El Mundial de las Excusas

ElAvance | 20 julio 2026

Gabriel López.
Publicista y profesor.

En el marco culminatorio del Mundial de Fútbol de la FIFA de este año, luego de ver cómo durante un mes completo, nuestro país beisbolero por naturaleza, se une al frenesí del globo para ver cuál país se levanta como la potencia mundial del balompié. República Dominicana, ha adoptado como mainstream la práctica, el disfrute, la conversación y el fandom del deporte rey; algo que no hubiese imaginado 10 años atrás.

Las pasiones se han elevado al punto de tomar lados, bandos y facciones apoyando a X o Y país, enarbolando los nombres y números de los gladiadores modernos que representan no solo a un país, sino a una idiosincracia, filosofía y estilo de vida.

Esto se ha visto claro durante la última década, donde los nombres Lionel Messi y Cristiano Ronaldo son la representación de una cultura y un reflejo de la humanidad: la genialidad y talento divinos atado a una humildad rara vs. el trabajo duro desde cero, la disciplina obsesiva y la confianza (que raya en la arrogancia) que da el resultado de la entrega al proceso. Como en todo torneo, existen ganadores y perdedores. Y la derrota siempre es difícil de asimilar. A nadie le gusta perder. sto ha denotado una tendencia que personalmente, me asombra: cuando Messi gana, se debe a las ayudas, a la FIFA cubriendo errores, dádivas del VAR, y otras conspiraciones. Cuando Messi pierde, es porque está viejo, porque nunca fue el GOAT, porque el favorito de cada persona “fue mejor”. Es espectacular ver la gimnasia mental de muchas personas, que no terminan de reconocer que prefieren celebrar que Messi haya perdido, a que su selección predilecta o jugador favoito haya ganado.

Este es un reflejo de cómo reaccionamos ante el éxito y notoriedad del otro; e incluso de su entorno. El odio hacia Messi no proviene de un odio a su persona; sino más bien un odio a sus compatriotas, considerados “los europeos de América”, arrogantes, pretotentes y demás.

Es una excusa barata. Igual que todas las excusas que nos ponemos cuando vemos el éxito ajeno, cuando vemos que nuestros esfuerzos e intenciones no dan los resultados que queremos. Lo vemos cuando al prójimo le va mejor que a nosotros. Este Mundial ha dejado clara y evidente la enorme capacidad humana de sentir envidia y resentimiento ante la grandeza ajena, al punto de desear que dicha grandeza no siga creciendo ni expandiéndose, eclipsando nuestra humanidad simple y mediocre. Cuando el otro triunfa, le colocamos “Infantinos” personales a cada quien: patrocinadores, sugar daddies, políticos, herencias, papi y mami; y nos cuesta entender que muchas veces, sea Dios o la suerte, abre puertas que por más que toquemos, nunca podremos abrir.

Con razón tantos de nosotros se identifican con ídolos y referentes que se parezcan a ellos, que comaprtan sus orígenes y mentalidad; todo esto les hace creer que ellos también son capaces de lograrlo. Es difícil conectar con los talentosos y virtuosos naturales. Están en esferas de pensamiento y acción que no podemos imitar y esto nos hace sentir rechazados, inferiores e incapaces de ver la vida con una perspectiva de agradecimiento de lo que si podemos llegar a tener.

El ser humano necesita justificar en el odio a las bendiciones, buena suerte y oportunidades del otro, su propia miseria, incapacidad y temor al fracaso. ¡Qué vacíos realmente estamos, que buscamos sentirnos mejor con la caída del otro!

Esto no se trata del Mundial, ni de Messi. Puedo asegurar la inmadurez y total necedad de todo aquel que permite que un resultado deportivo afecte su vida. Pero la cultura es un reflejo de nuestro ser. Se trata de nuestros corazones. Se trata de nuestra visión de la vida. Se trata de perseguir la virtud y abandonar la envidia y el resentimiento.

Felicidades a España. Jugaron un Mundial espectacular de principio a fin. Lo de Argentina es un mlagro. No debieron de pasar de cuartos de final. Pero así es el fútbol, y así es la vida.