¿El efecto LeBron James se da en la política dominicana?

ElAvance | 27 julio 2026

Por Martín Severino

Cuando LeBron James decidió salir de Cleveland para unirse a Miami, muchos lo calificaron de traidor. Otros entendieron que simplemente estaba tomando una decisión estratégica para aumentar sus posibilidades de ganar campeonatos.

El tiempo terminó dándole la razón en términos deportivos: fue campeón en Miami, regresó a Cleveland para conquistar el primer título en la historia de esa franquicia y luego volvió a coronarse con los Lakers.

Ahora, con su llegada a los Philadelphia 76ers, vuelve a demostrar que en el deporte moderno la lealtad muchas veces cede espacio a la búsqueda de mejores oportunidades.

La pregunta es inevitable: ¿ese mismo efecto se da en la política dominicana?

A medida que se acercan los procesos internos de los partidos políticos, comienzan a aparecer tensiones, inconformidades y dirigentes que sienten que las reglas del juego no les favorecen. Es un fenómeno que no es exclusivo de la República Dominicana, pero que aquí suele cobrar mayor fuerza cuando un aspirante considera que la competencia interna está inclinada hacia otro candidato.

En el caso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), una parte importante de la dirigencia ha expresado respaldo a Gonzalo Castillo, quien es visto por muchos como uno de los principales favoritos para imponerse en unas eventuales primarias. Esa percepción ha provocado cuestionamientos de otros aspirantes, entre ellos Francisco Javier García y Abel Martínez, quienes han manifestado posiciones críticas sobre el desarrollo del proceso interno.

Si el resultado final no les favorece, surge una interrogante política interesante: ¿permanecerán en el PLD o buscarán otro escenario desde donde puedan seguir construyendo un proyecto presidencial?

Ahí es donde aparece el llamado "efecto LeBron James". Así como un jugador cambia de equipo buscando mejores posibilidades para alcanzar el campeonato, un dirigente político puede considerar que otro partido le ofrece mejores condiciones para competir por el poder. En política, cambiar de organización no siempre responde a diferencias ideológicas; muchas veces responde a cálculos electorales, estructuras disponibles o mayores probabilidades de alcanzar una candidatura.

En ese escenario, la Fuerza del Pueblo podría convertirse en el principal destino de cualquier dirigente peledeísta que decida abandonar el PLD. No sería un salto hacia un proyecto completamente desconocido, sino hacia una organización que nació precisamente de una división del propio PLD y que conserva dirigentes, estructuras y una cultura política muy similar.

Sin embargo, el deporte y la política tienen una diferencia fundamental. En el baloncesto, el éxito depende principalmente del rendimiento dentro de la cancha. En política, el éxito depende de muchos más factores: la aceptación del liderazgo, la estructura territorial, el respaldo económico, la capacidad de conectar con el electorado y, sobre todo, la percepción ciudadana.

Por eso, cambiar de partido no garantiza automáticamente el triunfo. Así como existen jugadores que cambian de uniforme y nunca vuelven a levantar un campeonato, también existen políticos que abandonan una organización creyendo que encontrarán un mejor escenario y terminan perdiendo protagonismo.


Ahora bien, si figuras de alto perfil como Francisco Javier García o Abel Martínez eventualmente decidieran dar ese paso, el impacto político sería significativo.

La Fuerza del Pueblo fortalecería su estructura con dirigentes de experiencia nacional, mientras que el PLD enfrentaría el reto de contener una posible fuga de cuadros importantes en un momento determinante para su reorganización.

Ese tipo de movimientos también enviaría un mensaje a la militancia: cuando un partido no logra procesar sus diferencias internas o convencer a sus principales líderes de permanecer unidos después de una competencia, el riesgo del transfuguismo aumenta considerablemente.

No obstante, también existe otro escenario posible. Una vez concluido el proceso interno, los distintos sectores podrían cerrar filas detrás del ganador, privilegiando la unidad por encima de las aspiraciones personales. Ese desenlace reduciría cualquier posibilidad de fractura y fortalecería al partido de cara a las elecciones nacionales.

Al final, la gran pregunta sigue abierta: ¿el efecto LeBron James realmente funciona en la política? La historia demuestra que algunos dirigentes han cambiado de organización y han logrado alcanzar el poder, mientras que otros nunca recuperaron el espacio político que dejaron atrás.


Porque, al igual que en el baloncesto, cambiar de camiseta puede abrir nuevas oportunidades. Pero también puede convertirse en la decisión que marque el inicio del declive.

Y será el tiempo, junto con las decisiones que tomen los principales actores políticos después de las primarias, el que determine si en la política dominicana también existen campeones que, como LeBron James, encuentran el éxito cambiando de equipo, o si la lealtad termina siendo la estrategia más rentable para alcanzar el poder.