso, quedan instalaciones renovadas, experiencia acumulada, capacidades técnicas y una mayor credibilidad para que República Dominicana continúe atrayendo competencias internacionales.

Y justamente eso construye uno de los grandes legados de Santo Domingo 2026.

Del evento a la industria

El turismo deportivo tiene una particularidad que lo hace especialmente atractivo: quien llega al país por una competencia no viene solamente a ocupar una habitación.

Se hospeda, consume, utiliza transporte, visita restaurantes, compra, conoce el destino y puede convertirse posteriormente en un visitante recurrente.

Es decir, el deporte activa toda la cadena turística.

Y República Dominicana ya tenía una historia que contar en este segmento.

Remontémonos, por ejemplo, a la historia del golf, que lleva décadas construyendo una reputación internacional. Desde Diente de Perro, en Casa de Campo, hasta eventos como el Corales Punta Cana Championship, el país ha demostrado que puede atraer competencias de primer nivel y convertirlas en plataformas de promoción internacional.

Lo ocurrido con los Juegos Centroamericanos y del Caribe amplía ahora esa posibilidad.

Porque ya no se trata solamente de contar con excelentes campos de golf o de organizar ocasionalmente un gran torneo.

Tenemos conectividad aérea, infraestructura hotelera, experiencia turística, condiciones climáticas favorables y una ubicación privilegiada.

Ahora tenemos también instalaciones deportivas que pueden convertirse en activos para atraer visitantes durante todo el año.

Por eso merece reconocimiento que las autoridades hayan entendido que la infraestructura deportiva también puede ser infraestructura turística.

El verdadero reto comienza ahora

Los Juegos terminaron. Y precisamente por eso comienza la parte más importante.

El reto es evitar que las instalaciones vuelvan a quedar subutilizadas.

Que Santo Domingo 2026 no sea un punto final, sino un punto de partida. Que detrás de estos Juegos venga una agenda de nuevos torneos, campamentos de entrenamiento y competencias internacionales.

Que Santo Domingo y otras provincias puedan convertirse en sedes permanentes de eventos deportivos.

Y que la inversión realizada continúe generando empleos, consumo, actividad empresarial y promoción del país.

Hay también una responsabilidad del sector privado de jugar un papel estelar.

El Estado ha hecho una parte importante: invertir, recuperar infraestructura y demostrar capacidad organizativa. Ahora corresponde aprovechar esas condiciones para que hoteles, líneas aéreas, restaurantes, operadores turísticos, empresas y organizaciones deportivas encuentren nuevas oportunidades de negocio.

Porque el objetivo final no debería ser organizar grandes eventos de manera ocasional.

Debe ser construir una industria alrededor de ellos.

Una nueva manera de vender República Dominicana

Esta experiencia también nos obliga a ampliar la manera en que pensamos nuestra marca país.

Ahora puede comenzar a ser reconocida también por sus eventos deportivos.

El visitante que llega a competir puede convertirse en turista. El turista puede convertirse en promotor del destino. Y el evento puede convertirse en una plataforma para atraer nuevas inversiones.

Ese círculo virtuoso es el que debemos aprovechar.

Por eso, más que quedarnos con las imágenes de las ceremonias, las competencias y las medallas, debemos mirar lo que Santo Domingo 2026 dejó como capacidad instalada.

El mérito ahora será lograr que esa infraestructura continúe produciendo valor.

Ese es el verdadero legado de Santo Domingo 2026: demostrar que puede convertir el deporte en una industria permanente.

Y, si lo consigue, los Juegos Centroamericanos y del Caribe no habrán sido solamente una gran fiesta deportiva.

Habrán sido el comienzo de una nueva etapa para el turismo dominicano.