Pequeños corazones, grandes desafíos: la deuda pendiente en la atención de las cardiopatías congénitas en RD

ElAvance | 22 julio 2026

Por Lorian Cuevas 

A los siete meses de embarazo, la ilusión de Rosa María Bonilla por conocer a su hija cambió de manera inesperada. Una evaluación médica reveló que la bebé presentaba una cardiopatía congénita cianógena compleja, una condición que afectaba el funcionamiento de su corazón y que requería una cirugía especializada para aumentar sus posibilidades de vida.

Desde ese momento comenzó una carrera contra el tiempo. Lo que debía ser la espera tranquila por el nacimiento de Luna Mariet Enrique Bonilla se convirtió en una búsqueda constante de respuestas, especialistas y recursos para encontrar una solución que, según relata su madre, no estaba disponible en el país.

Luna nació el 13 de marzo de 2026, pero junto con su llegada también inició una nueva etapa de incertidumbre para su familia. Rosa María enfrentó el temor de cualquier madre ante un diagnóstico delicado: saber que la vida de su hija dependía de una intervención médica que requería trasladarla fuera de República Dominicana.

“Ha sido un proceso muy difícil, porque la vida de mi hija depende de una operación que no se podía realizar aquí en República Dominicana”, expresó Rosa María al recordar los meses de angustia que siguieron al diagnóstico.

Con la esperanza de encontrar una alternativa, la madre recorrió distintos centros médicos del país en busca de una respuesta para Luna. Sin embargo, asegura que en ninguno encontró la posibilidad de realizar la cirugía que su hija necesitaba.

La operación, que debía efectuarse en Argentina, tenía un costo aproximado de 45 mil dólares, una cifra que superaba las posibilidades económicas de la familia. Ante la urgencia de salvar la vida de su bebé, Rosa convirtió su desesperación en acción y acudió a las redes sociales y a los medios de comunicación para contar su historia.

“Una madre desesperada toca todas las puertas. Yo solo quería encontrar una oportunidad para que mi hija pudiera vivir”, manifestó.

Su llamado logró movilizar a personas e instituciones. La primera dama de la República, Raquel Arbaje, aportó 20 mil dólares, recursos que permitieron que Luna fuera trasladada a Colombia para recibir una evaluación especializada.

Aunque ese viaje representó una esperanza, la cirugía definitiva tampoco pudo realizarse en ese país. La familia continuó buscando opciones hasta encontrar una oportunidad en Argentina, donde finalmente Luna fue operada.

La historia de Luna alcanzó un nuevo capítulo gracias al apoyo ciudadano, la difusión en redes sociales y el reportaje realizado por El Avance, que permitió visibilizar la situación de la bebé y contribuir a la búsqueda de ayuda. Actualmente, la pequeña se encuentra en recuperación tras la intervención.

Para Rosa María, la operación de su hija representa una segunda oportunidad de vida, pero también evidencia una realidad que enfrentan otras familias dominicanas que reciben diagnósticos similares y deben iniciar una lucha contra el tiempo para conseguir atención especializada.

“Yo tuve la bendición de encontrar personas que ayudaron a mi hija, pero hay madres que no tienen esa oportunidad y eso es muy doloroso”, expresó, al recordar que detrás de cada diagnóstico hay una familia enfrentando miedo, incertidumbre y la necesidad de encontrar una respuesta.

Cardiopatías congénitas: una condición que desafía la capacidad de respuesta del sistema de salud dominicano 

En República Dominicana, las cardiopatías congénitas representan un desafío para la atención pediátrica, debido a que cientos de niños nacen cada año con alteraciones en la estructura o funcionamiento del corazón. El Servicio Nacional de Salud (SNS) estima que esta condición afecta aproximadamente a uno de cada 100 nacidos vivos. 

La gravedad de los casos varía ya que algunos pacientes pueden necesitar seguimiento médico, mientras otros requieren cirugías complejas durante los primeros meses de vida.

Entre las cardiopatías más frecuentes se encuentran los defectos del tabique ventricular, conocidos como “agujeros en el corazón”, y la tetralogía de Fallot, una condición que altera la oxigenación de la sangre y puede comprometer la vida del recién nacido si no recibe tratamiento oportuno.

Los casos más complejos, especialmente aquellos clasificados como cardiopatías cianógenas, pueden requerir procedimientos quirúrgicos especializados que no siempre están disponibles en todos los sistemas sanitarios. Para estas familias, el diagnóstico suele marcar el inicio de una búsqueda contra el tiempo para acceder a atención médica.

En el país existen centros que brindan servicios de diagnóstico y tratamiento cardiovascular pediátrico. El Centro de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT) cuenta con atención especializada para pacientes pediátricos y adultos con enfermedades cardiovasculares.

Asimismo, hospitales como el Pediátrico Dr. Hugo Mendoza y el Infantil Dr. Robert Reid Cabral ofrecen consultas, estudios diagnósticos y seguimiento a niños con enfermedades cardíacas. Estas instituciones atienden una parte de la demanda nacional de pacientes con cardiopatías.

La Ciudad Sanitaria Dr. Luis E. Aybar también ha participado en programas de cooperación internacional que permiten trasladar a niños dominicanos a centros extranjeros para recibir procedimientos cardiovasculares cuando requieren intervenciones de alta complejidad.

El desafío del sistema de salud no solo está en diagnosticar a tiempo estas condiciones, sino en ampliar la capacidad nacional para atender los casos más complejos, de manera que el acceso a una cirugía no dependa exclusivamente de la capacidad económica o de la posibilidad de movilizar ayuda externa.

Luna Mariet sobrevivió, pero el acceso sigue siendo el mayor desafío

La historia de Luna Mariet tuvo un desenlace distinto al de muchas familias que enfrentan un diagnóstico de cardiopatía congénita compleja. La bebé logró viajar a Argentina, donde recibió la cirugía que necesitaba y hoy avanza en su proceso de recuperación.

Sin embargo, detrás de esta historia de esperanza permanece una realidad que enfrentan otros padres dominicanos. Las dificultades para acceder a diagnósticos oportunos, atención especializada y procedimientos de alta complejidad dentro del país. Sin cirugía, la mortalidad supera el 80%. En el país, cerca del 3% de estos bebés fallece en su primer mes de vida debido a diagnósticos tardíos.

Aunque el sistema de salud dominicano ha registrado avances en programas de diagnóstico prenatal y tamizaje neonatal, todavía existen familias que deben recurrir a campañas de apoyo y buscar tratamientos fuera del país para conseguir una oportunidad de vida para sus hijos.

El caso de Luna Mariet refleja la urgencia de continuar fortaleciendo la atención cardiovascular pediátrica en República Dominicana, para que el acceso a una cirugía que puede salvar una vida no dependa de la capacidad económica de una familia ni de la solidaridad de terceros.