Leonel Fernández y la última oportunidad de los políticos de carrera

ElAvance | 02 agosto 2026

Carlos Del Pozo.
Comunicador y analista político.

La salida de Danilo Medina del poder en 2020 inició el retiro de la generación de los políticos de carrera. Ese proceso podría consolidarse en 2028, si el PRM retiene la Presidencia frente a Leonel Fernández, el único expresidente de esa generación que permanece en la contienda política.

Durante más de medio siglo, la política dominicana estuvo dominada por dirigentes cuya principal escuela fue la propia política. 

Su camino hacia la Presidencia era relativamente predecible; comenzaba en la militancia, continuaba con responsabilidades internas, ascendía por la estructura partidaria y, después de años de formación y liderazgo, podía desembocar en una candidatura presidencial. 

Esa fue la escuela que formó, con profundas diferencias entre sí, a Juan Bosch, Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez, Danilo Medina y Leonel Fernández.

Ese modelo empezó a agotarse con la salida de Danilo Medina del poder en 2020 y, desde entonces, comenzó a perfilarse una confrontación distinta a las tradicionales, pues más que una competencia entre oficialismo y oposición, el país parece encaminarse hacia una disputa entre dos formas de construir legitimidad política. 

La diferencia radica en que los partidos dejaron de tener el monopolio de la formación de los grandes liderazgos nacionales.

Las transformaciones políticas rara vez ocurren por casualidad, ya que también responden a cambios en la manera de conquistar el poder. 

La novedad no consiste en que empresarios o gerentes hayan incursionado en la política, porque eso ha ocurrido en otras etapas de la historia nacional. 

Lo diferente es que dirigentes cuya legitimidad se fortaleció en la gestión, la administración o la actividad empresarial, hoy son lo que disputan el liderazgo nacional, sin haber recorrido el largo camino de la militancia partidaria. 

Lograron convertir su capacidad de ejecutar, administrar y producir resultados en otra fuente de legitimidad ante la ciudadanía.

Por eso no resulta casual que buena parte de las figuras con mayor proyección hacia 2028 reflejen esa tendencia. 

Tales son los casos de; Carolina Mejía, que consolidó su liderazgo desde la gestión pública; Gonzalo Castillo, llegó a la competencia presidencial, despuésde construir una trayectoria empresarial y dirigir grandes proyectos, mientras que David Collado, proyectó una imagen asociada a la gerencia y a una trayectoria vinculada a uno de los grupos empresariales más influyentes del país, antes de convertirse en una de las principales figuras de la administración pública. 

Los tres representan un origen distinto del liderazgo respecto al que predominó durante décadas.

Eso no significa que la política desaparezca ni que la experiencia partidaria deje de tener valor. 

Lo que sí ha cambiado es el mecanismo mediante el cual una figura adquiere autoridad para aspirar a gobernar, pues mientras unos llegan respaldados por años de militancia y organización partidaria, otros construyen su legitimidad alrededor de la gestión, la administración y la capacidad de producir resultados.

Ese cambio también coloca bajo presión al sistema de partidos. 

La percepción sobre los políticos tradicionales ya no es la misma y muchas organizaciones que durante décadas fueron protagonistas hoy sobreviven gracias a alianzas electorales. 

Por eso, sí los 33 partidos políticos que hoy se encuentran en cuidados intensivos, no interpretan correctamente este nuevo ciclo político, algunos podrían acelerar su pérdida de relevancia e incluso desaparecer como actores dentro del sistema.

Quizás por eso la verdadera discusión de 2028 no será únicamente quién ocupará el Palacio Nacional, sino si el país también presenciará la última gran confrontación entre dos modelos de construcción del liderazgo. 

En ese escenario, Leonel Fernández, no solo representar únicamente una candidatura presidencial, sino que convierte en el símbolo de la última oportunidad de los políticos de carrera. 

Si no logra regresar al poder, no solo podría concluir una trayectoria política excepcional, sino también el ciclo histórico en que los partidos fueron prácticamente, la única fábrica de presidentes de la República.